viernes, 14 de agosto de 2009

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA FUERZA ARMADA DE EL SALVADOR

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA FUERZA ARMADA DE EL SALVADOR.

1.- INTRODUCCIÓN.
Quiero presentar un afectuoso saludo a tan distinguida concurrencia, en esta oportunidad que tengo el honor de disertarles sobre Información “EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA FUERZA ARMADA DE EL SALVADOR HASTA NUESTROS DÍAS”, que espero sea de mucho beneficio, y que ayude a enriquecer los conocimientos y experiencias muy propias de cada uno de ustedes.

2.- LA AGENDA QUE DESARROLLARE ES LA SIGUIENTE:
a.- Primer Periodo.
b.- Segundo Periodo.
c.- Tercer Periodo.
d.- Cuarto Período
e.- Quinto Periodo
f.- Sexto Periodo.
g.- Preguntas y respuestas.

3.- DESARROLLO:
PRIMER PERIODO: CREACIÓN DEL EJÉRCITO SALVADOREÑO

La creación del Ejército en El Salvador se remonta a la época adyacente a la independencia y se efectúa con el propósito específico de salvaguardar la libertad y la soberanía alcanzada a través del acta del 15 de septiembre de 1821. Especialmente, después de afrontar las huestes mexicanas del Emperador Agustín Iturbide que, al mando del Brigadier Vicente Filísola, intentaron anexar a las nuevas provincias libres, al ilegítimo imperio Mexicano. Una vez retiradas las tropas de ocupación, en Guatemala, se emitió el siguiente Decreto Legislativo del 5 de agosto de 1823:
“La Asamblea Nacional Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América, considerando arreglar de algún modo la fuerza armada y prescribir el régimen militar que por ahora puede adoptarse; ha tenido a bien decretar y decreta:
1º. Habrá un comandante general de las armas en cada una de las Provincias Unidas del Centro de América.
2º Estos comandantes serán absolutamente independientes entre sí, y dependientes sólo del Supremo Poder Ejecutivo por medio del Ministerio de la Guerra y de la Junta Consultiva de Guerra en los términos que este decreto expresa”. (Hay siete artículos más en la presente ley).

El 05 de marzo de 1824 se instaló en San Salvador el Congreso Constituyente del Estado que inició su período de sesiones el 05 de marzo de 1824 y, el 18 de abril, después de su viaje por los Estados Unidos, asistió a sesión extraordinaria el coronel Manuel José Arce y estuvo también presente en las subsiguientes reuniones durante ese mes. Fue en la sesión del 27 de abril que “se dio cuenta con la instancia de varios individuos del Escuadrón de Dragones de esta ciudad, en que piden con apoyo y recomendación del C. Manuel José Arce, antiguo comandante y coronel de ese cuerpo, su reorganización”. En las sesiones subsecuentes, numerosos hechos hicieron considerar a los miembros del congreso sobre la importancia de la reorganización de una fuerza útil al Estado y se nombró para su estudio una comisión especial.

En el informe presentado al Congreso por la mencionada Comisión, durante la sesión del 07 de mayo de 1824, se leyó sobre “el arreglo y organización de la fuerza que debe levantarse para el sostenimiento de la libertad y defensa de los derechos de los pueblos” en cuya elaboración había puesto todo su empeño el coronel Arce. Este proyecto tuvo votos a favor y en contra, pero al final de la discusión parlamentaria los miembros del Congreso tuvieron a bien emitir la ley de creación de la Legión de la Libertad.

Durante este período y ante la ausencia de militares de carrera, se permitió la incorporación de oficiales franceses como Raoul, Saget, Pierzon y Jonuma; de Colombia, llegaron Rafael y Guillermo Merino, extranjeros que contribuyeron a mantener el clima bélico y no de paz.

SEGUNDO PERIODO
En concordancia con el Decreto de Gobierno del 6 de febrero de 1841, en la Recopilación de Leyes del Dr. Isidro Menéndez, Título I, Ley I, Pág. 285, el Ejército Salvadoreño presentaba la siguiente organización y distribución:
Rama Militar:
A. Brigada de Artillería: compuesta por un Capitán Comandante, 2 Tenientes Milicianos, 4 Subtenientes, 1 Sargento Primero Veterano, 6 Sargentos Segundos Milicianos, 8 Cabos Primeros Milicianos, 8 Cabos Segundos Milicianos, 37 Soldados Milicianos.
B. Batallón de Infantería: Estaba compuesto de 400 efectivos, divididos en dos Compañías, con sus correspondientes Jefes, oficiales y Clases.
C. Escuadrón de Caballería: compuesto por 100 plazas de tropa, divididos en dos Compañías, con sus correspondientes Jefes, Oficiales y Clases de Sargentos y Cabos.

En la Constitución de 1841, el Presidente de la República asumía la condición de Comandante en jefe de la Fuerza Armada y la administración local estaría en manos del Comandante Militar Regional. También se otorgó a los Poderes Legislativo y Ejecutivo, las facultades de organizar al Ejército y las Milicias de El Salvador en caso de guerra.
Debe advertirse que en esta época, la organización militar se hacía en tiempos de crisis, de forma temporal, para evitar una carga al Erario Nacional de manera permanente, por lo cual concluido el conflicto, los milicianos regresaban a sus labores agrícolas y domésticas.
El 4 de febrero de 1848, se da el Decreto Legislativo que faculta al Gobierno para formar el Reglamento de Marina del Estado.

TERCER PERIODO

Durante la administración presidencial del General Miguel Santín del Castillo, el Congreso de la República emitió el decreto sin número, del 18 de febrero de 1858, por medio del cual se creó el Ministerio de Hacienda y Guerra[1], que asumió, dentro del Ejecutivo, la responsabilidad de administrar al Ejército o Fuerzas Armadas.

El 19 de Mayo de 1858, el Presidente salvadoreño Miguel Santín del Castillo estableció en San Salvador, la primera Academia o Escuela Militar para la enseñanza táctica de artillería, infantería y caballería[2]. También decretó su reglamento de Funcionamiento. Esta academia funcionó por breve tiempo, en 1959, bajo la dirección del Gral. José María Melo.
Por Decreto Legislativo del 21 de febrero de 1866, se creó nuevamente el Colegio Militar de El Salvador, que fue inaugurado el 15 de Oct. de 1868, durante la administración del Dr. Francisco Dueñas. Cerró en 1876 cuando los cadetes tuvieron que marchar a la guerra de Guatemala y Honduras contra El Salvador.

