martes, 23 de agosto de 2011

DIA DEL EJERCITO SALVADOREÑO









La Legión de la Libertad del Estado de El Salvador, nombre con el que fue creado el Ejército, hoy Fuerza Armada, en la primera Constitución de la República; fue fundada el 07 de mayo de 1824, a iniciativa del Prócer General Manuel José Arce. El Congreso Constituyente de la época, reconoce a éste como su ilustre fundador.






El ejército es creado, con toda justicia, con elementos valiosos que participaron en los combates del Espinal, Concepción Ramírez, barrio del Calvario y Santa Lucía, Chinameca, Guazapa, San José del Guayabal y Ayutuxtepeque- Mejicanos, inmortales acciones de armas en que jefes, oficiales, soldados y civiles salvadoreños, supieron acreditar ante la historia que "la milicia no es más que una religión de hombres de honor"[1]. Además, porque desde su fundación está constituida con el arrojo, el heroísmo y el sacrificio de aquellos extraordinarios soldados. Héroes, que en el desarrollo de la guerra borraron para siempre los intereses mezquinos de un Imperio edificado sobre falsos cimientos, asegurando con su sangre, a México y Centro América, su forma de gobierno republicano, democrático y representativo.






Desde la primera Constitución del Estado de El Salvador, los constituyentes visualizan, el 12 de junio de 1824, las cualidades con que deben estar investidos quienes van a defender la patria; en el Art. 9.- reza: “Sí la República y el Estado protegen con leyes sabias y justas la libertad, la propiedad y la igualdad de todos los Salvadoreños, éstos deben;... 4º. Servir y sostener la Patria, aún a costa de sus bienes y de su vida, si fuere necesario”.






De igual forma, en esta constitución se usa por primera vez análogamente el término de Fuerza Armada y milicia; Art. 29.- Son atribuciones propias del Congreso;... 5º. Dar las ordenanzas correspondientes a la milicia cívica y disciplinada. 6º. Determinar la fuerza de línea que el Estado necesite con acuerdo del Congreso Federal. 7º. Levantar la Fuerza Armada en tiempo de guerra correspondiente al cupo que el Congreso Federal designe”.






En el devenir de los años la Institución fue cambiando constantemente, adaptando su estructura a los diversos eventos históricos; la creación de las Provincias Unidas de Centro América y las cruentas luchas intestinas del istmo, tales como las guerras federales y centroamericanas. Durante esta época y ante la ausencia de militares de carrera, se produjo la incorporación de oficiales extranjeros: los franceses Raoul, Saget, Pierzon y Jonuma; de Colombia, llegaron Rafael y Guillermo Merino, militares que contribuyeron a organizar de mejor forma nuestra fuerza de defensa.






Una vez finalizada la Federación Centroamericana, el gobierno de la República de El Salvador, decreta el 6 de febrero de 1841, la reorganización del ejército salvadoreño, de acuerdo con la Recopilación de Leyes del Dr. Isidro Menéndez, Título I, Ley I, Pág. 285:
1.- Brigada de Artillería: Compuesta por un Capitán Comandante, 2 Tenientes Milicianos, 4 Subtenientes, 1 Sargento Primero Veterano, 6 Sargentos Segundos Milicianos, 8 Cabos Primeros Milicianos, 8 Cabos Segundos Milicianos, 37 Soldados Milicianos.






2.- Batallón de Infantería: Compuesto de 400 efectivos, divididos en dos Compañías, con sus correspondientes Jefes, oficiales y Clases.






3.- Escuadrón de Caballería: compuesto por 100 plazas de tropa, divididos en dos Compañías, con sus correspondientes Jefes, Oficiales y Clases, Sargentos y Cabos.






Debe advertirse que en esta época, la organización militar se constituía solo en tiempos de crisis, de forma temporal, para evitar una carga al erario nacional de manera permanente, por lo cual, concluido el conflicto los milicianos regresaban a sus labores agrícolas y domésticas.






La participación del ejército salvadoreño en la Campaña contra el filibustero William Walker (1856-1857), en Nicaragua, es una muestra de la movilización de tropas para enfrentar una guerra. Este acontecimiento amenazó y puso en peligro la soberanía e independencia de Centro América; de manera que los países centroamericanos se unieron para luchar y eliminar tan grande amenaza, destacándose como Comandante en Jefe de los ejércitos el General Don Ramón Belloso.






Años después, durante la administración presidencial del General Miguel Santín del Castillo, el Congreso de la República emitió el decreto sin número, del 18 de febrero de 1858, por medio del cual se creó el Ministerio de Hacienda y Guerra, que asumió, dentro del Ejecutivo, la responsabilidad de administrar la institución armada.






Otro cambio importante lo constituye el realizado durante el gobierno del Capitán General Gerardo Barrios, quien transforma la institución, de un ejército empírico a un ejército profesional. Varios gobernantes también tuvieron el propósito de mejorar la preparación del ejército, pero fue el presidente Capitán General Gerardo Barrios, quien hizo venir a nuestro país una Misión Militar de instructores procedentes de Francia para modernizar el Ejército. La misión también incluyó instructores para la educación superior de la juventud civil salvadoreña.






En 1872, de nuevo se hacen reformas a la Constitución, y se introducen modificaciones como: conferir al Presidente de la República, la condición de Comandante General del Ejército, de acuerdo al Art. 89, sección 5ª. Además, se utilizan en forma análoga los títulos de Ejército Nacional y Fuerza Armada, para referirse a la Institución Militar. Por otra parte, se estableció que el Ejército de la República de El Salvador se componía de la milicia y la marina. El número de sus efectivos sería de 6 mil hombres, y el pie de fuerza permanente en tiempo de paz, se fijaría anualmente por la legislatura (Art. 122).






Un cambio trascendental se va a dar durante la Administración Presidencial del General Tomás Regalado, quien hace venir a nuestro país a finales del Siglo XIX e inicios del Siglo XX, diversas misiones militares de Francia, España, Colombia y Chile, “quienes vienen como instructores militares, asesores de los oficiales salvadoreños en la reorganización del ejército, y por supuesto para editar manuales de armas y tácticas militares. Dentro de estas misiones militares destaca la Chile, que esta constituida por cinco excelentes oficiales, quienes se pueden considerar, con toda legitimidad, como los organizadores y forjadores de la Fuerza Armada del siglo XX, ellos fueron”:






Capitán Juan Pablo Bennett Argandoña (Artillería)
Teniente Francisco Lagreze Frick (Artillería)
Teniente Julio Salinas Alarcón (Infantería)
Teniente Armando Llanos Calderón (Caballería)
Teniente Carlos Ibáñez del Campo (Caballería)






La institución militar, para el año 1904 se componía de cuatro Armas: Infantería, Caballería, Artillería, Ingenieros y Tropas Auxiliares, dividido a su vez en tres categorías: Ejército Activo, Ejército Disponible y Ejército de Reserva. Su organización se basada en Compañías, Batallones, Regimientos, Brigadas, Divisiones y Ejército. El mando supremo del Ejército conforme a la Constitución de ese tiempo, residía en el Presidente de la República.






En el año de 1906, sucede la primera guerra de El Salvador en el siglo XX, entre El Salvador y Guatemala, en donde fallece heroicamente al frente de sus tropas el osado General Tomás Regalado, jefe del ejército, el día 11 de julio de ese año.
Un año después en 1907 se produce la Guerra entre El Salvador y Honduras contra Nicaragua.






El interés de los gobernantes de profesionalizar a sus ejércitos no tiene pausas; durante el gobierno del Doctor Manuel Enrique Araujo, y a iniciativa del General José María Peralta Lagos, se contrata de nuevo una misión española; la cual va crear la Guardia Nacional, con organización y funciones similares a la Guardia Civil Española; otra tarea será organizar el Estado Mayor Central del Ejército.






Los cambios en la institución no se detienen y el 23 de diciembre de 1919 por Orden General del Ministerio de Guerra y Marina, No. 20, se organizó el Departamento General de Guerra, en sustitución del Estado Mayor Central del Ejército; de la misma forma, en años sucesivos, a continuación, este Organismo cambió de nombre de acuerdo a las exigencias orgánicas de la Institución Armada en cada época específica.






Del caudillismo del General Tomás Regalado, pasamos al gobierno del General Maximiliano Hernández Martínez, quien realiza una reorganización muy profunda en la institución armada, entre los años 1932-1944
Al promulgarse la nueva Constitución del 20 de enero de 1939, se designó oficialmente el título de EJÉRCITO NACIONAL para la Institución Armada. Este calificativo se mantuvo hasta que el 29 de noviembre de 1945, cuando fue emitida otra Carta Magna, y se denominó al Ejército Nacional como FUERZA ARMADA, lo cual se mantuvo vigente hasta Febrero de 1951.






Al arribar a los años cincuenta, la Institución Armada continuó desarrollándose, poniendo en práctica la nueva doctrina en el entrenamiento de las tropas; las misiones militares norteamericanas eran las que ejercían preponderancia en la asesoría militar requerida.






Los gobernantes de la época, unos más y otros menos, siempre apoyaron a la Fuerza Armada en su proceso de desarrollo. Uno de los gobernantes militares que dio mayor impulso a la tecnificación de la Fuerza Armada fue el Teniente Coronel Oscar Osorio, quien en 1950 contrató una nueva misión militar de Chile con la misión de fundar la Escuela de Guerra, actual Escuela de Comando y Estado Mayor “Doctor Manuel Enrique Araujo”, que ha cumplido con la prioritaria labor de formar los Oficiales de Estado Mayor y los Profesores Militares que todo ejrcito moderno requiere para su cometido constitucional.






Esta misión militar se retiro del país, a fin del año 1957. Asimismo impulsó el desarrollo del arma de artillería, adquiriendo en 1953 el primer material norteamericano de obuses de 105 mm.






El 14 de julio de 1969, fecha memorable en las páginas gloriosas del ejército salvadoreño, da inicio la Guerra de Legítima Defensa contra Honduras. El presidente de la república General Fidel Sánchez Hernández, se vio impelido a esta reinvicación nacional, ante los innumerables atropellos que sufrían nuestros compatriotas en el vecino país, por el simple motivo de ser salvadoreños.






Al segundo día de hostilidades, El Salvador había conquistado 1.600 kilómetros cuadrados de territorio hondureño, incluyendo 12 poblaciones fronterizas.
En menos de cien horas las tropas del ejército salvadoreño habían penetrado más de 20 kilómetros en el Teatro de Operaciones Norte, con dirección a Nueva Ocotepeque, y 20 kilómetros al Este, hacia Choluteca, asegurando el control del territorio fronterizo hondureño, infligiendo un ejemplar castigo a quienes habían promovido y tolerado el genocidio.






Un sentimiento de solidaridad cundió entre los salvadoreños, considerandola justa causa que se defendía. En julio de 1969, centenares de jóvenes, de todas las clases sociales, se presentaron voluntariamente a los cuarteles para ser enlistados y enviados a los frentes de batalla.






La Fuerza Armada enfrentó la crisis militar con más o menos 12,000 efectivos. Debe consignarse que los Batallones de Reservistas, fueron desmovilizados después del 30 de julio de 1969, una vez cumplida su misión en defensa de nuestros compatriotas.






Otro acontecimiento que marco el final del siglo XX, fue la guerra de contra-subversión, en el marco de la Guerra Fría, fenómeno geopolítico al que nuestro país no pudo estar al margen.
Los conflictos sean internos o externos, como hemos podido observar, no son un hecho casual; son producto combinado de factores económicos, políticos y sociales, propicios para la explotación demagógica y propagandística de grupos enemigos del sistema democrático.






Estos elementos utilizaron diferentes banderas y diversas concepciones ideológicas con el fin último de alcanzar el poder político por medios violentos.
Durante la campaña militar conducida entre los años 1980-1992, la Fuerza Armada, para darle cumplimiento al mandato constitucional de mantener la seguridad interna y apoyar el proceso democrático, efectuó cambios dentro de su estructura organizacional; en el ejército, de tres (3) Brigadas de Infantería que existían para el año 1979, al final de 1985 se habían incrementado a seis (6). De igual forma los Destacamentos de Frontera, se convirtieron en Destacamentos Militares, los cuales se establecieron en las cabeceras departamentales. Asimismo se crearon los Batallones de Infantería de Reacción Inmediata (BIRI), que fueron desplegados en todo el territorio nacional, logrando una mayor capacidad de maniobra y poder de fuego.






Para el año 1985, la Fuerza Armada, incremento aun más sus efectivos. Este crecimiento permitió contrarrestar el movimiento insurgente, que había fortalecido sus filas y, de manera ininterrumpida, recibía apoyo internacional político, económico y de carácter bélico.
Con la firma de los Acuerdos de Paz, efectuada en el Castillo de Chapultepec, México D.F., el 16 de enero de 1992, la Institución Armada debió adecuar su estructura orgánica para tiempos de paz. Su reducción incluyó: organización, unidades, personal, material, equipo, instalaciones, estructuras administrativas y de servicio.






En este proceso, se suprimieron los Batallones de Infantería de Reacción Inmediata, de la siguiente manera: BIRI “Atlacatl” el 8 de diciembre de 1992; BIRI “Gral. Manuel José Arce” el 6 de febrero de 1993; BIRI “Gral. Ramón Belloso” el 16 de septiembre de 1992; BIRI “Atonal” el 6 de enero de 1993; y BIRI “Gral. Eusebio Bracamonte” el 15 de agosto de 1992; posteriormente se desmoviliza los Batallones de Infantería Antiterrorista, BIAT.






El Destacamento Militar de Ingenieros, (DMIFA), se convirtió en Comando de Ingenieros de la Fuerza Armada (CIFA), con el objetivo de efectuar trabajos generales de ingeniería de construcción y de combate en todas las especialidades para apoyar a la institución castrense y colaborar en obras de beneficio público.
El Centro de Instrucción de Transmisiones de la Fuerza Armada (CITFA), se reestructuró a partir del 31 de mayo de 1993, para convertirse en el Comando de Apoyo de Transmisiones de la Fuerza Armada (CATFA), a fin de proporcionar el apoyo de telecomunicaciones requerido por todas las unidades operativas y tácticas.






Una vez finalizado con este proceso, el ejército continuo con su rol constitucional de ser garante de la soberanía e integridad territorial, así como coadyuvar en el desarrollo nacional y apoyar a población en caso de emergencia nacional.
Sin embargo, un nuevo fenómeno surgió en el escenario internacional, con motivo de los atentados contra las torres gemelas en Nueva York, EE.UU. el 11 de septiembre de 2001, el cual pone en evidencia la debilidad de los Estados para combatir el terrorismo.






El Salvador, como integrante del sistema de las Naciones Unidas, tuvo que responder al contenido de la Resolución 1373[2] de dicho organismo, en donde se exhorta a todos los Estados a reprimir el terrorismo en todas sus manifestaciones; siendo así, un nuevo cambio se vislumbraba, es decir, la posibilidad de participar en operaciones fuera de las fronteras patrias, en apoyo a otros países que buscan salir adelante después de enfrentar el flagelo del terrorismo internacional.






Fue así como la Asamblea Legislativa desarrolló y amplió lo establecido en el Art. 2 de la Constitución de la República, promulgando a partir de Agosto de 2002, y en el artículo 2 de la Ley de Defensa, donde se enuncian los objetivos, entre los cuales, el Nº 3 dice que la Fuerza Armada deberá: “Contribuir al mantenimiento de la paz y seguridad internacional”.






Congruente con los propósitos antes mencionados, El Salvador decide participar como parte de una Fuerza Multinacional, y el 12 de agosto de 2003, enviando el primer contingente de tropas a Iraq, en apoyo a la reconstrucción de dicho país.
Durante 5 años y medio, tiempo en el cual 3,755 elementos de la Fuerza Armada formaron parte del Batallón Cuscatlán, realizando 353 proyectos de reconstrucción en áreas como salud, educación, potabilización de agua, electricidad, vías de comunicación, higiene sanitaria y agricultura; desarrollaron 191 acciones cívicas, consistentes en donación de víveres, ropa, sillas de ruedas y útiles escolares, beneficiando un aproximado de 7 millones de iraquíes. Este Batallón, estuvo conformado en su mayoría por tropas del ejército, quienes cumplieron su misión con éxito, donde quedó plasmado el profesionalismo del soldado salvadoreño, capacitado e instruido para cumplir cualquier tipo de misión que le sea encomendada.






Como resultado de la exitosa misión cumplida en Iraq, las Naciones Unidas tomo a bien considerar a la Fuerza Armada de El Salvador para que formara parte de la Misión de Fuerzas Interinas de las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL), la cual constituye la primera participación de la Institución Castrense como “Cascos Azules”, enviando para tal fin a 52 miembros, provenientes del ejército, los cuales tienen como misión; realizar labores de vigilancia del alto al fuego, apoyo a las fuerzas armadas libanesas (FAL) en su despliegue al Sur de Líbano, coordinación, asistencia humanitaria y apoyo para el regreso de desplazados. Tarea que se cumple con éxito hasta la fecha.






En nuestro país, el ejército ejecuta tres disposiciones emanadas por el Sr. Presidente de la República y Comandante General de la Fuerza Armada, siendo éstas; apoyar a la Policía Nacional Civil en la lucha contra la delincuencia, para mantener la paz social y la seguridad ciudadana, controlar eficazmente el orden en los centros penitenciarios, y la lucha frontal contra el crimen organizado y el tráfico ilícito en los puntos fronterizos. Todo ello según el Decreto Ejecutivo No. 70, de fecha 30 de octubre de 2009.






La institución militar, también está apoyando a la población civil, coadyuvando con las diferentes instituciones de gobierno, en campañas médicas, de mitigación de riesgos, evacuación y rescate de víctimas de desastres y calamidades públicas.
Son más de 187 años de existencia institucional del Ejército Salvadoreño, que ha realizado una destacada labor a lo largo de toda su existencia, cumpliendo con la misión constitucional de salvaguardar la soberanía nacional, defender el territorio y proteger los sagrados intereses del pueblo salvadoreño.






Por lo tanto, es un imperativo de justicia, que en las efemérides patrias se señale una ocasión de especial dimensión, para rendir tributo de admiración, de afecto y respeto a quienes, como miembros del Ejército, de ayer, de hoy y de siempre han dedicado sus vidas al servicio de la Patria y de sus conciudadanos.
Como digno reconocimiento a su ardua labor, el Ejército Nacional, “RAMA PERMANENTE DE LA FUERZA ARMADA”, que constituye un gran escalón de encuadramiento, preparación y empleo,…según el Titulo IV, Capitulo I, Art.42. de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada de fecha 9 DE JULIO DE 1998, se declara solemnemente esta fecha como el “DIA DEL EJERCITO”.

“LOOR A LOS HEROES QUE NOS LEGARON UNA INSTITUCION PROFESIONAL, APOLITICA Y NO DELIBERANTE, AL SERVICIO DE LA NACIÓN”


Bibliografía:
1- Publicado en “La Gaceta de El Salvador”, No. 87, Tomo VI, 27 de febrero de 1858.
2- Leistenschneider, María y Freddy. GOBERNANTES DE EL SALVADOR.
3- Pág. 109. HISTORIA DE El Salvador. T. II Francisco J. Monterrey Pág. 241.
4- Diario Oficial del 3 de agosto de 1904.
5- Bustamante Maceo, Gregorio. HISTORIA MILITAR DE EL SALVADOR. 2ª. Edición. Imprenta Nacional. El Salvador. 1951. Pág. 99.
6- Entrevista con Sr. Gral. Div. Humberto Corado Figueroa.
7- El Arma de Infantería, y su impacto en las Operaciones. Cnel. Inf.DEM Winston Samayoa Leiva.
[1] Orígenes de La Fuerza Armada, por Jorge Lardé y Larín.
[2] Revista: “DIÁLOGO”. Vol. 13. No. 3. 2003. Pág. 4-5.

domingo, 16 de enero de 2011

GENERAL MANUEL JOSÉ ARCE





GENERAL MANUEL JOSÉ ARCE, VIDA Y MUERTE.

Prócer de la Independencia Centroamericana
Primer Presidente Federal de Centroamerica
Fundador de "La Legion de la Libertad del Estado de El Salvador".

















Batalla de Arrazola, Fuerzas Federales Gral. Arce contra Tropas de El Salvador






Manuel José Arce nace en San Salvador en el año de 1786 y muere un 14 de diciembre de 1847. Siendo sus padres don Bernardo José Arce y doña Antonia Fagoaga. Esta era una de las familias más predominantes de la época. Siendo además unas de las mas interesadas familias por la libertad absoluta y la causa de la Independencia. La influencia de las nuevas ideas se hizo presente en la Provincia salvadoreña, Arce siempre busca adquirir una mayor preponderancia.


Don Manuel José Arce, desde muy joven siempre cultivo las buenas costumbres de la época. Su educación la obtuvo en Guatemala, gracias a una beca otorgada por FernandoVII. Pero también en su carácter llevaba la firmeza y la audacia del siglo en que vivía.



Arce fue sin lugar a dudas uno de los principales conspiradores del Primer Grito de Independencia de 1811, que depusieron al intendente de San Salvador, Gutiérrez de Ulloa.
Esta primera voz de libertad hubiera sido un éxito como dice Gavidia; “si el pueblo, si el mismo pueblo que se trataba de libertar, no hubiera sido el más insensato enemigo de sus propios libertadores.



Ya se puede concebir qué flamante República iban á fundar nuestros ilustres padres en un pueblo que recibe con aclamación á don José de Aycinena y al padre Vidaurre que vienen a condenar la libertad y a aherrojar (someter) a los libertadores”.
Los sublevados fueron; Manuel José Arce, Nicolás Aguilar, Manuel Aguilar, Vicente Aguilar, Juan Manuel Rodríguez y el doctor Celis.



Arce es declarado autor del hecho y líder de los sediciosos, ante estas acusaciones, éste guarda silencio de noble entereza, a pesar de las amenazas y ofrecimientos de libertad. Arce es condenado a prisión y sale un año despúes de los hechos. Sus ideales libertarios no se han ido y de nuevo se une al levantamiento de 1814, el cual lo llevó de nuevo a la cárcel.



Pasaron seis años, para luego incorporarse al movimiento de 1821, en donde Arce corona su ideal al firmarse el Acta del 15 de Septiembre de 1821. La cárcel ya era para este patriota algo cotidiano, una vez realizadas las elecciones para la elección de la Junta Provincial, produjo un choque entre liberales y conservadores de San Salvador, por lo que de nuevo Arce es enviado a prisión, de orden del doctor Barrierre, quien por miedo a los sucesos determina que no hubieran ni elecciones y ni Junta Provincial.



El doctor José Matías Delgado, es nombrado pacificador ante los acontecimientos y dispone poner en libertad a Manuel José Arce, quien de inmediato pasa a formar parte de la Junta Provincial.



Arce, va a ser desde su mismo nacimiento la luz de la libertad de los pueblos centroamericanos. Y es que una vez lograda la independencia de Centroamérica del Imperio español, las sombras malignas de los imperialistas no se han dado por vencido. Agustín Iturbide emperador de México, anexa a las Provincias de Centroamérica como parte de su imperio, con el beneplácito de algunas provincias, San Salvador iba ser la rebelde que se opondría ante tal atropello.
En el año de 1822, va a hacer trascendental para la historia patria, cuando Guatemala invade a El Salvador, ya que es la primera derrota de los invasores en el campo del Espinal, donde el patriota Arce derrota completamente las fuerzas de Abos Padilla.

En la historia de la humanidad no siempre el final de los grandes hombres es pacífico, quienes con su luz han señalado los destinos de los pueblos. A pesar que la ingratitud humana es inmensa, generalmente al final reflexiona y los acompaña en la hora de la última prueba.
Los Centroamericanos lamentablemente a partir de nuestra independencia de 1821 a la fecha, hemos presenciado la muerte de innumerables hijos meritísimos e excelsos representantes, a quienes condenamos al olvido y a la reprochable indiferencia, por el solo hecho de haber sido diferentes. Uno de ellos, el ilustre General Don Manuel José Arce, quien muere rodeado de unos pocos amigos, especialmente de la familia Paredes, ignorado de su pueblo y amargado bajo el peso de la miseria, quien sirvió a la Patria por más de treinta años y sacrifico en aras de su libertad el patrimonio, que con tanto sacrifico había forjado.

El 14 de diciembre de 1847, "a las tres de la tarde - dice la Necrología publicada en la "Gaceta"-, murió en esta capital el señor D. Manuel José Arce, uno de los salvadoreños más notables en la historia de nuestra Independencia y de los primeros días de nuestra libertad".
"Sus funerales -agrega- se celebraron en la iglesia de San Francisco con la solemnidad posible, y fue sepultado su cadáver en la de La Merced. Una numerosa y lucida concurrencia acompañó el féretro.
Concurrió el señor Presidente Dr. Eugenio Aguilar, sus ministros y demás empleados públicos y se le hicieron los honores militares correspondientes a su grado".

A juicio del historiador nicaragüense Dr. Modesto Barrios en un estudio que publicó en 1903, relata en estos términos el fallecimiento del prócer Arce en casa del general Fermín Paredes:
"Allí – dice -, cerca del puente de La Vega, a orillas del humilde Acelhuate, un tiempo bullicioso y cristalino arroyo, en cuyas aguas la graciosa indígena contemplaba la imagen de su morena y rojiza faz, y hoy, turbia, sucia y silenciosa corriente, álzase una casa, también humilde y solitaria.
La pobreza la había tocado con su descarnada mano; no había para qué buscar en ella visitantes. Sin embargo, dentro de ella estaba quien fue promotor de la Independencia, pacificador de Nicaragua, esforzado defensor de esta plaza de San Salvador contra Arzú y contra Filísola, y primer Presidente de Centro América; quien gozó muchos y muy merecidos honores; y quien tuvo numerosos amigos, y no escasos bienes de fortuna; y obligó a muchas gentes con mercedes y dádivas.

Allí estaba don Manuel José Arce viviendo del cariño y de la generosidad de esas mujeres del mercado, de inextinguible ardor patriótico, y de gratitud que no marchita ni abate el viento de la desgracia. Allí, a las 3 de la tarde del 14 de diciembre de 1847 expiraba abandonado, olvidado de sus demás conciudadanos. Estaban presentes en la hora fatal, el general Fermín Paredes, sus hermanos Angel María, Policarpo, José María y Agustín del mismo apellido, su sobrino Fermín y don Francisco Navas.
Para uno de nuestros próceres, para un grande y generoso con todos, silencio, abandono, olvido. He aquí la suerte de muchos hombres ilustres".

El sepelio de Arce, se da el día siguiente en la tarde del 15 de diciembre de 1847, después de las honras fúnebres que tuvieron efecto en la iglesia de San Francisco, salió el féretro rumbo a la iglesia de Nuestra Señora de la Merced.
Después de haberse hecho los honores militares correspondientes a su alto grado castrense, sus restos fueron inhumados en el ala derecha de la iglesia de La Merced.

Finalmente, y por gestiones de la Fuerza Armada de El Salvador y el Lic. Pedro Escalante Arce, descendiente del Sr. Gral. Manuel José Arce, se exhuman los restos en la iglesia de la Merced y son trasladados a su último sitial de honor al “Monumento Conmemorativo de los Próceres Salvadoreños de la Independencia Centroamericana”, el cual posee una pared de hornacina en donde en el centro de la pared se encuentran 10 nichos funerarios y en el nicho del centro de izquierda a derecha se encuentran sus restos. Dicho monumento se ubica en las instalaciones del cuartel el zapote, hoy Museo Militar, en el Barrio San Jacinto.


Creación de la República Federal de Centroamérica y su Primer Presidente.
La república Federal nace como una necesidad de los pueblos recién independizados, a fin de poseer un mayor poder para defenderse ante las amenazas tanto de los españoles, ingleses y principalmente de los recién autonombrados Capitanes Generales de México y Guatemala.
La provincia de San Salvador, desde los primeros movimientos independentistas de 1811 y 1814, siempre aspiro a una libertad absoluta y eterna de toda opresión, llámese criolla o extranjera. Solo obedecer a los padres de la patria representantes del pueblo en la Asamblea Constituyente.
El General Manuel José Arce fue inequívocamente el hombre que ocupó la primera magistratura de Centroamérica por los méritos propios.

Su corto período como Primer Presidente Federal, estuvo marcado por envidias, traiciones e hipocresías. Al principio de su gestión fue apoyado por Liberales y Conservadores.
Dicho apoyo no duro por mucho tiempo. Las pasiones políticas y los intereses económicos fueron el pan de cada día. Hasta llegar a relevarlo en su cargo y tomar el control un grupo reducido de terratenientes guatemaltecos que veían afectados sus intereses con Arce a la cabeza de la Federación.

Tristemente las 5 parcelas, que aún no salían de su emancipación política, y debido a la desidia e indiferencia de los españoles y peninsulares aún en Centroamérica, habían dejado en quiebra a éstos Estados, sin una infraestructura política y económica que los llevara al desarrollo de los mismos.

Las primeras acciones realizadas por el General Manuel José Arce, como Presidente Federal, fue organizar un ejército para sostener el orden y salvaguardar los derechos de los ciudadanos. Además para fortalecer la institución armada, trajo desde Europa a militares sobresalientes de España, Italia y Francia. A quienes les dio grados militares, para poder ejercer su trabajo.
Entre estos extranjeros estuvo M. Nicolás Raoul, quien llega a Guatemala desde Colombia, procedente de Francia. Raoul fue formado bajo la bandera napoleónica, de quien se dice luchó en la Batalla de Waterloo, como un artillero. Conociendo sus cualidades Arce lo asciende a Coronel y Comandante de Artillería, además de nombrarlo como miembro de la Junta Consultiva de Guerra. Por su parte el Congreso de Guatemala lo nombra también Miembro de la Comisión de Guerra del Congreso para la formación de la Ordenanza Militar.

Una vez iniciado su trabajo, las autoridades guatemaltecas le encomendaron formular la Ley Reglamentaria para las tropas federales. En dicha Ley se dicto el principio que “el Presidente de Centro América no podía disponer de las fuerzas nacionales sin la anuencia de los jefes de dichos Estados” . Este principio llegaría a ser el motivo por el cual el General Manuel José Arce, no tuvo el apoyo de las armas para hacerse respetar en los Estados miembros de la República Federal de Centro América, y tratar de fortalecer la unidad Centroamericana. Raoul, se convirtió en la discordia entre las autoridades federales y la del Jefe de Estado Guatemalteco, don Juan Barrundia. Molesto Arce por la actitud de Raoul, le ordena que marche a la costa del océano Atlántico a fin de realizar un reconocimiento, pero que realmente buscaba era alejarlo de las autoridades Estatales de Guatemala. Una vez en Izabal y de regreso en Guatemala pidió la baja del servicio militar, por lo que Arce ordena al Capitán José María Espinola, capturar a Raoul y enviarlo a prisión en el Fuerte de Omoa, lo cual hizo en Jalapa.

Por su parte el Jefe de Estado Barrundia, ordenó marchar a sus tropas a fin de liberar a Raoul, lo cual lograron en el pueblo de Acasaguastlán. Una vez libre Raoul, se dirigió hacia San Salvador.
Fue tal el disgusto de Arce que hizo prisionero a Barrundia y el Congreso de Guatemala. Motivo por el cual traslada su residencia a otro lugar de Guatemala, en la ciudad de Quezaltenango, bajo la presidencia de don Cirilo Flores.

Desde este momento inician las guerras entre los Estados centroamericanos. La situación de la Federación era inestable, por lo que Arce creyó conveniente cambiar a los Jefes de los Estados de El Salvador y Honduras, don Mariano Prado y don Dionisio Herrera, respectivamente.

El plan consistía en; “Una división organizada en Chiquimula, al mando del Coronel José Justo Milla, la cual se ubicaría en Llanos de Gracias, Honduras, con el objetivo de avanzar en momento oportuno sobre Comayagua, cuya plaza sitiaría; tomada ésta, ya otra división se encontraría en marcha sobre San Salvador, en tanto que la columna de Milla, vencedora en Comayagua, penetraría también al territorio salvadoreño por San Miguel. En Gracias, en Comayagua y por San Miguel, Milla llamaría la atención del Gobierno salvadoreño que, viéndose atacado por el frente y retaguardia, indudablemente capitularía”.

Milla, continúo con el plan de ataque, ocupando los Llanos Gracias, con el fin de cuidar los tabacos del Estado, ya que de la comercialización del mismo se enviaba al gobierno Federal. Por su parte los departamentos de Santa Ana y Ahuachapán se preparaban para la guerra, ya que según Mariano Prado Jefe de Estado de El Salvador, éste era el momento adecuado para atacar en el centro del enemigo. Ya que según las acciones la plaza de Guatemala estaba diezmada, con pocas tropas que la defendieran.

Arce no pensó que los salvadoreños atacarían la capital de Guatemala. Sin embargo, Mariano Prado, en apoyo al Estado guatemalteco pretendía reinstalar el gobierno de éste, el cual había sido disuelto por el General Arce. Las tropas de Prado avanzaron hacia la Plaza de Guatemala.
Las condiciones de Arce eran muy difíciles, sus tropas no eran las suficientes para la defensa de la Plaza. Motivo por el cual se divulgó la información de que las fuerzas salvadoreñas venían con el objeto de profanar los templos católicos y saquearlos, de esa manera los ánimos de los pobladores se volcó en apoyo al General Arce, a quien hicieron su caudillo, y de inmediato se enlistaron en improvisados soldados de la Federación.