El 14 de enero de 1888, durante la administración del Gral. Francisco Menéndez, y por medio de Decreto Ejecutivo en el Ramo de la Guerra, quedó abierta nuevamente la institución educativa castrense, que fue denominada Escuela Politécnica de El Salvador. Cerró sus aulas en 1891 (3 años después), cuando los cadetes la abandonaron, en repudio al Gob. de Carlos Ezeta, quien causó la muerte del benemérito Gral. Menéndez, su fundador.

La Constitución de 1864, por primera vez, tuvo un apartado especial dedicado a la Fuerza Pública (Milicia Nacional y Ejército) como “la institución responsable para defender el Estado, asegurar el orden público y la ejecución de las leyes al margen del derecho constitucional”. Según este apartado, la Fuerza Pública se compone de la milicia nacional y del ejército de tierra y mar. “Es instituida para defender al Estado contra los enemigos exteriores y para asegurar en el interior, el mantenimiento del orden y la ejecución de las leyes”. Esta nueva ley dio como resultado la organización de las fuerzas de policía (Cuerpos de Seguridad Pública) y el establecimiento del orden público en el interior del país.

La Constitución de 1871, con relación a la Institución Armada, rectificó los siguientes aspectos:
a. Se ratificó el criterio del Presidente Dueñas de que el Presidente de la República debe ser Comandante del Ejército y Fuerza Armada (Art. 47, numeral 10).
b. Se condena la guerra de invasión (Art. 47, numeral 11).
c. En forma constitucional, se establece el principio de no intervención.

La Constitución de 1872, introdujo nuevas reformas, como la de conferir al Presidente de la República, la condición de Comandante General del Ejército, de acuerdo al Art. 89, sección 5ª. Además, se utilizan en forma semejante los títulos de Ejército Nacional y Fuerza Armada para referirse a la Institución Militar. Por otra parte, se estableció que el Ejército de la República de El Salvador se componía de la milicia y la marina. El número de sus efectivos sería de 6 mil hombres, y el pie de la fuerza permanente en tiempo de paz, se fijaría anualmente por la legislatura (Art. 122).

La Constitución de 1880 reformó el capítulo de la Fuerza Armada, de la manera siguiente:
a. El Presidente de la República será el Comandante General del Ejército y depositará el poder Ejecutivo en uno de los senadores asignados sección 5ª Art. 84.
b. La Fuerza Armada es esencialmente obediente. Art. 116.
c. Los miembros del Ejército que gozarán del fuero de guerra estarán sujetos a los procedimientos y penas de las ordenanzas y leyes militares (Art. 118).

En este contexto jurídico militar, cuando se dictó esta Carta Magna surgen las Ordenanzas y Leyes Militares de la Fuerza Armada que tendrían la finalidad de regular su organización y funcionamiento a través de un decreto que especificara los derechos, obligaciones y responsabilidades de sus miembros.

Durante la existencia de la Fuerza Armada en el Siglo XIX, la Institución Castrense ha sido regida por muchas leyes y reglamentos estrictamente militares.
Dentro del período de 1872-1900 se dictaron las siguientes:
* Leyes referentes a las milicias
* Organización del Cuerpo de Veteranos
* Ascensos y recompensas
* Escuelas Militares
* Junta Superior de Instrucción Militar
* Adopción de la táctica española
* Fuero de Guerra
* Estados Mayores
* Escalafón Militar
* Sección General de Inspección anexa al Ministerio de Guerra
* Academias y ejercicios
* Uniformes
* Hospital Militar
* Jueces de Paz y de Primera Instancia Militar
* Reglamento de Sanidad Militar
* Reglamento de Navegación y Marina
* Reglamento de Marina para los Puertos de la República.
La Constitución de 1883 se promulgó durante la Presidencia del Dr. Rafael Zaldívar. Al capítulo de la Fuerza Armada, se le hicieron algunas reformas como las siguientes: en el Art. 121 se cambió la palabra “obligatoria” por obediente. Al Art. 122 se le agregó a la “fuerza permanente” como parte del ejército.

El Art. 135 afirma que cada pueblo de El Salvador contribuirá a la formación integral del Ejército, según el número de sus habitantes. La elección de los miembros del Ejército se realizará por sorteo y la Asamblea Legislativa establecerá la Fuerza Permanente en época de paz para proteger los puertos, las plazas y los almacenes de guerra. El Art. 136 aclara que solamente los miembros del Ejército de la República en servicio activo y que tengan delitos militares gozarán del fuero de guerra (derecho militar). El fuero atractivo queda abolido y en los juicios por Consejo de Guerra, la elección de los vocales será entre oficiales y por sorteo de acuerdo a la ley.
Varios gobernantes han tenido el propósito de mejorar la preparación técnica y táctica de la Fuerza Armada. Fue así como el presidente Cap. Gral. Gerardo Barrios hizo llegar una Misión Militar de instructores procedentes de Francia para la organización del Ejército. La misión también incluyó instructores para la educación superior.

La Primera Misión Militar Española, vino al país durante la administración del Dr. Francisco Dueñas en el año de 1868; una de las acciones más relevantes de esta misión, fue el haber organizado la Primera Escuela Politécnica de El Salvador, cuya dirección se encomendó al Capitán Luis Pérez Gómez, quien contó con un selecto cuerpo de profesores, todos de origen español.

Durante la administración del Mariscal Santiago González se promulgó el Primer Código Militar (1871 – 1876).

En el período presidencial del General Francisco Menéndez se dictó el Reglamento de Milicias y en 1886, llegó al país la Segunda Misión Militar Española, con la cual se refundo la Escuela Politécnica desempeñándose como Director y Subdirector de la misma, los capitanes españoles José María Francés Resello y Julio Moya. También bajo los auspicios de esta misión el gobierno del Gral. Menéndez creó la Escuela de Cabos y Sargentos, bajo la dirección del oficial español José Ruiz Pastor.

Durante el interinato del General Fernando Figueroa (1885) se estableció el servicio de las armas, con carácter obligatorio para todos los salvadoreños.

En la época del General Rafael Antonio Gutiérrez (1895 – 1898) se construyó el Cuartel de Artillería denominado “El Zapote”.

Entre 1895 y 1898, el gobierno del Gral. Rafael Antonio Gutiérrez, gestionó el envío de una tercera misión española, la cual fue encabezada por el Capitán Ely Sánchez Valdez y otros dos oficiales.

En 1900, el Gral. Tomás Regalado, además del establecimiento de la Escuela Politécnica Militar, se construyó el cuartel y cárceles de Santa Ana; se creó la “Sección General de Inspección”, anexa al Ministerio de la Guerra y se creó la Policía Rural Montada.