El 16 de marzo de 1827, Arce toma de la decisión de ponerse a la cabeza de 800 soldados de la Federación como General en Jefe, por lo que ordenó a su vicepresidente don Mariano Beltranena, se hiciera cargo del Mando de la Federación.
El General Arce al frente de sus soldados, se dirigió hacia la hacienda de Arrazola, a cuatro leguas de la ciudad, al inicio fue necesario decretar la Ley Marcial para que los ciudadanos se presentaran a los cuarteles a prestar el servicio militar, ya que los 800 hombres con los que se contaba no eran suficientes. La ley no fue necesaria, ya que el entusiasmo de los ciudadanos fue tal que logró enlistar a 3,000 voluntarios.

La batalla se realizó el día 23 de marzo de 1827. Esta Batalla era inevitable entre las tropas Federales de Arce contra los salvadoreños. El historiador Alejandro Marure, la describe así, “El día 21, al caer la tarde, los salvadoreños avistaron a Arce en las alturas de Canales; y después de haber hecho varios movimientos falsos para llamarle la atención, mudaron repentinamente de derrotero, y a favor de la oscuridad, se dirigieron por extravíos sobre Guatemala; pero no se ejecutó bien este movimiento, y aún cuando se hubiera verificado, con la celeridad que se requería para una sorpresa, nunca ésta habría tenido efecto, porque en la ciudad era suma la vigilancia y todo estaba preparado para la defensa”.

“Luego que supo Arce la dirección que habían tomado los invasores, levantó su campo de Arrazola y en la misma noche contra marchó con toda su fuerza y fijó su cuartel general en el pueblo de Ciudad Vieja, a media legua de la capital. El 22 amanecieron los salvadoreños sobre las alturas de Pinula: no fue poca su sorpresa cuando vieron al Ejército Federal, acampado delante de ellos y las lomas del Calvario y Buena Vista coronadas de tropas. Ellos se habían encaminado con ardor a Guatemala, en la confianza de que la hallarían indefensa, como se les había asegurado y en el concepto de que la mayor parte de la población se les uniría luego que se aproximasen. Cuando vieron , pues, burladas sus esperanzas, el desaliento y el temor sucedieron al primer entusiasmo: la deserción comenzó a hacerse sentir entre la tropa de una manera muy notable, y aún el mismo General en Jefe, considerando imposible la toma de una plaza defendida por una guarnición dos veces más numerosa que el ejército invasor, sólo pensó en verificar oportunamente su retirada; pero Raoul, Saget y Ordóñez, fueron de distinto modo de pensar, y se empeñaron en pasar adelante, pareciéndoles muy bochornoso el regresar sin haber disparado un solo tiro de fusil; con este intento, avanzaron su línea hasta las inmediaciones de la Villa de Guadalupe, a un cuarto de legua del campo del Presidente; y en el llano que separa dicha Villa de la Garita de Pinula, trabaron una pequeña escaramuza las guerrillas de vanguardia de una y otra tropa, pero fueron rechazados los salvadoreños con alguna pérdida.

Este revés los confirmo en la idea de retirarse, y a las 4 de la tarde del mismo día 22, comenzaron a retroceder en buen orden, por el camino de Arrazola, en cuya hacienda pernoctaron, dejando su retaguardia en el punto ventajoso, conocido con el nombre de La Puerta o Lo de Don Justo.

“Noticioso el Presidente del movimiento retrógrado de los invasores, y temiendo que batiesen en su regreso a la división del Teniente Coronel Sánchez, a quien se suponía en camino para la capital con 500 hombres del departamento de Chiquimula, instruido por otra parte del desacuerdo que reinaba entre Trigueros y los otros jefes salvadoreños, determino sacar provecho de estas circunstancias favorables, y a la madrugada del día 23 de marzo, se dirigió con el Ejército de Operaciones desde el pueblo de Ciudad Vieja hasta el indicado punto de La Puerta”.
“A las 7 de la mañana atacó los puestos avanzados de los salvadoreños, los arrolló y se encaminó denodadamente con la Infantería enemiga, haciendo al mismo tiempo maniobrar a sus escuadrones por un repecho que flanqueaba la posición embestida. Desde que se rompió el fuego, Raoul y Saget corrieron a toda brida al Cuartel General de Arrazola para empeñar a Trigueros a que regresase con el grueso de la fuerza en auxilio de la retaguardia, que estaba comprometida en la acción; pero cuando llegaron a la expresada hacienda, Trigueros se retiraba ya, en el mayor desorden, por el camino de San Salvador. En el lugar llamado vulgarmente Joya del Canchón, le alcanzaron e hicieron los mayores esfuerzos por reparar el desorden con que marchaba la tropa e impedir una completa dispersión; más nada pudieron conseguir, y ellos mismos tuvieron que aumentar el número de los fugitivos. Únicamente el oficial C. José Dolores Castillo logró reunir 50 infantes y contramarchó con ellos para sostener la retaguardia. Esta, a las órdenes del Coronel Ordóñez, oponía una vigorosa resistencia, y a favor de su ventajosa posición, rechazó varias veces los repetidos y fuertes ataques de las tropas federales; más en una de tantas embestidas quedó desmontado uno de los cañones de los salvadoreños, y esa fue la señal de su completa derrota. Los voluntarios guatemaltecos, cuyo arrojo apenas podía contener, hasta entonces, en fuego incesante de la artillería enemiga, aprovechándose de los intervalos que empleaban los salvadoreños en volver a cargar la única pieza que les había quedado, los asaltaron por el frente, mientras que la infantería y la caballería de línea, los cargaban simultáneamente por ambos flancos.
Este triple ataque terminó el obstinado combate que se había sostenido por más de dos horas, y con igual valor de una y otra parte.

Los salvadoreños tuvieron en esta acción más de 60 muertos, mayor número de heridos y algunos prisioneros. La pérdida de parte de Guatemala fue de 38 hombres entre heridos y contusos y 26 muertos”.
El General Arce da persecución a las fuerzas salvadoreñas hasta la hacienda “Los Arcos”, a cinco leguas de Arrazola, ya que sólo contaba con 500 soldados enlistados, quienes estaban bajo su mando, ya que los ciudadanos voluntarios una vez finalizada la acción regresaron a la ciudad. Probablemente Arce pudo haber llegada más lejos, pero estas condiciones no le permitieron continuar.

Esta victoria fue la que le dio mucha gloria al General Arce, además de darle también impulso para desarrollar su plan de campaña sobre El Salvador, y con este objeto permaneció en “Los Arcos” reorganizando su Ejército de Operaciones.

Caída del Presidente de la República Federal de Centroamérica, Gral. Manuel José Arce.

Desde el primer momento que recibe la Presidencia Federal el General Manuel José Arce, se hizo rodear de los conservadores guatemaltecos, con el fin de ganarlos para la causa federal; lo que no visualizó Arce, fue que su adhesión era falsa, encubiertamente manipularon su popularidad y lo empujaron a hacer la guerra a los patriotas liberales, para lograr así sus inconfesables propósitos de destruir la Federación.
El Salvador, siempre alzando la bandera de la libertad y los principios republicanos y liberales, enfrentó la conjura y resistieron los embates del ejército Federal. Para este fin, los ejércitos de Honduras y El Salvador se aliaron y con 2.000 hombres comandados por el general Francisco Morazán, invaden territorio guatemalteco a finales de enero de 1829.
En el marco de estas acciones reivindicadoras, los liberales guatemaltecos rápidamente su unieron a las fuerzas morazánicas; el 5 de febrero se realiza la batalla de San Miguelito y el 6 de marzo la acción armada de Las Charcas, las cuales fueron triunfos inobjetables para el Ejército Aliado Protector de la Ley.

El 7 de abril de 1829 las tropas invasoras sitiaron Guatemala; el asedio se prolongó hasta el 12 de ese mes. Finalmente, el general Morazán ingresó a la ciudad el día 13, tomando prisioneros, entre otros, al general Manuel José Arce, a Mariano de Beltranena, a Antonio de Aycinena y a muchos funcionarios del régimen y principales del Partido Conservador, todos los cuales fueron expulsados de territorio centroamericano.

En estas condiciones, el general Morazán es nombrado por el Congreso como Presidente Federal de Centro América. El 16 de septiembre de 1830, en acto solemne realizado en el Palacio Legislativo, el Presidente provisorio don Francisco Barrundia entregó el poder de la República Federal de Centroamérica al insigne Paladín Gral. Francisco Morazán.

Sin embargo, los conservadores no conformes con su derrota, continúan intrigando, al grado de reunir cierta cantidad de descontentos con los que intentan atacar las fuerzas de la Federación. Así, invaden territorio guatemalteco por los Llanos de Jocoro, zona fronteriza con México, pero las tropas de Morazán los combaten y derrotan completamente.

miércoles, 25 de agosto de 2010

VIDA Y OBRA DEL INSIGNE CAPITÁN GENERAL GERARDO BARRIOS, IMPULSOR DE LA SIEMBRA DEL CAFÉ EN EL SALVADOR.



“La existencia vegetativa no tiene biografía: en la Historia de la sociedad solamente vive aquel que deja rastros indelebles en las cosas y en los espíritus. La vida, pues, vale por el uso digno que de ella hagamos, por las obras trascendentales que realizamos...”
JOSÉ INGENIEROS .



Llenos de auténtico patriotismo y entre crespones negros que rememoran la abominable tragedia, ocurrida hace más de 140 años, en el doloroso y triste 29 de agosto de 1865, los que creemos firme, sincera y conscientemente, en la verdadera y justa superación de nuestra amada Patria, nos damos cita inexcusable con motivo de conmemorar tan doloroso suceso, para rememorar la vida y obra del más conspicuo de los gobernantes de El Salvador, y una de las figuras políticas más ilustres y nobles de Centro América: ¡Señores! ¡No puede tratarse de otro que no sea nuestro gran Capitán General GERARDO BARRIOS!

Vamos pues, por unos cuantos minutos, a estar en el ágora de la dignidad nacional y del patriotismo, que él creó y sigue tutelando inalienablemente, para hablar de ese hombre grandioso que ha tenido Centro América; honra y gloria de El Salvador, en cuya personalidad se conjugó inequívocamente, la esencia de los espíritus más sabios de los griegos, y la bravura y coraje de los grandes generales de la Roma Imperial… materializando magistralmente en Gerardo Barrios, esa dualidad sublime y trascendental de la grandeza material y espiritual, que pocas veces se da entre los hombres, pero, que al lograrlo, hace de ellos ídolos que como tales no mueren jamás.

El 29 de agosto de 1865, constituye para el pueblo consciente y patriota de Centro América en general, y de El Salvador en especial, la afrenta más grotesca llena de cinismo y mezquindad, como cínicos y mezquinos, fueron y seguirán siendo, ante las conciencias limpias de los buenos salvadoreños, aquellos cerebros maquiavélicos que la concibieron y ejecutaron, en cuya vanguardia vergonzosa se ubicaron el Obispo de San Salvador, Tomás Miguel Pineda y Saldaña, y el Atila contemporáneo, Rafael Carrera, Presidente de Guatemala por 30 años. Época oscura y reaccionaria, que tuvo acciones nefastas, como aquella en que, las descargas asesinas de fusilería, que desgarraron el pecho generoso y la noble gallardía del héroe salvadoreño, aún se escuchan en la inmensidad de la noche constituyendo viriles reclamos de la Patria consternada, por la muerte injusta, de su esclarecido hijo.

Aquel binomio infame (Pineda Saldaña, y Carrera), genuinos representantes del Partido Conservador, y reaccionarios por excelencia, rompieron los valores sublimes de la nacionalidad por la que tanto luchó Gerardo Barrios y nuestros próceres, hundiendo a Centro América en el separatismo más odioso que, a la postre, frenó como era natural, el progreso, y la prosperidad de El Salvador, con que siempre soñó el insigne Capitán General, y para lo cual –como lo demuestra abundante y categóricamente su preciosa existencia- no dio descanso jamás a su espíritu inquieto y visionario, irrumpiendo con decisión muy propia y con acierto indiscutible, en cualquier aspecto de la administración pública, que acusara deficiencia y ameritara su atención de hombre de acción y progreso. Barrios, como dice don Alberto Masferrer, “fue un crisol, que irradió progreso, justicia y grandeza en todas direcciones, por ello, los enemigos de la luz y la verdad, tejieron las redes de perfidia que lo conducirían a su muerte gloriosa de mártir y héroe”.

I.- INFANCIA Y JUVENTUD DE BARRIOS.
Gerardo Barrios nació en la campiña salvadoreña, entre flores silvestres, y tiernos cánticos de pajarillos multicolores, que innegablemente, allá en su hacienda “El Espíritu Santo”, fueron el basamento fecundo de su gran sensibilidad humana, por las causas nobles que abrazó con entusiasmo y fervor insólitos. Aire puro y sol vivificante, fortalecieron la tierna materia de aquel niño fuerte y hermoso, que con el tiempo, sería el ariete implacable contra toda injusticia y contra toda forma de opresión.

Fueron sus padres, don José María Barrios y doña Petronila Espinoza; bautizado en Sesori por el Cura Francisco Paniagua, el 24 de octubre del año de su nacimiento: 1813. Nótese que Gerardo Barrios nació y vivió próspero, hasta que llegó a la Presidencia de la República, en que comenzó a empobrecerse; tal hecho se comprueba más, en la siguiente trascripción de una parte del ordinal 5º. de su testamento, escrito pocas horas antes de llevarlo al patíbulo: “Declaro que, cuando vine al servicio de la Presidencia de la República, tenía un capital considerable, adquirido con mi propio trabajo, que lo he perdido cuasienteramente por haberle prestado mi crédito particular al Gobierno…” ¡Uno de tantos bellos ejemplos de Gerardo Barrios, que no han querido imitar aquellos que –a través del tiempo y el espacio, en esta Patria amada- le han sucedido en la primera magistratura de la Nación! Barrios llegó rico a la Presidencia de la República y salió pobre. Muy joven, lleno de actitudes y cualidades especiales que le distinguían, abrazó con vehemencia inescrutable, la causa de la Unión Centroamericana, a cuyo líder indiscutible, Francisco Morazán, acompañó en todas sus heroicas y patrióticas hazañas en la consecución del sublime ideal unionista, hoy, más cercano que antes…

II.- EL HOMBRE ÍNTEGRO Y CIUDADANO INTACHABLE.
Barrios fue grande en todo momento; en el triunfo, supo perdonar a sus enemigos y en la adversidad se mantuvo sereno, impávido y con muestras de una renunciación a toda prueba; jamás pondremos en tela de duda el valor espartano del ídolo mimado de los valientes calvareños de la capital. Cuando estudiamos a fondo y detenidamente, la vida y obra de este adalid glorioso e insigne, nos gozamos en las hermosas piezas literarias escritas por muchos hombres de especial formación cultural y académica, concluyendo satisfechos, que no exageramos ni nos equivocamos, al otorgarle calificativos gloriosos y enaltecedores a este titán de la nacionalidad, del progreso y de la auténtica dignidad del pueblo salvadoreño, y por ende, de Centro América, cuya unidad, fue su eterno sueño.

Sólo un hombre de virtudes y convicciones elevadas, podía expresarse, con tanta propiedad en diferentes ocasiones, y asimismo con tanta hidalguía y nobleza, cada vez que hacía uso de la palabra o al tener que abordar cualquiera de los múltiples problemas que afrontó, con serenidad y amplitud de criterio.

Reiteradamente manifestó, con la honestidad y seriedad que fue sello distintivo de su incomparable personalidad que, si su presencia en el Gobierno de El Salvador, era obstáculo para lograr la cristalización del supremo ideal: la unión de Centroamérica, él, Gerardo Barrios, dejaría su alta investidura gustosamente. Estamos seguros que lo decía con absoluta sinceridad…
Por otra parte, es suficiente el estudio y análisis sereno de los dos testamentos conocidos del glorioso Capitán General Gerardo Barrios, así como de muchos documentos valiosos que existen suscritos por él, para concluir sin dudas ni equívocos de ninguna clase, que su espíritu, su alma y su corazón, fueron una trinidad de pureza y bondad, pero al mismo tiempo, aparejado de energía, legalidad y justicia. Cabe aquí expresar el siguiente pensamiento de Pascal , que identifica la inconfundible personalidad de nuestro inolvidable héroe: “La fuerza sin justicia, es tiránica; la justicia sin fuerza es débil; solo conjugando razonablemente tales valores, lograremos, que la fuerza sea justa y que la justicia sea fuerte”. Barrios tuvo el raro atributo de llevar como divisa, la verdad y la justicia, y como sello inconfundible: el bienestar del pueblo y la grandeza y dignidad de la Patria. No conoció la farsa, el engaño ni la demagogia que en la actualidad prevalece en algunas sociedades.

III.- EL CULTIVO DEL CAFÉ.
Desde la época del Gobierno que presidió el culto sonsonateco don Rafael Campo (1856-1858), se tuvo la visión de introducir al país el cultivo del cafeto; esta planta que requiere cinco años para dar fruto, fue introducida en Centro América por el Estado de Costa Rica en esos años, como un sustituto de las tradicionales siembras de granos de subsistencia, con el fin de modernizar la agricultura, así como de obtener recursos por una posible exportación de aquel grano, que era muy apetecido en los mercados internacionales, ya que producía una exquisita bebida estimulante.

Sin embargo, no fue sino hasta en la administración del Cap. Gral. Gerardo Barrios (1860-1863), que se hizo un esfuerzo muy grande para que la siembra del café fuera masiva. Este énfasis en el cultivo del café, produjo cambios estructurales en la tenencia de la tierra, que sin embargo, capacitaron al país para salir a flote con productos de exportación de gran demanda en el mercado internacional, lo cual se convirtió en fuente de ingresos para la economía nacional.

En un discurso oficial del Cap. Gral. Gerardo Barrios ante el Congreso Nacional, el 29 de enero de 1862, entre otras cosas expresó: “…La agricultura y el comercio se extienden rápidamente siéndome muy satisfactorio informaros que son mayores los valores exportados de frutos del país, que los importados del extranjero para nuestro consumo. El Gobierno deseando impulsar y proteger el cultivo del café y del azúcar ha decretado ciertas franquicias, y dictado medidas para aquel fin. En tal concepto no vacilo en aseguraros que de aquí a dos años producirá El Salvador más café y azúcar, que cualquiera otra comarca de Centro América” .

Barrios procuró durante su gestión administrativa eximir al café de impuestos de exportación, prohibió la importación del producto (de Guatemala) para proteger la cosecha interna y libró de gravámenes la entrada de implementos destinados a la caficultora. Razón tenía Barrios al asegurar en su informe presidencial que los ingresos por café, serían abundantes. Durante el año 1860, año del impulso definitivo a este nuevo grano, había en El Salvador más de diez y medio millones de árboles en producción; arriba de tres millones en plantillas y cerca de siete y medio millones en almacigueras . Aunque el rendimiento total no era óptimo, con el correr de los años, constituiría el principal patrimonio de los salvadoreños.

En particular, después del acceso al poder de Barrios, que tenía una experiencia de primera mano de los cambios económicos y agrícolas que los plantadores de café habían producido en Guatemala, el gobierno estaba impaciente por reformar lo que se estimaba como un sistema arcaico e ineficaz del uso de la tierra, para alcanzar rápidamente la situación que se consideraba mucho mejor, la de ver todo nuestro campo transformado en propiedades agrícolas que produjeran los valiosos frutos del azúcar, café, cacao y añil así como abundancia de cereales.

IV.- EL HIJO DE MARTE.
Surge como Hijo predilecto de Marte, en los fragores del combate, allá en la Hacienda “El Espíritu Santo”, y se alista como Soldado, siendo aún adolescente, en las filas del Ejército de Francisco Morazán, combatiendo fiera y valientemente en Gualcho, Las Charcas, San Miguelito, la Toma de Guatemala, San Pedro Perulapán y otros tantos combates que rememoran sus hazañas viriles de gran Soldado al servicio de la Libertad y la Justicia, que tanto obsesionaron su agitada existencia.
En abril de 1857, participó en la Guerra Centroamérica contra William Walker al frente de las fuerzas aliadas de El Salvador. Tuvo la distinción de ser cuatro veces presidente de El Salvador. En la primera de éstas, realizó la primera organización permanente del Ejército, hizo comprar uniformes y armamento y echó a andar por primera vez, aunque en efímera existencia, la Academia Militar, para lo cual gozó de la colaboración del ex presidente colombiano, Gral. José María Melo. Con su dirección visionaria le dio organización profesional a la carrera de las armas.

El 13 de febrero de 1863, como Gobernante y con motivo de la Batalla de Coatepeque, nuestro héroe inmortal, arengó así a sus aguerridos soldados: “Si yo no estuviera entre vosotros para ir a defender nuestra Patria, me consideraría el hombre más desventurado de la tierra. Habéis tomado las armas para defender los sacrosantos derechos de El Salvador, al que debemos nuestras vidas y toda nuestra sangre. Sois los defensores de la civilización, contra los ataques del salvajismo; sois el baluarte de las libertades públicas y las instituciones que nos legaron nuestros padres. Vais a defender la honra de las familias y de las propiedades de nuestros compatriotas.
¡Compañeros!: Juremos a nuestra Patria, por las cenizas de nuestros padres, que nuestra preciosa República no será presa del vandalismo: que preferimos 100 veces la muerte, que someternos a la ignominia de ver talar nuestros campos e incendiar nuestras poblaciones y quedar, a merced de los bandidos, el honor de las familias. El triunfo será nuestro, porque el Ejército Salvadoreño lleva en su Bandera, inscritos los eternos derechos de la justicia que Dios, hace reinar en el cielo como en la tierra. En esta lucha estaré siempre a vuestro lado, inspirándoos el amor y la gloria a una Bandera tan gloriosa como es la nuestra”.

¡Coatepeque, fue la más famosa de las batallas de nuestro Capitán General, en donde doblegó la vanidad y el orgullo del analfabeto, General Rafael Carrera, al derrotarlo totalmente, motivo por lo que nunca perdonó a Barrios, semejante humillación!.

La arenga citada, que bien podemos aplicarla en estos días a nuestros aguerridos y gloriosos soldados y en especial, a nuestros Caballeros Cadetes de la Escuela Militar, Centro Educativo Castrense que lleva honrosa y meritoriamente su glorioso y legendario nombre, llenó de patriotismo y valor a las tropas de Barrios que, después de dos días de combates contra un Ejército notoriamente superior en número, pero no en calidad, derrotaron a las hordas salvajes del gobernante guatemalteco Rafael Carrera, quién huyó en desbandada dejando en los campos de batalla, muchos muertos, heridos y material de guerra. Barrios con su innegable nobleza e hidalguía, proporcionó dinero a los soldados que cayeron prisioneros para que regresaran a Guatemala.

V.- EN EL TEMPLO DE MINERVA.
Barrios se agiganta en el tiempo y el espacio y como todo ser privilegiado y predestinado, tiene luces propias para iluminar allí donde hay tinieblas; suficiente fortaleza para dar entusiasmo allí donde hay desolación, y, sobrada capacidad espiritual y material, para llevar abundancia y progreso, allí donde hay atraso y miseria. Con visionaria actitud y comprendiendo a cabalidad aquel pensamiento que no nos cansaremos de repetir por su real y patético contenido, hasta lograr que fructifique en cada uno de los salvadoreños y en especial, en el quehacer de los funcionarios públicos del Ramo de Educación a quienes atañe con mayor obligación: “Después del pan, la Educación es la primera necesidad del pueblo”; el Capitán general Gerardo Barrios, consecuente con su ideario, funda las primeras Escuelas Normales para Maestros, que tendrían la delicada y trascendental misión, de educar a nuestros hijos, para que, con el correr del tiempo, fueran hombres y mujeres productivos y buenos ciudadanos, tan necesarios para el engrandecimiento pleno de la República, en aquel entonces como en el presente.

Barrios, el Soldado Maestro –como muchos le han llamado con acierto- tuvo permanente preocupación por la educación del pueblo, emprendiendo así una hermosa y efectiva cruzada por la cultura. Restauró la Universidad y el Colegio Nacional, después de la ruina de 1854; hizo venir una delegación francesa para atender las clases universitarias, asistía a los actos escolares y asimismo, pidió del extranjero muchos libros de instrucción general.

VI.- EN LOS CAMPOS FLORIDOS DE CERES .
El visionario Presidente Capitán General Gerardo Barrios, como en todo, dio especial importancia al renglón agrícola del país, estableciendo nuevos cultivos y mejorando los ya existentes. Nadie, ni sus más crueles enemigos, podrían negar los dotes de vidente y el sentido de futuro y previsión, de aquel hombre que tantos bienes hizo a su pueblo. En Barrios pues, no se agotó la personalidad genial que ostentaba en lo militar y cultural; tuvo además de tantas acciones generosas, de tantos hechos valientes y nobles gestos, la obra previsora en lo que concierne al progreso de la agricultura y a la protección, defensa y conservación de nuestros recursos naturales. Con fe en el futuro, firma un decreto que obliga el cultivo del grano de oro, que habría de traer al país, mucha bonanza y progreso.

Así como los hombres conscientes rendimos homenaje meritísimo al padre tutelar de nuestra dignidad nacional, así igualmente la madre naturaleza, agradecida de aquel esclarecido varón que amó tanto la tierra y la campiña en donde corrieron sus primeros años, le rinde pleitesía año con año en sus cerros y volcanes, vistiéndolos con sus mejores galas: cafetales en flor, que cual altares sutiles de pureza infinita, semejan a la novia adorada, que espera a su amado Capitán General, que desciende a la cita inefable e inolvidable, cada 29 de agosto, del Empíreo , cuna de los inmortales…

VII.- EL JUSTINIANO SALVADOREÑO.
El foro nacional está en deuda con el Capitán General Gerardo Barrios desde hace muchos años. La justicia fue uno de los grandes objetivos de Gerardo Barrios y si analizamos todos los hechos y actos de su extraordinaria existencia, veremos con claridad meridiana que, en cada uno de ellos, está presente ese afán e ideal sublime, sobre el cual no transige y que, a la postre, lo condujo a su caída.

Así como Justiniano, el Emperador noble y bondadoso, amante de las leyes y la justicia en su legendario imperio romano, encomienda a Triboniano y a otros connotados juristas de la antigüedad la recopilación de todas las leyes del imperio que dio origen al Digesto Justiniano, así el héroe de Coatepeque, concibió, planificó y estableció un nuevo orden en el ramo judicial, decretando el 23 de agosto de 1859, el Código Civil, que sentó las bases de la legislación actual. Además ordenó realizar la compilación de los Códigos Penal y de Procedimientos, creando tribunales de justicia en todas las poblaciones de la República.

VIII.- EL UNIONISTA.
Basta leer algunos escritos de Gerardo Barrios, para tener una clara y concreta concepción de la recia trascendencia de este auténtico patriota, que llevó “tan adentro el ideal morazánico”. En cierta oportunidad, plasmó con las siguientes palabras su inmensa devoción unionista: “Por la unión de Centro América, romperé en 100 pedazos el bastón de mando de El Salvador, y la seguiré a costa de mis intereses y de mi vida, si preciso fuere. Quiero morir envuelto en el hermoso pabellón que nos legaron nuestros antepasados y no en el triste pañal que cubre la miseria de las cinco secciones centroamericanas”.

Barrios abre totalmente su corazón y su espíritu dilectos, en estas lapidarias expresiones que no dejan duda de su amor infinito por la reconstrucción de la “Patria Grande” que, el egoísmo, la vanagloria y todas las bajas pasiones de los hombres mezquinos que desgraciadamente han abundado en Centro América, se empecinan torpemente en poner trabas infames y arteras.

IX.- LA ESCUELA DEL PATRIOTISMO.
Quienes aman las sombras y las tinieblas, no pueden soportar ni resistir la luz; así el sol radiante que Barrios simboliza, no lo resisten los timoratos ni los espíritus rastreros que se debaten, en su misma pestilencia.

Estos jamás estarán en la escuela del patriotismo, de donde es Rector nuestro gran Capitán General, quien con su ejemplo y sus ejecutorias saturadas de integridad y pureza, propias de su calidad de hombre noble, elevado, poseído de fuerzas y cualidades extraordinarias, se proyecta como el guía incomparable y como el preceptor insustituible del templo de las supremas virtudes, que él, encarnó con tanta propiedad y precisión. Los máximos honores en la escuela del patriotismo sólo se concederán a aquellos que saturen su espíritu, su mente y su vida plena, de los principios, anhelos e ideales que fueron la razón de la existencia del egregio Capitán General.
La vida y obra del Gerardo Barrios, es el texto obligatorio en la escuela del patriotismo y que nuestros jóvenes especialmente, deben conocer e imitar, porque nuestro meritísimo personaje es la norma material y sustantiva de la dignidad nacional.

X.- EPÍLOGO.
La Historia y la posteridad han juzgado ya, con juicio sereno y desapasionado, la vida pública de nuestro insigne Capitán General Gerardo Barrios, la cual, muy a pesar de la ingratitud con que la quisieron opacar sus sicarios, a más de 140 años de distancia de aquel crimen político sin precedentes, su vida surge inmaculada como siempre lo fue: radiante, altiva y limpia, como puros y limpios fueron los sentimientos que la animaron para conducir al país por la senda gloriosa del engrandecimiento y de la superación auténtica.

Sus enemigos temieron, por lo que trazaron redes de perfidia, ante aquel espíritu superior; porque es principio irrefutable que los perversos sacrifiquen a los liberadores, para que las doctrinas de éstos sean inmortalizadas por el drama y la tragedia.

Esto se cumple plenamente en Gerardo Barrios: los serviles que lo asesinaron cobardemente, por su grandeza indiscutible, lo elevaron a la inmortalidad de donde ahora desciende encarnándose en el pueblo salvadoreño y su Fuerza Armada, altivo y radiante, como se presentó siempre en todos los escenarios en que la vida probó su recia y polifacética personalidad.

A más 140 años de distancia, los patriotas de todos los estratos sociales, los niños y las asociaciones, atraídos por el magnetismo maravilloso de aquel hombre, le recuerdan con hosannas e himnos de patriotismo, coronas de laurel y siemprevivas, tremolando banderas, escenificando así, una fiesta cívica en que se ha dado cita el cariño, la amistad y la devoción para rendir tributo a su egregio benefactor, fuente viva de inspiración y digna de imitarse por y para las juventudes.

Todo ese fervor y entusiasmo tienen razón de ser: porque Gerardo Barrios, encarnó con suma propiedad, el sentimiento, la aspiración, la idiosincrasia y el ideal del pueblo salvadoreño en toda su grandeza y plenitud. Como dijera el Dr. Rubén Rivera en una ocasión como ésta: “Gerardo Barrios ha encarnado las virtudes y la impetuosidad del pueblo cuzcatleco; su espíritu y su obra han sido como las reverberaciones del espíritu de su raza. Como Benito Juárez en México y Jorge Washington en Norte América, Gerardo Barrios fue la manifestación más perfecta del alma de su pueblo”.

No hay duda: la grandeza de Barrios lo condujo injusta y arbitrariamente a una muerte prematura. ¡Para Barrios las coronas de luz y de laureles que la posteridad otorga a los elegidos e inmortales; para sus sicarios, el rechazo eterno de la humanidad escarnecida!

¡Señoras y señores! Gerardo Barrios no ha muerto. Asistimos hoy, una vez más, a su gloriosa resurrección. Viene como vicario de la Democracia a predicar, en el Templo Sacrosanto de la Patria, el Evangelio de la Dignidad, la Libertad y la Justicia, trinidad augusta que fue el sello distintivo del quehacer del único gran Capitán General de los salvadoreños.

Ahora, que rememoramos aquellas virtudes que el héroe irradió de manera fecunda, debe ser nuestra tarea impostergable, inculcarlas a las generaciones jóvenes, a base de las sabias y ejemplarizantes enseñanzas del paladín de la dignidad nacional.
Capitán Gral. Gerardo Barrios, tu pueblo añora tu presencia y sigue siendo, como dijera el recordado poeta Oswaldo Escobar Velado: “un pueblo excepcional, que ama la Libertad…”

¡MUCHAS GRACIAS!

lunes, 12 de julio de 2010

EL HISTORIADOR

En vista del vacío que existe en cuanto a establecer el perfil de un historiador, el suscrito, después de una extensa investigación considera conveniente dar a conocer los requisitos mínimos que, a su juicio, debe reunir el aspirante para ser merecedor de dicho calificativo. Estos requisitos son los detallados a continuación:


UN HISTORIADOR DEBE:

1. Ser imparcial y objetivo, hasta donde sea posible.

2. Conocer las fuentes de inves-tigación.

3. Conocer la antropología cul¬tural de nuestro pueblo.

4. Dominar el Idioma Materno.

5. Ser tenaz y crítico en la investigación.

6. Conocer y razonar el Método de Investigación Científico.

7. Conocer la Lógica.

8. Conocer los campos afines a la Historia como la antropología y sus grandes descubrimientos, la sociología, la economía y la política.

9. No pretender vivir otra vez la vida de los muertos, sino comprenderla en su aspecto fundamental, en cuanto esa vida que tuvieron ejerce in¬fluencia positiva o negativa sobre los seres humanos.

10. Tener en cuenta el pensa¬miento de Goethe: "todos vivi¬mos del pasado y, por el pasa¬do perecemos, y, añade: "úni¬camente por su historia puede ser ensalzado y mantenido lo verdadero, rebajado y disper¬sado lo falso".

11. Saber además que, como todo ser humano, tiene sus pro¬pios principios y convicciones; pero, como científico, su leal¬tad fundamental es para con la verdad y con Ios resultados que de ella emanen.

miércoles, 7 de julio de 2010

DISCURSO EN CONMEMORACIÓN DEL 153 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL SR. GENERAL DE BRIGADA RAMÓN BELLOSO.