A principios del Siglo XX, se hizo patente la necesidad de profesionalizar a los miembros de la Fuerza Armada, este deseo, fue fervientemente apoyado por la mayoría de los Presidentes de la República, quienes conscientes de la importancia de su labor, no escatimaron esfuerzos para lograr un rendimientos y un grado óptimo entre aquellos profesionales de las armas que salían de la Escuela respectiva.

Otra de las Misiones Militares que vino a nuestro país con el fin de ayudar a la tecnificación de la Fuerza Armada, fue la I Misión Militar Chilena, invitada durante la administración del señor Gral. Tomás Regalado, en el año de 1901; dicha misión estuvo integrada por los señores oficiales Teniente Julio Salinas Alarcón y Armando Llanos Calderón.

Terminó su trabajo el 1 de mayo de 1912. Su amistad con nuestro país los llevó a adoptar la ciudadanía salvadoreña, llegando a ser Generales de la Fuerza Armada de El Salvador.

El Gobierno de Chile, por Ley No. 16109 del 4 de septiembre de 1903, comisionó a un grupo de oficiales del Ejército para trasladarse a El Salvador y servir allí como instructores de dicha institución. Esta delegación estaba integrada por los siguientes oficiales: Capitán Juan Pablo Bennet Argandoña, Capitán Francisco Legreze Frick, y Teniente Carlos Ibáñez del Campo.

La función de estos oficiales era la de reorganizar al Ejército Salvadoreño, en calidad de ayudantes de los oficiales superiores de El Salvador. Dentro del conjunto de oficiales que sirvieron en esta misión, destaca la figura del más tarde Gral. Carlos Ibáñez del Campo, quien permaneció seis años en El Salvador y al regreso a su Patria, fue electo dos veces Presidente de la República.

Para 1907, el Teniente Ibáñez participó como Comandante de Regimiento en el conflicto fronterizo con Honduras; luego se desempeñó como Director de la Escuela Militar e Instructor de los Regimientos de Caballería de la ciudad de San Salvador.

Los Capitanes Bennet y Legreze regresaron a Chile, después de cuatro años de permanencia en nuestro país; Bennet llegó a ser Director de la Escuela Politécnica de El Salvador.


CUARTO PERIODO


Con el fin de profesionalizar a todos sus miembros, durante la administración del Presidente Dr. Manuel Enrique Araujo, durante los años 1911 – 1913, a iniciativa del General José María Peralta Lagos, quien se había graduado como Alférez en los centros educativos militares de España, dando a conocer la importancia de las funciones de la Guardia Civil Española, por lo que consideró los beneficios de este cuerpo en El Salvador.

Fue así que vino a nuestro país, la Cuarta Misión Militar Española, contratando al oficial de la Guardia Civil, Alfonso Martín Garrido, para organizar y dirigir el cuerpo que se llamó GUARDIA NACIONAL, fundada el 13 de febrero de 1912 y desmovilizada el 29 de junio de 1992.

Así también fue traído en la misma misión, el señor Antonio Sáenz Agero, el 29 de diciembre de 1912, para organizar el Estado Mayor Central de la Fuerza Armada. Todas estas Misiones cumplieron con su cometido de organizar nuestra Fuerza Armada, contando para esto con el apoyo de todos los miembros de la Institución Castrense.


A principios del Siglo XIX, según la “Ley Orgánica del Ejército” decretada en 1904, este se componía de cuatro Armas: Infantería, Caballería, Artillería, Ingenieros y Tropas Auxiliares, dividido a su vez en tres categorías: Ejército Activo, Ejército Disponible y Ejército de Reserva.

Según el Artículo 14 de esta Ley, su organización se basada en Compañías, Batallones, Regimientos, Brigadas, Divisiones y Ejército. El mando supremo del Ejército conforme a la Constitución de ese tiempo, residía en el Presidente de la República[3].

Hay que recordar que la Constitución vigente en ese momento, fue la que se promulgó durante la Presidencia del Gral. Francisco Menéndez. Esa Carta Magna tuvo una duración de 53 años, desde 1886 hasta 1939. Con ella, El Salvador se incorporó a la corriente universal y de América Latina de poseer Constituciones de corte liberal.

La Ley primigenia de esta fecha trae algunas adiciones en cuanto a la Fuerza Armada, que se enumeran a continuación:

Al Art. 133, inciso primero se le adiciona lo siguiente: “La Fuerza Armada es esencialmente obediente y no puede deliberar en asuntos del servicio”.
Al Art. 136, al primer inciso se le adiciona que: “Queda abolido el fuero atractivo”, es decir, que no existirían beneficios de orden procesal, por la calidad del imputado, como se hacía en la Edad Media con los miembros de la nobleza.
Al segundo inciso se le agregó: “en el juzgamiento por Consejo de Guerra que establecen las leyes militares, la designación de los vocales se hará, en todo caso, por sorteo entre los oficiales hábiles según la ley”.

El General Tomás Regalado, quien aunque no era Presidente de la República, brindó su apoyo a dos Generales guatemaltecos, para que invadieran Guatemala en tres ocasiones, al ser rechazados, se refugiaron en El Salvador. El apoyo de este militar a los sediciosos fue la causa para que el gobierno de Guatemala le declarara la guerra al Estado Salvadoreño. El general Regalado invadió el vecino país el 9 de julio de 1906[4]. Este evento terminó con la vida del osado general, el 11 de julio de ese año.

Al año siguiente, un movimiento revolucionario encabezado por el General Dionisio Gutiérrez y apoyado por el Ejército nicaragüense, invadió territorio hondureño con el objeto de derrocar al Presidente de este país Gral. Manuel Bonilla. Como el Gral. Fernando Figueroa Presidente de El Salvador apoyaba al mandatario hondureño, mandó tropa en su auxilio, dando inicio así a la guerra que librara El Salvador y Honduras contra Nicaragua en marzo de 1907[5].


Durante la administración del Presidente Dr. Manuel Enrique Araujo (1911 – 1913) interrumpida por su brutal asesinato, se fundó el Estado mayor Central del Ejército; este organismo fue derogado por Decreto Legislativo del 11 de julio de 1919. Por Decreto Ejecutivo del Presidente Araujo fue fundada la Guardia Nacional el 3 de febrero de 1912.


El 23 de diciembre de 1919 por Orden General del Ministerio de Guerra y Marina, No. 20, se organizó el Departamento General de Guerra, en sustitución del Estado mayor Central del Ejército, de la misma forma, en años sucesivos cambió de nombre de acuerdo a las exigencias orgánicas de la Institución Armada en cada época específica.
También en época del Presidente Araujo, el 2 de mayo de 1912, llegó el primer avión a El Salvador; era un aparato rudimentario de fabricación francesa marca Deperdussin, piloteado por el intrépido aviador de la misma nacionalidad, llamado Francois Durafour; este piloto aterrizó en el Campo de Marte, hoy Parque Infantil.