Estamos en la antigua finca de Monserrat, rindiendo homenaje de gratitud y de reconocimiento inmortal, a un autentico héroe de la república, al General de Brigada don Ramón Belloso, en el 153 Aniversario de su muerte.

Este día enaltecemos ante la conciencia cívica, quien fuera un guerrero ejemplar, integro y extraordinario soldado, que se puso al servicio de su país, para defenderlo de cualquier ataque a su soberanía.

Ahora, con este acto de justicia, las actuales generaciones estamos recordando el pasado para restaurar la memoria de un gran soldado, un varón predilecto que va a incorporarse, finalmente, en el monumento cívico de todos los salvadoreños.


El Sr. general Ramón Belloso fue un ciudadano de mérito, soldado de honor y de entereza, de ánimo resuelto, leal, de espíritu guerrero y de valor temerario, virtudes que lo distinguieron en grado superior; y fue norte y guía de su vida pública, servir dignamente a la patria, sin ser jamás instrumento de las pasiones y querellas de liberales y conservadores.


El Sr. general Belloso, nació en el año de 1810, en el barrio de Candelaria de la ciudad de San Salvador, siendo sus padres don Pedro José Belloso y doña Tomasa Renderos.


El general Belloso es el prototipo del militar salvadoreño, donde se conjugan el patriotismo, el valor y la lealtad de un soldado que viste el uniforme de la fuerza armada de el salvador.


Sirvió a su país por 30 largos años desde 1827 a 1857, desde soldado raso hasta general de brigada, habiendo obtenido todos sus ascensos en la escuela de los acontecimientos bélicos, en el fragor de los cañones y de la vida rígida del cuartel.


Sin embargo, fue muy disciplinado, fiel cumplidor de las ordenes que sus superiores le encomendaban, en resumen fue un cumplidor de las ordenes asignadas a su persona y a su unidad.


Una de sus primeras acciones en defensa del Estado, fue en febrero de 1833, cuando la capital salvadoreña era asediada por las turbas de ladrones, quienes aprovechando la debilidad del gobierno y de la caída del jefe de estado don mariano prado, pusieron en serio peligro las vidas de los capitalinos.


Entre sus más importantes luchas y puestos desempeñados podemos mencionar los siguientes:
Comandante de armas de san miguel, septiembre de 1844, sustituyendo al coronel Gerardo Barrios.


Participó en la guerra de el salvador y honduras en contra de Guatemala de 1851.
Fue nombrado gobernador y comandante general del departamento de san salvador el 21 de febrero de 1854.


En atención a su patriotismo, aptitudes y méritos, el 27 de julio de 1856 fue nombrado general de división del ejército de Nicaragua.


En 1856 combatió contra el filibustero general y doctor William Walker, en los sangrientos combates de Masaya y en Granada, asegurando de esta forma la independencia de Nicaragua y de toda Centro América.


A partir del 20 de mayo de 1857 el general Ramón Belloso, Comandante en Jefe de los Ejércitos de El Salvador y Nicaragua, entregó el mando de las tropas salvadoreñas al general Gerardo Barrios.


Después de dicha campaña, que duró casi un año, el general Belloso regreso a su patria; a la cual sirvió en sus últimos días, durante el gobierno del Presidente don Rafael Campo.
El 18 de junio de 1857 se retiró a la vida privada, y el 27 del mismo mes y año, murió víctima del cólera morbus, en la finca Monserrat; enfermedad que ya había terminado con la vida de miles de salvadoreños.


Sin pompa ni lujo, sin los honores de ordenanza, así fue sepultado el General de Brigada Ramón Belloso, bajo la copa de los conacastes de la entrada de Monserrat.
La laja y la cruz colocada sobre la tumba del General Ramón Belloso y los conacastes han desaparecido.


La civilización los removió y transformo en zona urbana la propiedad rural de la familia Belloso.
Nada permite hoy, identificar la tumba de este ilustre personaje, sino este espacio en donde hace ya 53 años, que el señor Presidente de la República Tcnel. José María Lemus, inauguró un monumento y colocó la primera piedra, para la edificación de este centro educativo que dignamente lleva el nombre del General Ramón Belloso.

¡loor a los héroes de la patria!

viernes, 14 de agosto de 2009

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA FUERZA ARMADA DE EL SALVADOR

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA FUERZA ARMADA DE EL SALVADOR.

1.- INTRODUCCIÓN.
Quiero presentar un afectuoso saludo a tan distinguida concurrencia, en esta oportunidad que tengo el honor de disertarles sobre Información “EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA FUERZA ARMADA DE EL SALVADOR HASTA NUESTROS DÍAS”, que espero sea de mucho beneficio, y que ayude a enriquecer los conocimientos y experiencias muy propias de cada uno de ustedes.

2.- LA AGENDA QUE DESARROLLARE ES LA SIGUIENTE:
a.- Primer Periodo.
b.- Segundo Periodo.
c.- Tercer Periodo.
d.- Cuarto Período
e.- Quinto Periodo
f.- Sexto Periodo.
g.- Preguntas y respuestas.

3.- DESARROLLO:
PRIMER PERIODO: CREACIÓN DEL EJÉRCITO SALVADOREÑO

La creación del Ejército en El Salvador se remonta a la época adyacente a la independencia y se efectúa con el propósito específico de salvaguardar la libertad y la soberanía alcanzada a través del acta del 15 de septiembre de 1821. Especialmente, después de afrontar las huestes mexicanas del Emperador Agustín Iturbide que, al mando del Brigadier Vicente Filísola, intentaron anexar a las nuevas provincias libres, al ilegítimo imperio Mexicano. Una vez retiradas las tropas de ocupación, en Guatemala, se emitió el siguiente Decreto Legislativo del 5 de agosto de 1823:
“La Asamblea Nacional Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América, considerando arreglar de algún modo la fuerza armada y prescribir el régimen militar que por ahora puede adoptarse; ha tenido a bien decretar y decreta:
1º. Habrá un comandante general de las armas en cada una de las Provincias Unidas del Centro de América.
2º Estos comandantes serán absolutamente independientes entre sí, y dependientes sólo del Supremo Poder Ejecutivo por medio del Ministerio de la Guerra y de la Junta Consultiva de Guerra en los términos que este decreto expresa”. (Hay siete artículos más en la presente ley).

El 05 de marzo de 1824 se instaló en San Salvador el Congreso Constituyente del Estado que inició su período de sesiones el 05 de marzo de 1824 y, el 18 de abril, después de su viaje por los Estados Unidos, asistió a sesión extraordinaria el coronel Manuel José Arce y estuvo también presente en las subsiguientes reuniones durante ese mes. Fue en la sesión del 27 de abril que “se dio cuenta con la instancia de varios individuos del Escuadrón de Dragones de esta ciudad, en que piden con apoyo y recomendación del C. Manuel José Arce, antiguo comandante y coronel de ese cuerpo, su reorganización”. En las sesiones subsecuentes, numerosos hechos hicieron considerar a los miembros del congreso sobre la importancia de la reorganización de una fuerza útil al Estado y se nombró para su estudio una comisión especial.

En el informe presentado al Congreso por la mencionada Comisión, durante la sesión del 07 de mayo de 1824, se leyó sobre “el arreglo y organización de la fuerza que debe levantarse para el sostenimiento de la libertad y defensa de los derechos de los pueblos” en cuya elaboración había puesto todo su empeño el coronel Arce. Este proyecto tuvo votos a favor y en contra, pero al final de la discusión parlamentaria los miembros del Congreso tuvieron a bien emitir la ley de creación de la Legión de la Libertad.

Durante este período y ante la ausencia de militares de carrera, se permitió la incorporación de oficiales franceses como Raoul, Saget, Pierzon y Jonuma; de Colombia, llegaron Rafael y Guillermo Merino, extranjeros que contribuyeron a mantener el clima bélico y no de paz.

SEGUNDO PERIODO
En concordancia con el Decreto de Gobierno del 6 de febrero de 1841, en la Recopilación de Leyes del Dr. Isidro Menéndez, Título I, Ley I, Pág. 285, el Ejército Salvadoreño presentaba la siguiente organización y distribución:
Rama Militar:
A. Brigada de Artillería: compuesta por un Capitán Comandante, 2 Tenientes Milicianos, 4 Subtenientes, 1 Sargento Primero Veterano, 6 Sargentos Segundos Milicianos, 8 Cabos Primeros Milicianos, 8 Cabos Segundos Milicianos, 37 Soldados Milicianos.
B. Batallón de Infantería: Estaba compuesto de 400 efectivos, divididos en dos Compañías, con sus correspondientes Jefes, oficiales y Clases.
C. Escuadrón de Caballería: compuesto por 100 plazas de tropa, divididos en dos Compañías, con sus correspondientes Jefes, Oficiales y Clases de Sargentos y Cabos.

En la Constitución de 1841, el Presidente de la República asumía la condición de Comandante en jefe de la Fuerza Armada y la administración local estaría en manos del Comandante Militar Regional. También se otorgó a los Poderes Legislativo y Ejecutivo, las facultades de organizar al Ejército y las Milicias de El Salvador en caso de guerra.
Debe advertirse que en esta época, la organización militar se hacía en tiempos de crisis, de forma temporal, para evitar una carga al Erario Nacional de manera permanente, por lo cual concluido el conflicto, los milicianos regresaban a sus labores agrícolas y domésticas.
El 4 de febrero de 1848, se da el Decreto Legislativo que faculta al Gobierno para formar el Reglamento de Marina del Estado.

TERCER PERIODO

Durante la administración presidencial del General Miguel Santín del Castillo, el Congreso de la República emitió el decreto sin número, del 18 de febrero de 1858, por medio del cual se creó el Ministerio de Hacienda y Guerra[1], que asumió, dentro del Ejecutivo, la responsabilidad de administrar al Ejército o Fuerzas Armadas.

El 19 de Mayo de 1858, el Presidente salvadoreño Miguel Santín del Castillo estableció en San Salvador, la primera Academia o Escuela Militar para la enseñanza táctica de artillería, infantería y caballería[2]. También decretó su reglamento de Funcionamiento. Esta academia funcionó por breve tiempo, en 1959, bajo la dirección del Gral. José María Melo.
Por Decreto Legislativo del 21 de febrero de 1866, se creó nuevamente el Colegio Militar de El Salvador, que fue inaugurado el 15 de Oct. de 1868, durante la administración del Dr. Francisco Dueñas. Cerró en 1876 cuando los cadetes tuvieron que marchar a la guerra de Guatemala y Honduras contra El Salvador.

El 14 de enero de 1888, durante la administración del Gral. Francisco Menéndez, y por medio de Decreto Ejecutivo en el Ramo de la Guerra, quedó abierta nuevamente la institución educativa castrense, que fue denominada Escuela Politécnica de El Salvador. Cerró sus aulas en 1891 (3 años después), cuando los cadetes la abandonaron, en repudio al Gob. de Carlos Ezeta, quien causó la muerte del benemérito Gral. Menéndez, su fundador.

La Constitución de 1864, por primera vez, tuvo un apartado especial dedicado a la Fuerza Pública (Milicia Nacional y Ejército) como “la institución responsable para defender el Estado, asegurar el orden público y la ejecución de las leyes al margen del derecho constitucional”. Según este apartado, la Fuerza Pública se compone de la milicia nacional y del ejército de tierra y mar. “Es instituida para defender al Estado contra los enemigos exteriores y para asegurar en el interior, el mantenimiento del orden y la ejecución de las leyes”. Esta nueva ley dio como resultado la organización de las fuerzas de policía (Cuerpos de Seguridad Pública) y el establecimiento del orden público en el interior del país.

La Constitución de 1871, con relación a la Institución Armada, rectificó los siguientes aspectos:
a. Se ratificó el criterio del Presidente Dueñas de que el Presidente de la República debe ser Comandante del Ejército y Fuerza Armada (Art. 47, numeral 10).
b. Se condena la guerra de invasión (Art. 47, numeral 11).
c. En forma constitucional, se establece el principio de no intervención.

La Constitución de 1872, introdujo nuevas reformas, como la de conferir al Presidente de la República, la condición de Comandante General del Ejército, de acuerdo al Art. 89, sección 5ª. Además, se utilizan en forma semejante los títulos de Ejército Nacional y Fuerza Armada para referirse a la Institución Militar. Por otra parte, se estableció que el Ejército de la República de El Salvador se componía de la milicia y la marina. El número de sus efectivos sería de 6 mil hombres, y el pie de la fuerza permanente en tiempo de paz, se fijaría anualmente por la legislatura (Art. 122).

La Constitución de 1880 reformó el capítulo de la Fuerza Armada, de la manera siguiente:
a. El Presidente de la República será el Comandante General del Ejército y depositará el poder Ejecutivo en uno de los senadores asignados sección 5ª Art. 84.
b. La Fuerza Armada es esencialmente obediente. Art. 116.
c. Los miembros del Ejército que gozarán del fuero de guerra estarán sujetos a los procedimientos y penas de las ordenanzas y leyes militares (Art. 118).

En este contexto jurídico militar, cuando se dictó esta Carta Magna surgen las Ordenanzas y Leyes Militares de la Fuerza Armada que tendrían la finalidad de regular su organización y funcionamiento a través de un decreto que especificara los derechos, obligaciones y responsabilidades de sus miembros.

Durante la existencia de la Fuerza Armada en el Siglo XIX, la Institución Castrense ha sido regida por muchas leyes y reglamentos estrictamente militares.
Dentro del período de 1872-1900 se dictaron las siguientes:
* Leyes referentes a las milicias
* Organización del Cuerpo de Veteranos
* Ascensos y recompensas
* Escuelas Militares
* Junta Superior de Instrucción Militar
* Adopción de la táctica española
* Fuero de Guerra
* Estados Mayores
* Escalafón Militar
* Sección General de Inspección anexa al Ministerio de Guerra
* Academias y ejercicios
* Uniformes
* Hospital Militar
* Jueces de Paz y de Primera Instancia Militar
* Reglamento de Sanidad Militar
* Reglamento de Navegación y Marina
* Reglamento de Marina para los Puertos de la República.
La Constitución de 1883 se promulgó durante la Presidencia del Dr. Rafael Zaldívar. Al capítulo de la Fuerza Armada, se le hicieron algunas reformas como las siguientes: en el Art. 121 se cambió la palabra “obligatoria” por obediente. Al Art. 122 se le agregó a la “fuerza permanente” como parte del ejército.

El Art. 135 afirma que cada pueblo de El Salvador contribuirá a la formación integral del Ejército, según el número de sus habitantes. La elección de los miembros del Ejército se realizará por sorteo y la Asamblea Legislativa establecerá la Fuerza Permanente en época de paz para proteger los puertos, las plazas y los almacenes de guerra. El Art. 136 aclara que solamente los miembros del Ejército de la República en servicio activo y que tengan delitos militares gozarán del fuero de guerra (derecho militar). El fuero atractivo queda abolido y en los juicios por Consejo de Guerra, la elección de los vocales será entre oficiales y por sorteo de acuerdo a la ley.
Varios gobernantes han tenido el propósito de mejorar la preparación técnica y táctica de la Fuerza Armada. Fue así como el presidente Cap. Gral. Gerardo Barrios hizo llegar una Misión Militar de instructores procedentes de Francia para la organización del Ejército. La misión también incluyó instructores para la educación superior.

La Primera Misión Militar Española, vino al país durante la administración del Dr. Francisco Dueñas en el año de 1868; una de las acciones más relevantes de esta misión, fue el haber organizado la Primera Escuela Politécnica de El Salvador, cuya dirección se encomendó al Capitán Luis Pérez Gómez, quien contó con un selecto cuerpo de profesores, todos de origen español.

Durante la administración del Mariscal Santiago González se promulgó el Primer Código Militar (1871 – 1876).

En el período presidencial del General Francisco Menéndez se dictó el Reglamento de Milicias y en 1886, llegó al país la Segunda Misión Militar Española, con la cual se refundo la Escuela Politécnica desempeñándose como Director y Subdirector de la misma, los capitanes españoles José María Francés Resello y Julio Moya. También bajo los auspicios de esta misión el gobierno del Gral. Menéndez creó la Escuela de Cabos y Sargentos, bajo la dirección del oficial español José Ruiz Pastor.

Durante el interinato del General Fernando Figueroa (1885) se estableció el servicio de las armas, con carácter obligatorio para todos los salvadoreños.

En la época del General Rafael Antonio Gutiérrez (1895 – 1898) se construyó el Cuartel de Artillería denominado “El Zapote”.

Entre 1895 y 1898, el gobierno del Gral. Rafael Antonio Gutiérrez, gestionó el envío de una tercera misión española, la cual fue encabezada por el Capitán Ely Sánchez Valdez y otros dos oficiales.