En el período presidencial de don Carlos Meléndez, de 1913 a 1914 se fundó el Hospital Militar.

Durante su segundo gobierno (1915 – 1919), recibió de parte del Gobierno Mexicano, un obsequio consistente en dos aviones destinados a la Escuela Politécnica de nuestro país, uno venía armado y el otro desarmado para que sirviera como “Stock” de repuestos del primero. Este avión voló el 23 de febrero de 1917 en la Hacienda Colima, piloteado por el Capitán Felipe Carranza, iniciándose así la historia de la aviación en nuestro país.

Durante los gobiernos de Jorge Meléndez (1919 – 1923) hubo varios conatos de insurrección, el 16 de febrero de 1922 se alzó en armas una porción de la Compañía de Cadetes de la Escuela Politécnica Militar. El 22 de mayo del mismo año se insurreccionó el Sexto Regimiento de Infantería.

De 1923 a 1927, durante el tercer período presidencial del Dr. Alfonso Quiñónez Molina, arribó a nuestro país, el capitán italiano Enrico Massi, el Mandatario tenía la idea de incorporar el elemento aéreo a nuestro Ejército; el 20 de marzo de 1923 se creó la “Flotilla Aérea Salvadoreña” precursora de la Fuerza Aérea de El Salvador.

El 30 de junio de 1923 se decretó el “Reglamento del Curso Militar de Aviación”, y de acuerdo a éste, se nombró como Director de dicho curso al Capitán Humberto Aberle, quien desempeñó este cargo Ad-Honorem, hasta el 21 de abril de 1924.

El 20 de febrero de 1924, se creó la jefatura de la Aviación Salvadoreña, y según orden de la misma fecha, se nombró al señor General de Brigada e Ingeniero Carlos Carmona, como jefe de la misma. De esta jefatura dependían la Flotilla Aérea Salvadoreña, el Curso de Aviación Militar y otras escuelas civiles de la misma índole.

En los últimos días de la administración del Dr. Quiñónez Molina, se adquirieron quince aviones que vinieron a fortalecer nuestra arma aérea. Mientras fungió como Jefe de la Aviación el General Carmona, el 2 de marzo de 1927, la Aviación quedó anexa a la Secretaría de Estado en los despachos de Guerra y Marina.
En otro orden, el 28 de marzo de 1928, según orden 355 En el Diario Oficial No. 72, del 24 de marzo de 1928 declárase la carrera militar en El Salvador como profesión.

Durante la administración presidencial del Dr. Pío Romero Bosque, mandatario incapaz e indiferente, que menospreció los principales problemas del país, dando amplias libertades a los grupos políticos que favorecieron al comunismo internacional. Fueron las condiciones que dieron origen al levantamiento campesino de inspiración marxista que culminó en 1932.

Preocupado el Presidente Dr. Romero Bosque, hizo que el 27 de noviembre de 1930, el Ejército emitiera un “Manifiesto”, en que jefes y oficiales le juran lealtad y fidelidad en el cumplimiento de la Constitución.


Cuando el Ing. Arturo Araujo asumió la Presidencia el 1 de marzo de 1931, confirió la Cartera de Guerra, Marina y Aviación a su vicepresidente General Maximiliano Hernández Martínez; este logró por algunos meses, mantener la tranquilidad y lealtad del Ejército, pero nueve meses más tarde, el pueblo salvadoreño a través de su Fuerza Armada dio un cruento Golpe de Estado que derroco al incapaz gobierno del Ing. Araujo.

El 2 de diciembre de 1931 el Gral. de Brigada Maximiliano Hernández Martínez, legítimo sucesor, asumió el poder; antes de dos meses, el 22 de enero de 1932 estalló la rebelión; ésta fue el choque de dos culturas, ladina contra indígena. El 18 de enero, los dirigentes de la misma: Martí, Luna y Zapata habían sido capturados por la Policía Nacional, pero las órdenes estaban dadas de antemano y la insurrección se desató.

La debacle cayó sobre todo en ciudades del Occidente de nuestro país; en Izalco asesinaron al Alcalde y a muchos ciudadanos; cuando llegó la Fuerza Armada, los indígenas fueron obligados por sus jefes a resistir, pero ante la superioridad de las armas escaparon a las montañas. El Cacique Feliciano Ama, caudillo de los insurgentes, fue capturado y ahorcado por las turbas enardecidas.

En otras poblaciones como Nahuizalco, Juayúa, Colón, Salcoatitán, Ataco y Tacuba se dieron robos, asesinatos y destrucción de igual magnitud; en la primera población no quedó casa que no fuera violentada y destruida, hasta que las fuerzas del Ejército al mando del Coronel Salinas los desalojó, venciendo la poca resistencia que ofrecieron.

El 23 de enero, cerca de cuatro mil hombres cercaron la ciudad de Ahuachapán y atacaron el 6º. Regimiento de Infantería, pero la guarnición los rechazó, mientras ellos consumaban la destrucción de la ciudad.


Las fuerzas expedicionarias del Ejército enviadas por el Presidente de la República Gral. Maximiliano Hernández Martínez, al mando del Gral. José Tomás Calderón y del Gral. Faustino Choto, cumplieron con su misión de pacificar la zona occidental del país, devolver la seguridad a sus habitantes y liquidar a las enardecidas turbas comunistas.

Pese a la interrupción en el funcionamiento de la Escuela Militar, la Fuerza Armada había evolucionado y cumplido a satisfacción muchas misiones. Sin embargo, se sentía la necesidad de oficiales especializados en la función directriz y técnica de la Fuerza Armada para un desempeño eficiente de Estado Mayor. Razón suficiente para fundar, en el seno de la institución, el primer centro de estudios de esta naturaleza, en el mes de abril de 1936, que se llamó “Curso de Estado Mayor para Oficiales” y funcionó en el edificio del Estado Mayor, que para entonces, se alojaba en la Casa Presidencial. En octubre de 1937 adoptó el nombre de “Academia Militar”.

Posteriormente, por medio del Decreto No.2 del 6 de enero de 1951, se creó la Escuela de Guerra, establecimiento de cultura superior dependiente del Ministerio de Defensa, el cual tendría por objeto la preparación del Alto Mando de la Fuerza Armada, de los oficiales de Estado Mayor, del Profesorado Militar y de divulgar los adelantos de la ciencia militar dentro de la institución armada.

La época de mayor desarrollo para la Fuerza Aérea Salvadoreña fue en los años de 1942 a 1944, pues aunque fueron los años de la Segunda Guerra Mundial; fue cuando hubo una buena cantidad de material de vuelo, personal adiestrado y alumnos en proceso de aprendizaje en el arte de volar. Durante la gestión del Gral. Hernández Martínez, se adquirieron terrenos para ampliar el Aeropuerto de Ilopango y se adquirió una gran cantidad de aviones.


La Fuerza Aérea tuvo un receso en sus actividades a raíz de haberse visto involucrada en el movimiento insurreccional del 2 de abril de 1944. En tal evento, aviones de la FAS ametrallaron el Cuartel de la Policía Nacional donde se defendía el General Hernández Martínez. Muchos oficiales de esta arma fueron capturados y fusilados.

Es de mencionarse que en este período que abarca casi la primera mitad del siglo, la Fuerza Armada ha contribuido con los diferentes Gobiernos en Misiones Militares permanentes ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) y ante la Junta Interamericana de Defensa con sede en Washington, organizadas para el estudio y sugerencia de las medidas necesarias en la defensa del Continente.

Al promulgarse la nueva Constitución del 20 de enero de 1939, se designó oficialmente el título de EJÉRCITO NACIONAL para la Institución Armada. Este calificativo se mantuvo hasta que el 29 de noviembre de 1945 fue emitida otra Carta Magna, en la cual se denominó al Ejército Nacional como FUERZA ARMADA, lo cual se hizo efectivo hasta Febrero de 1951.

La organización de la Fuerza Armada durante el período que abarca desde antes de 1941 hasta febrero de 1950, estuvo sin mayores modificaciones de la siguiente forma:
1. Ministerio de Defensa Nacional (1939 – 1944) Ministerio de Defensa (1945 – 1969).
2. Estado Mayor General del Ejército (hasta enero de 1951). Estado Mayor General de la Fuerza Armada (febrero 1951 en adelante).
3. Escuela Militar (Adoptó el Nombre de “Cap. Gral. Gerardo Barrios” por Decreto Ejecutivo del 25 de agosto de 1965).
4. Plana Mayor de la Comandancia General del Ejército (hasta enero de 1951).
5. Plana Mayor de la Comandancia General de la Fuerza Armada (de febrero de 1951 en adelante).
6. Aviación Nacional (Departamento) Fuerza Aérea Salvadoreña (de febrero de 1951 en adelante).
7. Regimiento de Artillería.
8. Regimiento de Caballería.
9. 1er. Regimiento de Infantería. San Salvador.
10. 2do. Regimiento de Infantería. San salvador.
11. 3er. Regimiento de Infantería, Santa Tecla, La Libertad.
12. 4to. Regimiento de Infantería, Sonsonate.
13. 5to. Regimiento de Infantería, Santa Ana.
14. 6to. Regimiento de Infantería, Ahuachapán.
15. 7mo. Regimiento de Infantería, Chalatenango.
16. 8vo. Regimiento de Infantería, Sensuntepeque, Cabañas.
17. 9no. Regimiento de Infantería, Cojutepeque, Cuscatlán.
18. 10º. Regimiento de Infantería, San Vicente.
19. 11º. Regimiento de Infantería, Zacatecoluca, La Paz.
20. 12º. Regimiento de Infantería, Usulután.
21. 13º. Regimiento de Infantería, San Miguel.
22. 14º. Regimiento de Infantería, La Unión.
23. 15º. Regimiento de Infantería, Gotera, Morazán.
24. Capitanía de los Puertos de Acajutla, La Libertad y la Unión (En enero de 1953, éstas quedaron bajo jurisdicción de la Marina Nacional).
25. A partir de enero de 1953 se creó el Centro de Capacitación Agrícola Militar, que ahora ya no existe.
26. Guardia Nacional.
27. Jefatura Territorial Departamental (hasta enero 1951).
28. Dirección General del servicio Territorial (de febrero 1951 hasta 1992).
29. Polvorín Nacional (ahora Almacenes Generales de la F. A.)
30. Banda de los Supremos Poderes (hasta enero de 1951).
31. Orquesta Sinfónica de El Salvador (de febrero de 1951 en adelante).

En esta época, la Fuerza Armada se componía de entre 4,550 a 6,650 hombres.

GENERALIDADES DE LA ÉPOCA.

Al llegar a su fin la administración del Gral. Maximiliano Hernández Martínez, en virtud de la renuncia interpuesta por el Presidente ante el Congreso Nacional el 9 de mayo de 1944, asumió el poder el Vice-Presidente y Ministro de Defensa Nacional, Gral. Andrés Ignacio Menéndez; éste imposibilitado de gobernar por la efervescencia política del momento, depositó el mando el 21 de octubre de 1944 (presionado por una Junta Militar encabezada por los generales Francisco Ponce y Salvador Peña Trejo), en el Primer Designado, Coronel Osmín Aguirre y Salinas, quien desempeñaba el cargo de Director de la Policía Nacional.

Para 1944 y 1948 se produjeron dos Golpes de Estado que cambiaron el curso de la política nacional. El primero, fue el que intentó derrocar al Gral. Maximiliano Hernández Martínez y aunque resultó fallido, dio lugar a la movimiento cívico conocido como la “Huelga de Brazos Caídos” que terminó con ese gobierno. El segundo, en defensa de la alternabilidad en el poder, fue el que destituyó al Presidente, Gral. Castaneda Castro.
El 4 de julio de 1944, los Tres Poderes de Estado y representantes de todas las organizaciones cívicas, sociales y políticas del país, decidieron adoptar nuevamente la Constitución de 1886, denominada la Constitución Liberal más progresista con que ha contado la Nación.

El 12 de diciembre de 1944, civiles y militares opuestos al régimen impuesto por el Cnel. Aguirre y Salinas, invadieron El Salvador por el lado de Ahuachapán, con apoyo del gobierno guatemalteco; pero las fuerzas gubernamentales que les hicieron frente fueron más numerosas y mejor armadas, por lo que fueron completamente derrotados, con lo cual quedó consolidado el poder del país en manos del Cnel. Aguirre y Salinas.

En diciembre de 1947, ingresó al país la primera misión norteamericana de aviación, con el propósito de asesorar y dar entrenamiento técnico y práctico a la Aviación Salvadoreña. Esta misión estuvo formada por un Tte. Cnel., dos Capitanes, y cuatro Sargentos. En ese año el Supremo Gobierno compró cuatro aviones “Stearman”, los cuales sirvieron para combatir la plaga de chapulines que abatía al agro salvadoreño.