En 1900, el Gral. Tomás Regalado, además del establecimiento de la Escuela Politécnica Militar, se construyó el cuartel y cárceles de Santa Ana; se creó la “Sección General de Inspección”, anexa al Ministerio de la Guerra y se creó la Policía Rural Montada.

A principios del Siglo XX, se hizo patente la necesidad de profesionalizar a los miembros de la Fuerza Armada, este deseo, fue fervientemente apoyado por la mayoría de los Presidentes de la República, quienes conscientes de la importancia de su labor, no escatimaron esfuerzos para lograr un rendimientos y un grado óptimo entre aquellos profesionales de las armas que salían de la Escuela respectiva.

Otra de las Misiones Militares que vino a nuestro país con el fin de ayudar a la tecnificación de la Fuerza Armada, fue la I Misión Militar Chilena, invitada durante la administración del señor Gral. Tomás Regalado, en el año de 1901; dicha misión estuvo integrada por los señores oficiales Teniente Julio Salinas Alarcón y Armando Llanos Calderón.

Terminó su trabajo el 1 de mayo de 1912. Su amistad con nuestro país los llevó a adoptar la ciudadanía salvadoreña, llegando a ser Generales de la Fuerza Armada de El Salvador.

El Gobierno de Chile, por Ley No. 16109 del 4 de septiembre de 1903, comisionó a un grupo de oficiales del Ejército para trasladarse a El Salvador y servir allí como instructores de dicha institución. Esta delegación estaba integrada por los siguientes oficiales: Capitán Juan Pablo Bennet Argandoña, Capitán Francisco Legreze Frick, y Teniente Carlos Ibáñez del Campo.

La función de estos oficiales era la de reorganizar al Ejército Salvadoreño, en calidad de ayudantes de los oficiales superiores de El Salvador. Dentro del conjunto de oficiales que sirvieron en esta misión, destaca la figura del más tarde Gral. Carlos Ibáñez del Campo, quien permaneció seis años en El Salvador y al regreso a su Patria, fue electo dos veces Presidente de la República.

Para 1907, el Teniente Ibáñez participó como Comandante de Regimiento en el conflicto fronterizo con Honduras; luego se desempeñó como Director de la Escuela Militar e Instructor de los Regimientos de Caballería de la ciudad de San Salvador.

Los Capitanes Bennet y Legreze regresaron a Chile, después de cuatro años de permanencia en nuestro país; Bennet llegó a ser Director de la Escuela Politécnica de El Salvador.


CUARTO PERIODO


Con el fin de profesionalizar a todos sus miembros, durante la administración del Presidente Dr. Manuel Enrique Araujo, durante los años 1911 – 1913, a iniciativa del General José María Peralta Lagos, quien se había graduado como Alférez en los centros educativos militares de España, dando a conocer la importancia de las funciones de la Guardia Civil Española, por lo que consideró los beneficios de este cuerpo en El Salvador.

Fue así que vino a nuestro país, la Cuarta Misión Militar Española, contratando al oficial de la Guardia Civil, Alfonso Martín Garrido, para organizar y dirigir el cuerpo que se llamó GUARDIA NACIONAL, fundada el 13 de febrero de 1912 y desmovilizada el 29 de junio de 1992.

Así también fue traído en la misma misión, el señor Antonio Sáenz Agero, el 29 de diciembre de 1912, para organizar el Estado Mayor Central de la Fuerza Armada. Todas estas Misiones cumplieron con su cometido de organizar nuestra Fuerza Armada, contando para esto con el apoyo de todos los miembros de la Institución Castrense.


A principios del Siglo XIX, según la “Ley Orgánica del Ejército” decretada en 1904, este se componía de cuatro Armas: Infantería, Caballería, Artillería, Ingenieros y Tropas Auxiliares, dividido a su vez en tres categorías: Ejército Activo, Ejército Disponible y Ejército de Reserva.

Según el Artículo 14 de esta Ley, su organización se basada en Compañías, Batallones, Regimientos, Brigadas, Divisiones y Ejército. El mando supremo del Ejército conforme a la Constitución de ese tiempo, residía en el Presidente de la República[3].

Hay que recordar que la Constitución vigente en ese momento, fue la que se promulgó durante la Presidencia del Gral. Francisco Menéndez. Esa Carta Magna tuvo una duración de 53 años, desde 1886 hasta 1939. Con ella, El Salvador se incorporó a la corriente universal y de América Latina de poseer Constituciones de corte liberal.

La Ley primigenia de esta fecha trae algunas adiciones en cuanto a la Fuerza Armada, que se enumeran a continuación:

Al Art. 133, inciso primero se le adiciona lo siguiente: “La Fuerza Armada es esencialmente obediente y no puede deliberar en asuntos del servicio”.
Al Art. 136, al primer inciso se le adiciona que: “Queda abolido el fuero atractivo”, es decir, que no existirían beneficios de orden procesal, por la calidad del imputado, como se hacía en la Edad Media con los miembros de la nobleza.
Al segundo inciso se le agregó: “en el juzgamiento por Consejo de Guerra que establecen las leyes militares, la designación de los vocales se hará, en todo caso, por sorteo entre los oficiales hábiles según la ley”.

El General Tomás Regalado, quien aunque no era Presidente de la República, brindó su apoyo a dos Generales guatemaltecos, para que invadieran Guatemala en tres ocasiones, al ser rechazados, se refugiaron en El Salvador. El apoyo de este militar a los sediciosos fue la causa para que el gobierno de Guatemala le declarara la guerra al Estado Salvadoreño. El general Regalado invadió el vecino país el 9 de julio de 1906[4]. Este evento terminó con la vida del osado general, el 11 de julio de ese año.

Al año siguiente, un movimiento revolucionario encabezado por el General Dionisio Gutiérrez y apoyado por el Ejército nicaragüense, invadió territorio hondureño con el objeto de derrocar al Presidente de este país Gral. Manuel Bonilla. Como el Gral. Fernando Figueroa Presidente de El Salvador apoyaba al mandatario hondureño, mandó tropa en su auxilio, dando inicio así a la guerra que librara El Salvador y Honduras contra Nicaragua en marzo de 1907[5].


Durante la administración del Presidente Dr. Manuel Enrique Araujo (1911 – 1913) interrumpida por su brutal asesinato, se fundó el Estado mayor Central del Ejército; este organismo fue derogado por Decreto Legislativo del 11 de julio de 1919. Por Decreto Ejecutivo del Presidente Araujo fue fundada la Guardia Nacional el 3 de febrero de 1912.


El 23 de diciembre de 1919 por Orden General del Ministerio de Guerra y Marina, No. 20, se organizó el Departamento General de Guerra, en sustitución del Estado mayor Central del Ejército, de la misma forma, en años sucesivos cambió de nombre de acuerdo a las exigencias orgánicas de la Institución Armada en cada época específica.
También en época del Presidente Araujo, el 2 de mayo de 1912, llegó el primer avión a El Salvador; era un aparato rudimentario de fabricación francesa marca Deperdussin, piloteado por el intrépido aviador de la misma nacionalidad, llamado Francois Durafour; este piloto aterrizó en el Campo de Marte, hoy Parque Infantil.

En el período presidencial de don Carlos Meléndez, de 1913 a 1914 se fundó el Hospital Militar.

Durante su segundo gobierno (1915 – 1919), recibió de parte del Gobierno Mexicano, un obsequio consistente en dos aviones destinados a la Escuela Politécnica de nuestro país, uno venía armado y el otro desarmado para que sirviera como “Stock” de repuestos del primero. Este avión voló el 23 de febrero de 1917 en la Hacienda Colima, piloteado por el Capitán Felipe Carranza, iniciándose así la historia de la aviación en nuestro país.

Durante los gobiernos de Jorge Meléndez (1919 – 1923) hubo varios conatos de insurrección, el 16 de febrero de 1922 se alzó en armas una porción de la Compañía de Cadetes de la Escuela Politécnica Militar. El 22 de mayo del mismo año se insurreccionó el Sexto Regimiento de Infantería.

De 1923 a 1927, durante el tercer período presidencial del Dr. Alfonso Quiñónez Molina, arribó a nuestro país, el capitán italiano Enrico Massi, el Mandatario tenía la idea de incorporar el elemento aéreo a nuestro Ejército; el 20 de marzo de 1923 se creó la “Flotilla Aérea Salvadoreña” precursora de la Fuerza Aérea de El Salvador.

El 30 de junio de 1923 se decretó el “Reglamento del Curso Militar de Aviación”, y de acuerdo a éste, se nombró como Director de dicho curso al Capitán Humberto Aberle, quien desempeñó este cargo Ad-Honorem, hasta el 21 de abril de 1924.

El 20 de febrero de 1924, se creó la jefatura de la Aviación Salvadoreña, y según orden de la misma fecha, se nombró al señor General de Brigada e Ingeniero Carlos Carmona, como jefe de la misma. De esta jefatura dependían la Flotilla Aérea Salvadoreña, el Curso de Aviación Militar y otras escuelas civiles de la misma índole.

En los últimos días de la administración del Dr. Quiñónez Molina, se adquirieron quince aviones que vinieron a fortalecer nuestra arma aérea. Mientras fungió como Jefe de la Aviación el General Carmona, el 2 de marzo de 1927, la Aviación quedó anexa a la Secretaría de Estado en los despachos de Guerra y Marina.
En otro orden, el 28 de marzo de 1928, según orden 355 En el Diario Oficial No. 72, del 24 de marzo de 1928 declárase la carrera militar en El Salvador como profesión.

Durante la administración presidencial del Dr. Pío Romero Bosque, mandatario incapaz e indiferente, que menospreció los principales problemas del país, dando amplias libertades a los grupos políticos que favorecieron al comunismo internacional. Fueron las condiciones que dieron origen al levantamiento campesino de inspiración marxista que culminó en 1932.

Preocupado el Presidente Dr. Romero Bosque, hizo que el 27 de noviembre de 1930, el Ejército emitiera un “Manifiesto”, en que jefes y oficiales le juran lealtad y fidelidad en el cumplimiento de la Constitución.


Cuando el Ing. Arturo Araujo asumió la Presidencia el 1 de marzo de 1931, confirió la Cartera de Guerra, Marina y Aviación a su vicepresidente General Maximiliano Hernández Martínez; este logró por algunos meses, mantener la tranquilidad y lealtad del Ejército, pero nueve meses más tarde, el pueblo salvadoreño a través de su Fuerza Armada dio un cruento Golpe de Estado que derroco al incapaz gobierno del Ing. Araujo.

El 2 de diciembre de 1931 el Gral. de Brigada Maximiliano Hernández Martínez, legítimo sucesor, asumió el poder; antes de dos meses, el 22 de enero de 1932 estalló la rebelión; ésta fue el choque de dos culturas, ladina contra indígena. El 18 de enero, los dirigentes de la misma: Martí, Luna y Zapata habían sido capturados por la Policía Nacional, pero las órdenes estaban dadas de antemano y la insurrección se desató.

La debacle cayó sobre todo en ciudades del Occidente de nuestro país; en Izalco asesinaron al Alcalde y a muchos ciudadanos; cuando llegó la Fuerza Armada, los indígenas fueron obligados por sus jefes a resistir, pero ante la superioridad de las armas escaparon a las montañas. El Cacique Feliciano Ama, caudillo de los insurgentes, fue capturado y ahorcado por las turbas enardecidas.

En otras poblaciones como Nahuizalco, Juayúa, Colón, Salcoatitán, Ataco y Tacuba se dieron robos, asesinatos y destrucción de igual magnitud; en la primera población no quedó casa que no fuera violentada y destruida, hasta que las fuerzas del Ejército al mando del Coronel Salinas los desalojó, venciendo la poca resistencia que ofrecieron.

El 23 de enero, cerca de cuatro mil hombres cercaron la ciudad de Ahuachapán y atacaron el 6º. Regimiento de Infantería, pero la guarnición los rechazó, mientras ellos consumaban la destrucción de la ciudad.


Las fuerzas expedicionarias del Ejército enviadas por el Presidente de la República Gral. Maximiliano Hernández Martínez, al mando del Gral. José Tomás Calderón y del Gral. Faustino Choto, cumplieron con su misión de pacificar la zona occidental del país, devolver la seguridad a sus habitantes y liquidar a las enardecidas turbas comunistas.

Pese a la interrupción en el funcionamiento de la Escuela Militar, la Fuerza Armada había evolucionado y cumplido a satisfacción muchas misiones. Sin embargo, se sentía la necesidad de oficiales especializados en la función directriz y técnica de la Fuerza Armada para un desempeño eficiente de Estado Mayor. Razón suficiente para fundar, en el seno de la institución, el primer centro de estudios de esta naturaleza, en el mes de abril de 1936, que se llamó “Curso de Estado Mayor para Oficiales” y funcionó en el edificio del Estado Mayor, que para entonces, se alojaba en la Casa Presidencial. En octubre de 1937 adoptó el nombre de “Academia Militar”.

Posteriormente, por medio del Decreto No.2 del 6 de enero de 1951, se creó la Escuela de Guerra, establecimiento de cultura superior dependiente del Ministerio de Defensa, el cual tendría por objeto la preparación del Alto Mando de la Fuerza Armada, de los oficiales de Estado Mayor, del Profesorado Militar y de divulgar los adelantos de la ciencia militar dentro de la institución armada.

La época de mayor desarrollo para la Fuerza Aérea Salvadoreña fue en los años de 1942 a 1944, pues aunque fueron los años de la Segunda Guerra Mundial; fue cuando hubo una buena cantidad de material de vuelo, personal adiestrado y alumnos en proceso de aprendizaje en el arte de volar. Durante la gestión del Gral. Hernández Martínez, se adquirieron terrenos para ampliar el Aeropuerto de Ilopango y se adquirió una gran cantidad de aviones.


La Fuerza Aérea tuvo un receso en sus actividades a raíz de haberse visto involucrada en el movimiento insurreccional del 2 de abril de 1944. En tal evento, aviones de la FAS ametrallaron el Cuartel de la Policía Nacional donde se defendía el General Hernández Martínez. Muchos oficiales de esta arma fueron capturados y fusilados.

Es de mencionarse que en este período que abarca casi la primera mitad del siglo, la Fuerza Armada ha contribuido con los diferentes Gobiernos en Misiones Militares permanentes ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) y ante la Junta Interamericana de Defensa con sede en Washington, organizadas para el estudio y sugerencia de las medidas necesarias en la defensa del Continente.

Al promulgarse la nueva Constitución del 20 de enero de 1939, se designó oficialmente el título de EJÉRCITO NACIONAL para la Institución Armada. Este calificativo se mantuvo hasta que el 29 de noviembre de 1945 fue emitida otra Carta Magna, en la cual se denominó al Ejército Nacional como FUERZA ARMADA, lo cual se hizo efectivo hasta Febrero de 1951.

La organización de la Fuerza Armada durante el período que abarca desde antes de 1941 hasta febrero de 1950, estuvo sin mayores modificaciones de la siguiente forma:
1. Ministerio de Defensa Nacional (1939 – 1944) Ministerio de Defensa (1945 – 1969).
2. Estado Mayor General del Ejército (hasta enero de 1951). Estado Mayor General de la Fuerza Armada (febrero 1951 en adelante).
3. Escuela Militar (Adoptó el Nombre de “Cap. Gral. Gerardo Barrios” por Decreto Ejecutivo del 25 de agosto de 1965).
4. Plana Mayor de la Comandancia General del Ejército (hasta enero de 1951).
5. Plana Mayor de la Comandancia General de la Fuerza Armada (de febrero de 1951 en adelante).
6. Aviación Nacional (Departamento) Fuerza Aérea Salvadoreña (de febrero de 1951 en adelante).
7. Regimiento de Artillería.
8. Regimiento de Caballería.
9. 1er. Regimiento de Infantería. San Salvador.
10. 2do. Regimiento de Infantería. San salvador.
11. 3er. Regimiento de Infantería, Santa Tecla, La Libertad.
12. 4to. Regimiento de Infantería, Sonsonate.
13. 5to. Regimiento de Infantería, Santa Ana.
14. 6to. Regimiento de Infantería, Ahuachapán.
15. 7mo. Regimiento de Infantería, Chalatenango.
16. 8vo. Regimiento de Infantería, Sensuntepeque, Cabañas.
17. 9no. Regimiento de Infantería, Cojutepeque, Cuscatlán.
18. 10º. Regimiento de Infantería, San Vicente.
19. 11º. Regimiento de Infantería, Zacatecoluca, La Paz.
20. 12º. Regimiento de Infantería, Usulután.
21. 13º. Regimiento de Infantería, San Miguel.
22. 14º. Regimiento de Infantería, La Unión.
23. 15º. Regimiento de Infantería, Gotera, Morazán.
24. Capitanía de los Puertos de Acajutla, La Libertad y la Unión (En enero de 1953, éstas quedaron bajo jurisdicción de la Marina Nacional).
25. A partir de enero de 1953 se creó el Centro de Capacitación Agrícola Militar, que ahora ya no existe.
26. Guardia Nacional.
27. Jefatura Territorial Departamental (hasta enero 1951).
28. Dirección General del servicio Territorial (de febrero 1951 hasta 1992).
29. Polvorín Nacional (ahora Almacenes Generales de la F. A.)
30. Banda de los Supremos Poderes (hasta enero de 1951).
31. Orquesta Sinfónica de El Salvador (de febrero de 1951 en adelante).