El poder político y militar del país se mantuvo en manos del Ejército profesional durante todo este período. La oligarquía influyó en los mandos militares con poca intensidad, ya que los oficiales de la Fuerza Armada que accesaron a los cargos de dirección a partir de 1948, tenían muy desarrollada su sensibilidad social, por lo cual impulsaron un movimiento progresista de reformas sociales, que benefició principalmente a los sectores más necesitados de la población.

Esta situación tornó compleja la realidad socio-política del país, al grado de que el poder político, tuvo que estar a la defensiva entre las extremas derecha (oligarquía) e izquierda (socialistas y comunistas).

La continuidad del poder por parte de los militares, se vio favorecida por el impulso industrial que se produjo en los Gobiernos de los Tenientes Coroneles Oscar Osorio y José María Lemus. Esto, naturalmente, mejoró las condiciones de vida de la población, al disminuir el desempleo y elevar los salarios en el campo y la ciudad. Además, se impulsó la integración económica centroamericana, con lo que el movimiento comercial produjo enormes ganancias a exportadores y comerciantes salvadoreños.


QUINTO PERIODO
Mientras tanto, la Fuerza Armada recibió la asesoría técnica norteamericana a partir de la salida del poder del gobierno del Gral. Hernández Martínez. Esta asesoría produjo cambios en la institución militar, del chileno-alemán de principios del siglo XX, al norteamericano; la nueva disciplina y doctrina, marcó una época que se ha mantenido hasta el tiempo presente.

La ayuda norteamericana se fue acrecentando; gracias a ella se fortalecieron las diferentes Ramas de la Fuerza Armada. Preparación de pilotos militares en sus Bases Aéreas, de oficiales de infantería en sus Fuertes, de Marinos en sus Puertos. Se comenzó un programa para reemplazar el armamento antiguo, por nuevas armas; se dotó a la Fuerza Aérea de aparatos modernos, así como los primeros helicópteros traídos en el año de 1972.

Al llegar los años sesenta, la Institución Armada continuó creciendo a ritmo acelerado, llegando a tener cerca de seis mil miembros; poniendo en práctica la nueva doctrina en el entrenamiento de las tropas; asimismo, las misiones militares norteamericanas se sucedían sin interrupción en el país.

El poder político continuó en manos de gobernantes de ascendencia militar, después del derrocamiento del Tte. Cnel. José María Lemus, únicamente se desplazaron las tandas de oficiales que habían apoyado a los regímenes anteriores. Gobernó el Directorio Cívico-Militar, cuyas cabezas visibles fueron los coroneles Julio Adalberto Rivera y Aníbal Portillo.

Surgió entonces una nueva generación de mandatarios de ascendencia militare, políticamente postulados por el nuevo partido oficial denominado Partido de Conciliación Nacional (PCN), de tendencia social-demócrata, el que gobernó hasta el golpe de Estado del 15 de octubre de 1979.

Estos gobernantes, unos más y otros menos, impulsaron a la Fuerza Armada hacia un mayor desarrollo, en todo sentido, el total de miembros de la Fuerza Armada para antes de julio de 1969, era de 6,200 hombres, que incluían a los Cuerpos de Seguridad Pública. La artillería salvadoreña contaba con armamento moderno, cañones de 105 mm., fusiles ametralladoras belgas M-3 y Fusiles G-3 alemanes.

Al finalizar la década de los sesenta, asumió el poder el General Fidel Sánchez Hernández, pundonoroso militar que tuvo, para suerte del país, una honrosa y delicada misión internacional en la Península de Corea, cuando ostentaba el grado de Capitán, en los años de 1949.

Este gobernante tuvo especial interés en profundizar la modernización de la institución militar, especialmente a la Fuerza Aérea, dotándola en 1968, de seis aviones “F-51 Mustang Cavalier” y después del conflicto con Honduras, con otros 17 aviones marca “Mustang”, con lo que se reforzó la flota salvadoreña.

Durante su período de gobierno, la asesoría norteamericana se enfrió, principalmente debido a la guerra con el hermano país, ya que los norteamericanos simpatizaban con nuestros vecinos debido a los fuertes intereses económicos de las compañías bananeras. El vacío fue cubierto con asistencia militar de Israel y Argentina, así como por la simpatía de países amigos, entre ellos la República de China (Taiwan).

El 14 de julio de 1969, el gobierno de la República ordenó a la Fuerza Armada atacar a Honduras, con el propósito de llevar a cabo una Operación Militar de Objetivos Limitados, para defender los Derechos Humanos de sus connacionales perseguidos y asesinados en aquel país vecino.

A las cero horas del 14 de julio de 1969, el señor Presidente de la República y Comandante General de la Fuerza Armada, General Fidel Sánchez Hernández, por medio de Cadena de Radiodifusión Nacional, declaró: “Pueblo Salvadoreño: Como Presidente de la República y Comandante General de la Fuerza Armada, cumplo con el deber de informar, que en horas de la tarde, este día 14 de julio, en un acto de legitima defensa, he ordenado repeler actos de agresión a lo largo de la frontera nuestra y, en prevención de una agresión de mayores proporciones, se produjeron bombardeos a objetivos militares en territorio hondureño. Las unidades de nuestra Fuerza Aérea y sus tripulantes regresaron sin haber sufrido bajas”.

Ese día a las cinco de la tarde, 32 aviones de la Fuerza Aérea Salvadoreña, entre ellos 20 avionetas civiles, despegaron del Aeropuerto de Ilopango con rumbo a Honduras; entre las seis de la tarde y siete de la noche, las bombas abatían a Toncontín, destruyendo más del 90 por ciento de la fuerza efectiva de la aviación hondureña; además el fuego salvadoreño cayó sobre las poblaciones de Nueva Ocotepeque, Santa Rosa de Copán, Catacamas, Juticalpa, El Suyal, Guaimaca, Jalteva, Nacaome y Choluteca.

El Día “D” fue el 14 de julio, y la Hora “H” las 18:00 Hrs., y a partir de aquel momento la Infantería inició su avance incontenible hacia el interior de Honduras, para dar justo castigo a los genocidas y asesinos que masacraban a nuestros compatriotas, por el único delito de ser salvadoreños. Al segundo día del conflicto, El Salvador había conquistado 1.600 kilómetros cuadrados de territorio hondureño, incluyendo 12 poblaciones fronterizas.
En 100 Horas la tropa salvadoreña había penetrado más de 40 kilómetros en el esfuerzo Norte, con dirección a Santa Rosa de Copán, y 20 kilómetros al Este, hacia Choluteca, asegurando el control sobre 1,600 kilómetros cuadrados dentro del territorio fronterizo hondureño, infringiendo un ejemplar castigo a quienes habían promovido y tolerado el genocidio.

El Alto Mando de la Fuerza Armada consideró ante la inminencia de una guerra con Honduras, preparar las condiciones para que las diferentes armas de la Institución estuvieran en posibilidad de enfrentar, exitosamente, las vicisitudes de un conflicto; principalmente que se sabía que la Fuerza Aérea adversaria, poseía la mejor aviación de Centroamérica.

Así se buscó el equipamiento adecuado y la modernización, comprándose 6 aviones “Mustang Cavallier”. Sabedores que la tormenta se avecinaba, la Fuerza Aérea, actualizó los estudios cartográficos, se estudiaron los objetivos militares y estratégicos, lo mismo que las condiciones meteorológicas de la región. Se incrementaron los adiestramientos del personal de pilotos de combate y otras actividades adicionales.

Según los análisis del potencial militar, estos revelaban que Honduras tenía superioridad en cantidad y calidad de sus aviones. Por ejemplo, Honduras contaba con 23 aviones de combate tipo “Vought F4U-4-5N Corsarios”; 17 aviones de transporte y 12 aviones de reconocimiento, en total 52 naves.

En cambio El Salvador solamente tenía: 6 aviones de combate “Cavalier F-51 Mustang”, 5 aviones de transporte “Douglas C-47”, 5 de reconocimiento CESSNA-180 y 182, haciendo un total de 21 aviones militares. El personal de la Fuerza Aérea para esa época era de 1,000 hombres, de éstos 25 eran pilotos y el resto mecánicos, tropa y paracaidistas.

Otra circunstancia negativa para nuestra aviación consistía en que los “corsarios” hondureños eran superiores por tener hélice de cuatro aspas, mientras que los “mustang” salvadoreños, solamente tenían tres. Esta desventaja le concedía a los contrarios unos 60 km. Por hora de mayor velocidad. Además, los aviones hondureños contaban con cañones de 20 mm., en cambio los nuestros solamente tenían ametralladoras calibre punto.50 pulgadas.

Por todas estas circunstancias desventajosas para nuestro país, el Alto Mando optó por el ataque sorpresa, ya que era la única manera de obviar la situación. Sin embargo, el patriotismo nato de los salvadoreños contribuyó a fortalecer aquella arma de defensa, al presentarse, voluntariamente, los pilotos del Club de Aviación Civil, quienes aportaron 20 avionetas, para que debidamente artillados, se sumaran a la Fuerza Aérea que pondría en alto el nombre de la Patria.
En plena Campaña Militar de Legítima Defensa contra Honduras, la Fuerza Aérea Salvadoreña adquirió 18 aviones NAA F-51D, con lo cual reforzó de manera apropiada el potencial de combate de esa rama estratégica de la Fuerza Armada.

CRECIMIENTO DE LA FUERZA ARMADA EN 1969, A CONSECUENCIA DEL CONFLICTO ARMADO.
Un sentimiento de solidaridad cundió entre los salvadoreños, considerando
la justa causa que se defendía. En julio de 1969 millares de jóvenes de todas las clases sociales, se presentaron voluntariamente a los cuarteles para ser enlistados y enviados a los frentes de batalla.

La Fuerza Armada enfrentó la crisis militar con más o menos 12,000 efectivos. Debe consignarse que los Batallones de Reservistas, fueron desmovilizados después del 30 de julio de 1969, una vez cumplida su misión como defensores de la causa nacional. Los complementos por batallón, que consistían en unos 800 hombres para cada uno, también fueron desmovilizados.
Después de estos acontecimientos, la Fuerza Armada se redujo nuevamente a unos 6.500 hombres.

Los conflictos ya sean estos internos o externos, como hemos podido observar no son una acción casual, es un producto combinado de factores económicos, políticos y sociales, propios para la explotación demagógica y propagandística de grupos detractores del sistema democrático.

Estos elementos utilizaron diferentes banderas y concepciones ideológicas con el fin último de provocar una crisis total que les permitiera alcanzar el poder por cualquier medio.

En este contexto de la “Guerra Fría” o “Conflicto Este-Oeste”, representada por las fricciones entre dos ideologías antagónicas (capitalismo versus comunismo), generando aquí en Centroamérica un campo de batalla entre ambas concepciones ideológicas.

La Fuerza Armada de El Salvador, para el año de 1979, contaba con 16.108 efectivos, de los cuales 4.000 pertenecían a los Cuerpos de Seguridad Pública (CUSEP). El armamento y equipo en ese momento era en su mayor parte obsoleto, a excepción del adquirido para antes de la Guerra de las 100 Horas. Su preparación netamente militar estaba dirigida al entrenamiento para una guerra regular y con una preparación de contra-guerrillas a nivel básico.

Su ordenamiento jurídico está basado en el Art. 212 de la Constitución de la República que expresa: “La Fuerza Armada tiene por misión la defensa de la soberanía del Estado y de la integridad del territorio. El Presidente de la República podrá disponer excepcionalmente de la Fuerza Armada para el mantenimiento de la paz interna, de acuerdo con lo dispuesto por esta Constitución”.

En 1979, El Salvador estaba envuelto en una crisis interna provocada por la violencia callejera de las masas. Paralelamente, se produjo el pronunciamiento militar del 15 de octubre y se integró una Junta Revolucionaria de Gobierno, en forma transitoria, mientras se establecían las condiciones necesarias para realizar elecciones auténticamente libres.

Sin embargo la violencia callejera y confrontación directa de las masas con el Gobierno recrudecieron. La crisis vino en aumento hasta transformarse en el conflicto más sangriento registrado en la historia de El Salvador y que se prolongó por doce años.

La Fuerza Armada, para darle cumplimiento al mandato constitucional de mantener la seguridad interna y apoyar el proceso democrático, efectuó cambios estratégicos dentro de la estructura institucional. Las tres Brigadas de Infantería de 1979, totalizaron seis para 1985. Los Destacamentos de Frontera se convirtieron en siete Destacamentos Militares que fueron situados en cabeceras departamentales y presentaban mayor capacidad de combate debido al incremento de personal y armamento en las unidades de apoyo de combate, especialmente Artillería y Fuerza Aérea.

Atendiendo al crecimiento organizativo institucional el 1º de junio de 1984, por Decreto Legislativo Nº 1, publicado en el Diario Oficial tomo Nº 283, Nº 102, se creó el Vice Ministerio de Seguridad Pública, adscrito al Ministerio de Defensa al que pertenecieron los cuerpos de Seguridad. Para 1985, el mejoramiento en la capacidad bélica de la Fuerza Armada, alcanzó los 51,854 elementos.

Ese incremento alcanzado en 1985, permitió contrarrestar el movimiento subversivo, que había experimentado abundante crecimiento en sus filas y, de manera interrumpida, recibía apoyo internacional creciente y de todo tipo.