En esta época, la Fuerza Armada se componía de entre 4,550 a 6,650 hombres.

GENERALIDADES DE LA ÉPOCA.

Al llegar a su fin la administración del Gral. Maximiliano Hernández Martínez, en virtud de la renuncia interpuesta por el Presidente ante el Congreso Nacional el 9 de mayo de 1944, asumió el poder el Vice-Presidente y Ministro de Defensa Nacional, Gral. Andrés Ignacio Menéndez; éste imposibilitado de gobernar por la efervescencia política del momento, depositó el mando el 21 de octubre de 1944 (presionado por una Junta Militar encabezada por los generales Francisco Ponce y Salvador Peña Trejo), en el Primer Designado, Coronel Osmín Aguirre y Salinas, quien desempeñaba el cargo de Director de la Policía Nacional.

Para 1944 y 1948 se produjeron dos Golpes de Estado que cambiaron el curso de la política nacional. El primero, fue el que intentó derrocar al Gral. Maximiliano Hernández Martínez y aunque resultó fallido, dio lugar a la movimiento cívico conocido como la “Huelga de Brazos Caídos” que terminó con ese gobierno. El segundo, en defensa de la alternabilidad en el poder, fue el que destituyó al Presidente, Gral. Castaneda Castro.
El 4 de julio de 1944, los Tres Poderes de Estado y representantes de todas las organizaciones cívicas, sociales y políticas del país, decidieron adoptar nuevamente la Constitución de 1886, denominada la Constitución Liberal más progresista con que ha contado la Nación.

El 12 de diciembre de 1944, civiles y militares opuestos al régimen impuesto por el Cnel. Aguirre y Salinas, invadieron El Salvador por el lado de Ahuachapán, con apoyo del gobierno guatemalteco; pero las fuerzas gubernamentales que les hicieron frente fueron más numerosas y mejor armadas, por lo que fueron completamente derrotados, con lo cual quedó consolidado el poder del país en manos del Cnel. Aguirre y Salinas.

En diciembre de 1947, ingresó al país la primera misión norteamericana de aviación, con el propósito de asesorar y dar entrenamiento técnico y práctico a la Aviación Salvadoreña. Esta misión estuvo formada por un Tte. Cnel., dos Capitanes, y cuatro Sargentos. En ese año el Supremo Gobierno compró cuatro aviones “Stearman”, los cuales sirvieron para combatir la plaga de chapulines que abatía al agro salvadoreño.

El poder político y militar del país se mantuvo en manos del Ejército profesional durante todo este período. La oligarquía influyó en los mandos militares con poca intensidad, ya que los oficiales de la Fuerza Armada que accesaron a los cargos de dirección a partir de 1948, tenían muy desarrollada su sensibilidad social, por lo cual impulsaron un movimiento progresista de reformas sociales, que benefició principalmente a los sectores más necesitados de la población.

Esta situación tornó compleja la realidad socio-política del país, al grado de que el poder político, tuvo que estar a la defensiva entre las extremas derecha (oligarquía) e izquierda (socialistas y comunistas).

La continuidad del poder por parte de los militares, se vio favorecida por el impulso industrial que se produjo en los Gobiernos de los Tenientes Coroneles Oscar Osorio y José María Lemus. Esto, naturalmente, mejoró las condiciones de vida de la población, al disminuir el desempleo y elevar los salarios en el campo y la ciudad. Además, se impulsó la integración económica centroamericana, con lo que el movimiento comercial produjo enormes ganancias a exportadores y comerciantes salvadoreños.


QUINTO PERIODO
Mientras tanto, la Fuerza Armada recibió la asesoría técnica norteamericana a partir de la salida del poder del gobierno del Gral. Hernández Martínez. Esta asesoría produjo cambios en la institución militar, del chileno-alemán de principios del siglo XX, al norteamericano; la nueva disciplina y doctrina, marcó una época que se ha mantenido hasta el tiempo presente.

La ayuda norteamericana se fue acrecentando; gracias a ella se fortalecieron las diferentes Ramas de la Fuerza Armada. Preparación de pilotos militares en sus Bases Aéreas, de oficiales de infantería en sus Fuertes, de Marinos en sus Puertos. Se comenzó un programa para reemplazar el armamento antiguo, por nuevas armas; se dotó a la Fuerza Aérea de aparatos modernos, así como los primeros helicópteros traídos en el año de 1972.

Al llegar los años sesenta, la Institución Armada continuó creciendo a ritmo acelerado, llegando a tener cerca de seis mil miembros; poniendo en práctica la nueva doctrina en el entrenamiento de las tropas; asimismo, las misiones militares norteamericanas se sucedían sin interrupción en el país.

El poder político continuó en manos de gobernantes de ascendencia militar, después del derrocamiento del Tte. Cnel. José María Lemus, únicamente se desplazaron las tandas de oficiales que habían apoyado a los regímenes anteriores. Gobernó el Directorio Cívico-Militar, cuyas cabezas visibles fueron los coroneles Julio Adalberto Rivera y Aníbal Portillo.

Surgió entonces una nueva generación de mandatarios de ascendencia militare, políticamente postulados por el nuevo partido oficial denominado Partido de Conciliación Nacional (PCN), de tendencia social-demócrata, el que gobernó hasta el golpe de Estado del 15 de octubre de 1979.

Estos gobernantes, unos más y otros menos, impulsaron a la Fuerza Armada hacia un mayor desarrollo, en todo sentido, el total de miembros de la Fuerza Armada para antes de julio de 1969, era de 6,200 hombres, que incluían a los Cuerpos de Seguridad Pública. La artillería salvadoreña contaba con armamento moderno, cañones de 105 mm., fusiles ametralladoras belgas M-3 y Fusiles G-3 alemanes.

Al finalizar la década de los sesenta, asumió el poder el General Fidel Sánchez Hernández, pundonoroso militar que tuvo, para suerte del país, una honrosa y delicada misión internacional en la Península de Corea, cuando ostentaba el grado de Capitán, en los años de 1949.

Este gobernante tuvo especial interés en profundizar la modernización de la institución militar, especialmente a la Fuerza Aérea, dotándola en 1968, de seis aviones “F-51 Mustang Cavalier” y después del conflicto con Honduras, con otros 17 aviones marca “Mustang”, con lo que se reforzó la flota salvadoreña.

Durante su período de gobierno, la asesoría norteamericana se enfrió, principalmente debido a la guerra con el hermano país, ya que los norteamericanos simpatizaban con nuestros vecinos debido a los fuertes intereses económicos de las compañías bananeras. El vacío fue cubierto con asistencia militar de Israel y Argentina, así como por la simpatía de países amigos, entre ellos la República de China (Taiwan).

El 14 de julio de 1969, el gobierno de la República ordenó a la Fuerza Armada atacar a Honduras, con el propósito de llevar a cabo una Operación Militar de Objetivos Limitados, para defender los Derechos Humanos de sus connacionales perseguidos y asesinados en aquel país vecino.

A las cero horas del 14 de julio de 1969, el señor Presidente de la República y Comandante General de la Fuerza Armada, General Fidel Sánchez Hernández, por medio de Cadena de Radiodifusión Nacional, declaró: “Pueblo Salvadoreño: Como Presidente de la República y Comandante General de la Fuerza Armada, cumplo con el deber de informar, que en horas de la tarde, este día 14 de julio, en un acto de legitima defensa, he ordenado repeler actos de agresión a lo largo de la frontera nuestra y, en prevención de una agresión de mayores proporciones, se produjeron bombardeos a objetivos militares en territorio hondureño. Las unidades de nuestra Fuerza Aérea y sus tripulantes regresaron sin haber sufrido bajas”.

Ese día a las cinco de la tarde, 32 aviones de la Fuerza Aérea Salvadoreña, entre ellos 20 avionetas civiles, despegaron del Aeropuerto de Ilopango con rumbo a Honduras; entre las seis de la tarde y siete de la noche, las bombas abatían a Toncontín, destruyendo más del 90 por ciento de la fuerza efectiva de la aviación hondureña; además el fuego salvadoreño cayó sobre las poblaciones de Nueva Ocotepeque, Santa Rosa de Copán, Catacamas, Juticalpa, El Suyal, Guaimaca, Jalteva, Nacaome y Choluteca.

El Día “D” fue el 14 de julio, y la Hora “H” las 18:00 Hrs., y a partir de aquel momento la Infantería inició su avance incontenible hacia el interior de Honduras, para dar justo castigo a los genocidas y asesinos que masacraban a nuestros compatriotas, por el único delito de ser salvadoreños. Al segundo día del conflicto, El Salvador había conquistado 1.600 kilómetros cuadrados de territorio hondureño, incluyendo 12 poblaciones fronterizas.
En 100 Horas la tropa salvadoreña había penetrado más de 40 kilómetros en el esfuerzo Norte, con dirección a Santa Rosa de Copán, y 20 kilómetros al Este, hacia Choluteca, asegurando el control sobre 1,600 kilómetros cuadrados dentro del territorio fronterizo hondureño, infringiendo un ejemplar castigo a quienes habían promovido y tolerado el genocidio.

El Alto Mando de la Fuerza Armada consideró ante la inminencia de una guerra con Honduras, preparar las condiciones para que las diferentes armas de la Institución estuvieran en posibilidad de enfrentar, exitosamente, las vicisitudes de un conflicto; principalmente que se sabía que la Fuerza Aérea adversaria, poseía la mejor aviación de Centroamérica.

Así se buscó el equipamiento adecuado y la modernización, comprándose 6 aviones “Mustang Cavallier”. Sabedores que la tormenta se avecinaba, la Fuerza Aérea, actualizó los estudios cartográficos, se estudiaron los objetivos militares y estratégicos, lo mismo que las condiciones meteorológicas de la región. Se incrementaron los adiestramientos del personal de pilotos de combate y otras actividades adicionales.

Según los análisis del potencial militar, estos revelaban que Honduras tenía superioridad en cantidad y calidad de sus aviones. Por ejemplo, Honduras contaba con 23 aviones de combate tipo “Vought F4U-4-5N Corsarios”; 17 aviones de transporte y 12 aviones de reconocimiento, en total 52 naves.

En cambio El Salvador solamente tenía: 6 aviones de combate “Cavalier F-51 Mustang”, 5 aviones de transporte “Douglas C-47”, 5 de reconocimiento CESSNA-180 y 182, haciendo un total de 21 aviones militares. El personal de la Fuerza Aérea para esa época era de 1,000 hombres, de éstos 25 eran pilotos y el resto mecánicos, tropa y paracaidistas.

Otra circunstancia negativa para nuestra aviación consistía en que los “corsarios” hondureños eran superiores por tener hélice de cuatro aspas, mientras que los “mustang” salvadoreños, solamente tenían tres. Esta desventaja le concedía a los contrarios unos 60 km. Por hora de mayor velocidad. Además, los aviones hondureños contaban con cañones de 20 mm., en cambio los nuestros solamente tenían ametralladoras calibre punto.50 pulgadas.

Por todas estas circunstancias desventajosas para nuestro país, el Alto Mando optó por el ataque sorpresa, ya que era la única manera de obviar la situación. Sin embargo, el patriotismo nato de los salvadoreños contribuyó a fortalecer aquella arma de defensa, al presentarse, voluntariamente, los pilotos del Club de Aviación Civil, quienes aportaron 20 avionetas, para que debidamente artillados, se sumaran a la Fuerza Aérea que pondría en alto el nombre de la Patria.
En plena Campaña Militar de Legítima Defensa contra Honduras, la Fuerza Aérea Salvadoreña adquirió 18 aviones NAA F-51D, con lo cual reforzó de manera apropiada el potencial de combate de esa rama estratégica de la Fuerza Armada.

CRECIMIENTO DE LA FUERZA ARMADA EN 1969, A CONSECUENCIA DEL CONFLICTO ARMADO.
Un sentimiento de solidaridad cundió entre los salvadoreños, considerando
la justa causa que se defendía. En julio de 1969 millares de jóvenes de todas las clases sociales, se presentaron voluntariamente a los cuarteles para ser enlistados y enviados a los frentes de batalla.

La Fuerza Armada enfrentó la crisis militar con más o menos 12,000 efectivos. Debe consignarse que los Batallones de Reservistas, fueron desmovilizados después del 30 de julio de 1969, una vez cumplida su misión como defensores de la causa nacional. Los complementos por batallón, que consistían en unos 800 hombres para cada uno, también fueron desmovilizados.
Después de estos acontecimientos, la Fuerza Armada se redujo nuevamente a unos 6.500 hombres.

Los conflictos ya sean estos internos o externos, como hemos podido observar no son una acción casual, es un producto combinado de factores económicos, políticos y sociales, propios para la explotación demagógica y propagandística de grupos detractores del sistema democrático.

Estos elementos utilizaron diferentes banderas y concepciones ideológicas con el fin último de provocar una crisis total que les permitiera alcanzar el poder por cualquier medio.

En este contexto de la “Guerra Fría” o “Conflicto Este-Oeste”, representada por las fricciones entre dos ideologías antagónicas (capitalismo versus comunismo), generando aquí en Centroamérica un campo de batalla entre ambas concepciones ideológicas.

La Fuerza Armada de El Salvador, para el año de 1979, contaba con 16.108 efectivos, de los cuales 4.000 pertenecían a los Cuerpos de Seguridad Pública (CUSEP). El armamento y equipo en ese momento era en su mayor parte obsoleto, a excepción del adquirido para antes de la Guerra de las 100 Horas. Su preparación netamente militar estaba dirigida al entrenamiento para una guerra regular y con una preparación de contra-guerrillas a nivel básico.

Su ordenamiento jurídico está basado en el Art. 212 de la Constitución de la República que expresa: “La Fuerza Armada tiene por misión la defensa de la soberanía del Estado y de la integridad del territorio. El Presidente de la República podrá disponer excepcionalmente de la Fuerza Armada para el mantenimiento de la paz interna, de acuerdo con lo dispuesto por esta Constitución”.

En 1979, El Salvador estaba envuelto en una crisis interna provocada por la violencia callejera de las masas. Paralelamente, se produjo el pronunciamiento militar del 15 de octubre y se integró una Junta Revolucionaria de Gobierno, en forma transitoria, mientras se establecían las condiciones necesarias para realizar elecciones auténticamente libres.

Sin embargo la violencia callejera y confrontación directa de las masas con el Gobierno recrudecieron. La crisis vino en aumento hasta transformarse en el conflicto más sangriento registrado en la historia de El Salvador y que se prolongó por doce años.

La Fuerza Armada, para darle cumplimiento al mandato constitucional de mantener la seguridad interna y apoyar el proceso democrático, efectuó cambios estratégicos dentro de la estructura institucional. Las tres Brigadas de Infantería de 1979, totalizaron seis para 1985. Los Destacamentos de Frontera se convirtieron en siete Destacamentos Militares que fueron situados en cabeceras departamentales y presentaban mayor capacidad de combate debido al incremento de personal y armamento en las unidades de apoyo de combate, especialmente Artillería y Fuerza Aérea.

Atendiendo al crecimiento organizativo institucional el 1º de junio de 1984, por Decreto Legislativo Nº 1, publicado en el Diario Oficial tomo Nº 283, Nº 102, se creó el Vice Ministerio de Seguridad Pública, adscrito al Ministerio de Defensa al que pertenecieron los cuerpos de Seguridad. Para 1985, el mejoramiento en la capacidad bélica de la Fuerza Armada, alcanzó los 51,854 elementos.

Ese incremento alcanzado en 1985, permitió contrarrestar el movimiento subversivo, que había experimentado abundante crecimiento en sus filas y, de manera interrumpida, recibía apoyo internacional creciente y de todo tipo.

En el período de 1986 a 1991, las acciones terroristas experimentaron un alza notable tendiente al desgaste de la Fuerza Armada, por medio de minas, ataques a las instalaciones militares y sabotaje a la economía nacional, especialmente al sistema de energía eléctrica, transporte y propiedad privada. El apoyo de los países comunistas les permitió abastecerse de armamento sofisticado de gran alcance, especialmente misiles tierra aire SA-7 y SA-14.

Paradójicamente, a este incremento insurgente, tanto en su accionar como en la modernización armamentista, la Fuerza Armada no sufrió mayores cambios durante este período. Su número de efectivos alcanzó gran estabilidad. Para 1991 llegó a ser de 63.175 efectivos, considerándose que ha sido la mayor cantidad de efectivos que ha tenido la Fuerza Armada, contados entre miembros del Ejército, Fuerza Aérea, Fuerza Naval y Cuerpos de Seguridad.

En el mismo período, específicamente el 4 de abril de 1990, en Ginebra, Suiza, el Gobierno de la República, se comprometió a finalizar el conflicto armado por la vía política, al más corto plazo. De esta manera inicia el proceso de negociación con la insurgencia; las reuniones se llevan a cabo en San José Costa Rica; Caracas, Venezuela; México D. F. y en Nueva York. En ellas dio inicio un difícil y prolongado diálogo, promovido por el Gobierno, que llegó a su feliz término con la firma de los Acuerdos de Paz, efectuada en Castillo de Chapultepec, México el 16 de enero de 1992.

Uno de los aspectos medulares del acuerdo lo constituyó el Plan de Reorganización de la Fuerza Armada, que consideraba una reducción progresiva hasta un 50.2% de su totalidad. Su reducción incluyó: organización, unidades, personal, material, equipo, instalaciones, estructuras administrativas y de servicio Al finalizar el año 1992, se tenían únicamente, 37,800 efectivos.

Se cumplió con la desmovilización de los Batallones de Infantería de Reacción Inmediata, de la siguiente manera: BIRI “Atlacatl” el 8 de diciembre de 1992; BIRI “Gral. Manuel José Arce” el 6 de febrero de 1993; BIRI “Gral. Ramón Belloso” el 16 de septiembre de 1992; BIRI “Atonal” el 6 de enero de 1993; y BIRI “Gral. Eusebio Bracamonte” el 15 de agosto de 1992; también con los Batallones de Infantería Antiterrorista, BIAT, de todas las unidades militares; también fueron suprimidos los Cuerpos de Seguridad Pública: la Guardia Nacional el 25 de junio de 1992 y la Policía de Hacienda el 1 de marzo de 1992.

De los Cuerpos de Seguridad, el último desmovilizado fue la Policía Nacional que cesó sus funciones hasta el 31 de diciembre de 1994 debido a la necesidad de la recién creada Policía Nacional Civil (PNC), en el trabajo requerido por el auge delincuencial de esa época.

El 31 de diciembre de 1992, fue suprimido el Centro de Estudios de la Fuerza Armada (CEFA) y, en su lugar, se creó el Comando de Doctrina y Educación Militar (CODEM), dependencia del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada. El CODEM es el organismo rector de Sistema Educativo de la Fuerza Armada (SEFA), que fue definido en los artículos 212 y 213 de la Reforma Constitucional, acordada en abril de 1991 y reestructurado el 6 de mayo de 1994.

El 6 de febrero de 1993, al ser suprimida de la Fuerza Aérea Salvadoreña la agrupación de Fuerzas Especiales compuesta por el Batallón de Paracaidistas y Grupo de Operaciones Especiales (GOE), se creó el Comando de las Fuerzas Especiales, (CFE), unidad estratégica dependiente del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada (EMCFA), a la que también fue incorporado el Comando Especial Antiterrorista (CEAT).

Otra reestructura institucional de esta misma fecha permitió que el Destacamento Militar de Ingenieros, (DMIFA), se convirtiera en Comando de Ingenieros de la Fuerza Armada (CIFA), con el objetivo de efectuar trabajos generales de ingeniería de construcción y de combate en todas las especialidades para apoyar a la institución castrense y colaborar en obras de beneficio público.

SEXTO PERIODO
El Centro de Instrucción de Transmisiones de la Fuerza Armada (CITFA), se reestructuró a partir del 31 de mayo de 1993, para convertirse en Comando de Apoyo de Transmisiones de la Fuerza Armada (CATFA), a fin de proporcionar mejor apoyo a las unidades militares, especialmente en lo referente a la instalación, operación y mantenimiento de los sistemas de comunicaciones militares, apoyo y adiestramiento electrónico de guerra y apoyo logístico para el abastecimiento y mantenimiento de transmisiones.

Para julio de 1994, la Fuerza Aérea Salvadoreña fue reorganizada en: Primera y Segunda Brigadas Aéreas, con sede en Ilopango y Comalapa, respectivamente, y el Centro de Instrucción Militar Aeronáutico (CIMA).

También en 1994 se crearon los Estados Mayores Generales de la Fuerza Aérea Salvadoreña (EMGFAS) y de la Fuerza Naval. (EMGFN).

Para el 1º de enero de 1995, inició sus operaciones una Misión Militar Chilena, integrada por un Coronel y dos tenientes coroneles, quienes realizaron un análisis de la organización general y funcionamiento de la Fuerza Armada con el propósito de brindar asesoría al Alto Mando de la Fuerza Armada y a las autoridades del Comando de Doctrina y Educación Militar en el proceso de reorganización y modernización institucional al igual que la reestructuración del Sistema Educativo y Doctrinario institucional.

Iniciado 1998 y basada en los principios doctrinarios de apoliticidad, no deliberancia, obediencia y profesionalismo y ante la impostergable exigencia de adaptarse a la modernización del Estado, la Fuerza Armada diseñó el Plan de Modernización Arce 2000 con el propósito de fortalecer la institución, a través de la continuidad, coordinación, globalidad, e integración de las unidades militares y adaptarse a los cambios del próximo milenio, tanto en el entorno nacional, como en el regional, continental y mundial.

Con la modernización propuesta por el Plan Arce 2000 se crearon: la Unidad de Prevención de Accidentes, la Unidad de Autogestión Económica, la de Planificación Institucional, la de Relaciones Públicas, las secciones de Búsqueda y Rescate, la del Sistema de Cooperación de la Fuerzas Aéreas Americanas (SICOFA), la Unidad de Cuartel General y otros grupos. La Fuerza Naval mantuvo su antigua organización excepto por la unidades que fueron desmovilizadas tras los Acuerdos de Paz.

La Fuerza Armada ha cumplido también otras misiones complementarias como son la colaboración en programas de alfabetización, de salud, mejoramiento ambiental, construcción de obras de ingeniería, desminado, etc.

De igual manera, en cumplimiento al Art. 212 como misión constitucional se establece que “La Fuerza Armada colaborará en las obras de beneficio público que le encomiende el Órgano Ejecutivo y auxiliará a la población en casos de desastre nacional”.

La Fuerza Armada ha demostrado el cumplimiento de ese mandato. Durante el invierno de 1998, la Tormenta Tropical “Match” ingresó al territorio nacional causando lluvias torrenciales en todo el territorio nacional y desatando una tragedia de grandes proporciones, que sin la colaboración inmediata de todas las unidades de la Fuerza Armada, hubiese tenido un impacto mucho mayor sobre la población salvadoreña.

Apoyado por helicópteros UH-1H, el personal de la Fuerza Armada pudo realizar eficientemente rescates y evacuaciones en todos los puntos críticos del país, además, miembros de la institución, sin importar las inclemencias del tiempo, desarrollaron operaciones de rescate en lugares de difícil acceso. Con el fango hasta el pecho, debajo de un gran aguacero, con vientos de hasta 150 KM/H, y aún con el riesgo de perder su propia vida, los Soldados de las distintas Unidades Militares se adentraron a zonas devastadas por el “Mitch” en busca de sobrevivientes. Los pilotos de los helicópteros, volaron hasta por 14 horas consecutivas evacuando y rescatando personas que habían quedado en medio de las grandes lagunas provocadas por las inundaciones.

Asimismo, personal de la Fuerza Naval, en coordinación con miembros de la PNC, el Comité de Emergencia Nacional, (COEN) y pobladores de los lugares afectados, realizaron rescates y evacuaciones por medio de pequeñas embarcaciones navales.


Después de pasada la caótica crisis que imperó por más de 4 días en la zona oriental, la Fuerza Armada fue el medio por el cual el COEN comenzó a llevar ayuda a las personas damnificadas, a través de camiones tipo REO y Helicópteros, para sufragar la necesidad de alimentación y ropa a todas aquellas personas que habían sido víctimas de la más fatídica y cruel de las Tormentas Tropicales que, en esa oportunidad, afectaron a El Salvador.

Algunos años más tarde, a las 11:35 Hrs. del día sábado 13 de enero de 2001, un terremoto de 7.6 grados en la escala de Richter, estremeció durante 45 segundos al país, causando destrucción generalizada en 172 de los 262 municipios del territorio nacional. Su epicentro fue localizado 100 kilómetros al suroeste en el Océano Pacífico.

Un mes después, a las 08:22 horas del martes 13 de febrero, un segundo terremoto de 6.6 grados, concentró sus daños en la zona paracentral del país; sacudiendo violentamente durante 20 segundos los departamentos de La Paz, San Vicente y Cuscatlán, afectando seriamente poblaciones que no habían sido estremecidas durante el primer movimiento. El alto poder destructivo de ambos terremotos produjo destrucción generalizada que afectó considerablemente la infraestructura del país, específicamente, el sector vivienda.

La participación de la institución castrense fue inmediata, de gran cobertura y en múltiples áreas. Las labores de asistencia y rescate fueron destacadas desde las primeras horas del terremoto inicial. Este recurso constitucional respondió sin demoras ni excusas a los acontecimientos presentados. Las actividades de remoción de escombros de prolongaron por más de dos meses y las de reconstrucción por más de dos años.
Las actividades llevadas a cabo con gran sacrificio, patriotismo y eficiencia por parte de la Fuerza Armada durante las emergencias, se pueden delinear en cuatro grandes etapas, que son:
· Manejo y estabilización de la crisis.
· Remoción de escombros.
· Construcción de viviendas temporales, y
· Construcción de viviendas permanentes.

Finalmente, en un esfuerzo afín para iniciar la reconstrucción del país, el señor Presidente de la República ordenó a la Fuerza Armada poner en ejecución el PLAN TENESÍ, que significa “amanecer” en náhuat, el cual tuvo como objetivo primordial construir 75,000 viviendas temporales en 81 municipios de 12 departamentos a escala nacional en tiempo récord –antes del inicio de las lluvias-. La misión de la Institución consistió en levantar las 75,000 viviendas provisionales que permitieron a igual número de damnificados –sin techo- resguardarse del invierno que se inició en mayo. Todo el proceso, incluyendo el diseño, adquisición y compra de materiales, producción, montaje e instalación, son desarrollados en forma completa por la Institución. Miles de soldados de diferentes guarniciones y zonas del país participaron en esa misión, que se prolongó hasta la construcción de las viviendas definitivas

No siendo factible atender aisladamente los desastres naturales, tan comunes en la región centroamericana, las Fuerza Armadas de los países del istmo se unieron, el 17 de diciembre de 1997, en la Conferencia de las Fuerzas Armada Centroamericanas (CFAC), la cual consideró conveniente la creación, organización y funcionamiento de la Unidad Humanitaria de Rescate UHR-CFAC.

Esta unidad, de acuerdo con el modelo centroamericano de seguridad democrática, contribuye en el área de defensa, a fortalecer los mecanismos de coordinación operativa de la ayuda humanitaria frente a desastres naturales.

En esa dimensión y en el escenario causado por los sismos ocurridos en El Salvador en enero y febrero de 2001, el Ministro de la Defensa Nacional de El Salvador, Gral. Juan Antonio Varela reconoció la valiosa misión humanitaria realizada por los componentes de esa unidad, pertenecientes a las hermanas Repúblicas de Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Y dijo: ”Estamos convencidos, que los logros alcanzados abonan el trabajo y proyección de la Conferencia, pero, consideramos que no debemos conformarnos con ellos; porque los retos del nuevo milenio y la evolución del concepto de seguridad, imponen desafíos cada día más complejos a los que deben responder las Fuerzas Armadas”[6].

Transcurridos más de doce años de la firma de los Acuerdos de Paz, período que ha dado espacio a cinco Asambleas Legislativas y tres Presidentes de la República, elegidos libre y democráticamente, la Fuerza Armada se ha mantenido alejada del poder político, y sus bases constitucionales e institucionales, tienden a cimentarse y solidificarse, profundizando la institucionalidad de la misma, haciéndole partícipe de nuevos roles en el ámbito nacional e internacional, entre ellas las Operaciones de Paz.

Con el final del conflicto entre el Este y el Oeste a finales de los 80 e inicios de los 90, los movimientos liberacionistas de inspiración marxista leninista pierden apoyo internacional, y es así como la Fuerza Armada, concluida la contienda interna vuelven a su rol constitucional de ser garantes de la soberanía e integridad territorial, así como a coadyuvar en el desarrollo nacional y actuar en apoyo a instituciones del gobierno en caso de emergencia.

Sin embargo, un nuevo fenómeno surgió en el escenario internacional, con motivo de los atroces atentados contra las torres gemelas en Nueva York, el fatídico 11 de septiembre de 2001, el cual pone en evidencia la debilidad institucional para combatir el terrorismo, demostrado, paradójicamente, en la nación más poderosa del Planeta.

Como integrante del sistema de las Naciones Unidas, El Salvador tuvo que responder al contenido de la Resolución 1373[7] de dicho organismo, en donde se exhortó a todos los Estados a reprimir el terrorismo en todas sus manifestaciones; siendo así un nuevo cambio se vislumbraba, la posibilidad de participar en operaciones fuera de las fronteras nacionales, en apoyo a otros países que buscan salir adelante después de enfrentar gobiernos totalitarios que apoyan el terrorismo internacional.

Fue así como la Asamblea Legislativa desarrolló y amplió lo establecido en el Art. 2 de la Constitución de la República, promulgando a partir de Agosto de 2002, con respecto a la Ley de la Defensa Nacional, en la cual se estipula que la Seguridad Nacional es “El conjunto de acciones permanentes que el Estado propicia para crear las condiciones que superan los conflictos internacionales, perturbaciones a la tranquilidad pública, catástrofes naturales y aquellas vulnerabilidades que limitan el desarrollo nacional y pongan en peligro el logro de los Objetivos Nacionales”. En el artículo 2 de la referida Ley de Defensa, enuncian los objetivos, entre los cuales, el Nº 3 dice que la Fuerza Armada deberá: “Contribuir al mantenimiento de la paz y seguridad internacional”.

En ese orden se crea Batallón CUSCATLÁN. Congruente con los propósitos antes mencionados, El Salvador decide apoyar a los Estados Unidos de América y el 12 de agosto de 2003 envió el primer contingente de tropas a Iraq, en apoyo a la reconstrucción de dicho país. Dicha unidad, denominada Batallón CUSCATLÁN I, estuvo conformada por 10 oficiales superiores, 14 oficiales subalternos, 26 suboficiales y 311 elementos de tropa, totalizando 361 elementos, quienes ejecutaron misiones especiales de paz para la reconstrucción y asistencia humanitaria en el sector centro-sur de Iraq, con el propósito de crear un ambiente estable y seguro para facilitar la transición a las autoridades iraquíes.

El primer contingente, que fue relevado el 12 de febrero de 2004, regresó al país sin haber sufrido ninguna novedad. Posteriormente se envió el segundo contingente, el cual tuvo que sufrir varias bajas en combate, entre los que sobresalen el Cabo Samuel González Toloza, herido en una acción heroica y el soldado Natividad Méndez Ramos, quien sacrificó su vida en el cumplimiento del deber.

Finalmente la participación de la Fuerza Armada de El Salvador, hasta el año 2008, con 10 contingentes y mas de 3,000 soldados que han participado en la Operación de ayuda humanitaria y de reconstrucción en Iraq, sigue cumpliendo el mandato constitucional por la Soberanía del Estado y la integridad del territorio, apoyar a la población civil en casos de desastres naturales y excepcionalmente apoyar a la seguridad publica.

Quiero finalizar mi intervención retomando, el editorial de un rotativo capitalino dijo: al referirse a la Fuerza Armada como: “…ha quedado una vez más en evidencia que la institución más capacitada, ordenada y efectiva para atender momentos de crisis es la Fuerza Armada, porque la naturaleza de su formación le da la disciplina y responsabilidad para cumplir tareas que exigen respuesta instantánea”.[8]

Hasta aquí llega mi modesta participación, esperando haber llenado las expectativas generadas en torno a la evolución histórica de la Fuerza Armada, con más de 180 años de existencia en cumplimiento de las misiones que el Órgano Ejecutivo encomienda a nuestra Institución.


[1] Publicado en “La Gaceta de El Salvador”, No. 87, Tomo VI, del 27 de febrero de 1858.
[2] Leistenschneider, María y Freddy. GOBERNANTES DE EL SALVADOR. Pág. 109. HISTORIA DE El Salvador. T. II Francisco J. Monterrey Pág. 241.
[3] Diario Oficial del 3 de agosto de 1904.
[4] Bustamante Maceo, Gregorio. HISTORIA MILITAR DE EL SALVADOR. 2ª. Edición. Imprenta Nacional. El Salvador. 1951. Pág. 99.
[5] Ibíd.
[6] BOLETÍN INFORMATIVO “CFAC”. Edición No. 2 Enero-Junio/2001. San Salvador. Pág. 2-3.
[7] Revista: “Diálogo”. Vol. 13. No. 3. 2003. Págs. 4-5.
[8] “La Prensa Gráfica”, 20 de marzo de 2001.