En el período de 1986 a 1991, las acciones terroristas experimentaron un alza notable tendiente al desgaste de la Fuerza Armada, por medio de minas, ataques a las instalaciones militares y sabotaje a la economía nacional, especialmente al sistema de energía eléctrica, transporte y propiedad privada. El apoyo de los países comunistas les permitió abastecerse de armamento sofisticado de gran alcance, especialmente misiles tierra aire SA-7 y SA-14.

Paradójicamente, a este incremento insurgente, tanto en su accionar como en la modernización armamentista, la Fuerza Armada no sufrió mayores cambios durante este período. Su número de efectivos alcanzó gran estabilidad. Para 1991 llegó a ser de 63.175 efectivos, considerándose que ha sido la mayor cantidad de efectivos que ha tenido la Fuerza Armada, contados entre miembros del Ejército, Fuerza Aérea, Fuerza Naval y Cuerpos de Seguridad.

En el mismo período, específicamente el 4 de abril de 1990, en Ginebra, Suiza, el Gobierno de la República, se comprometió a finalizar el conflicto armado por la vía política, al más corto plazo. De esta manera inicia el proceso de negociación con la insurgencia; las reuniones se llevan a cabo en San José Costa Rica; Caracas, Venezuela; México D. F. y en Nueva York. En ellas dio inicio un difícil y prolongado diálogo, promovido por el Gobierno, que llegó a su feliz término con la firma de los Acuerdos de Paz, efectuada en Castillo de Chapultepec, México el 16 de enero de 1992.

Uno de los aspectos medulares del acuerdo lo constituyó el Plan de Reorganización de la Fuerza Armada, que consideraba una reducción progresiva hasta un 50.2% de su totalidad. Su reducción incluyó: organización, unidades, personal, material, equipo, instalaciones, estructuras administrativas y de servicio Al finalizar el año 1992, se tenían únicamente, 37,800 efectivos.

Se cumplió con la desmovilización de los Batallones de Infantería de Reacción Inmediata, de la siguiente manera: BIRI “Atlacatl” el 8 de diciembre de 1992; BIRI “Gral. Manuel José Arce” el 6 de febrero de 1993; BIRI “Gral. Ramón Belloso” el 16 de septiembre de 1992; BIRI “Atonal” el 6 de enero de 1993; y BIRI “Gral. Eusebio Bracamonte” el 15 de agosto de 1992; también con los Batallones de Infantería Antiterrorista, BIAT, de todas las unidades militares; también fueron suprimidos los Cuerpos de Seguridad Pública: la Guardia Nacional el 25 de junio de 1992 y la Policía de Hacienda el 1 de marzo de 1992.

De los Cuerpos de Seguridad, el último desmovilizado fue la Policía Nacional que cesó sus funciones hasta el 31 de diciembre de 1994 debido a la necesidad de la recién creada Policía Nacional Civil (PNC), en el trabajo requerido por el auge delincuencial de esa época.

El 31 de diciembre de 1992, fue suprimido el Centro de Estudios de la Fuerza Armada (CEFA) y, en su lugar, se creó el Comando de Doctrina y Educación Militar (CODEM), dependencia del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada. El CODEM es el organismo rector de Sistema Educativo de la Fuerza Armada (SEFA), que fue definido en los artículos 212 y 213 de la Reforma Constitucional, acordada en abril de 1991 y reestructurado el 6 de mayo de 1994.

El 6 de febrero de 1993, al ser suprimida de la Fuerza Aérea Salvadoreña la agrupación de Fuerzas Especiales compuesta por el Batallón de Paracaidistas y Grupo de Operaciones Especiales (GOE), se creó el Comando de las Fuerzas Especiales, (CFE), unidad estratégica dependiente del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada (EMCFA), a la que también fue incorporado el Comando Especial Antiterrorista (CEAT).

Otra reestructura institucional de esta misma fecha permitió que el Destacamento Militar de Ingenieros, (DMIFA), se convirtiera en Comando de Ingenieros de la Fuerza Armada (CIFA), con el objetivo de efectuar trabajos generales de ingeniería de construcción y de combate en todas las especialidades para apoyar a la institución castrense y colaborar en obras de beneficio público.

SEXTO PERIODO
El Centro de Instrucción de Transmisiones de la Fuerza Armada (CITFA), se reestructuró a partir del 31 de mayo de 1993, para convertirse en Comando de Apoyo de Transmisiones de la Fuerza Armada (CATFA), a fin de proporcionar mejor apoyo a las unidades militares, especialmente en lo referente a la instalación, operación y mantenimiento de los sistemas de comunicaciones militares, apoyo y adiestramiento electrónico de guerra y apoyo logístico para el abastecimiento y mantenimiento de transmisiones.

Para julio de 1994, la Fuerza Aérea Salvadoreña fue reorganizada en: Primera y Segunda Brigadas Aéreas, con sede en Ilopango y Comalapa, respectivamente, y el Centro de Instrucción Militar Aeronáutico (CIMA).

También en 1994 se crearon los Estados Mayores Generales de la Fuerza Aérea Salvadoreña (EMGFAS) y de la Fuerza Naval. (EMGFN).

Para el 1º de enero de 1995, inició sus operaciones una Misión Militar Chilena, integrada por un Coronel y dos tenientes coroneles, quienes realizaron un análisis de la organización general y funcionamiento de la Fuerza Armada con el propósito de brindar asesoría al Alto Mando de la Fuerza Armada y a las autoridades del Comando de Doctrina y Educación Militar en el proceso de reorganización y modernización institucional al igual que la reestructuración del Sistema Educativo y Doctrinario institucional.

Iniciado 1998 y basada en los principios doctrinarios de apoliticidad, no deliberancia, obediencia y profesionalismo y ante la impostergable exigencia de adaptarse a la modernización del Estado, la Fuerza Armada diseñó el Plan de Modernización Arce 2000 con el propósito de fortalecer la institución, a través de la continuidad, coordinación, globalidad, e integración de las unidades militares y adaptarse a los cambios del próximo milenio, tanto en el entorno nacional, como en el regional, continental y mundial.

Con la modernización propuesta por el Plan Arce 2000 se crearon: la Unidad de Prevención de Accidentes, la Unidad de Autogestión Económica, la de Planificación Institucional, la de Relaciones Públicas, las secciones de Búsqueda y Rescate, la del Sistema de Cooperación de la Fuerzas Aéreas Americanas (SICOFA), la Unidad de Cuartel General y otros grupos. La Fuerza Naval mantuvo su antigua organización excepto por la unidades que fueron desmovilizadas tras los Acuerdos de Paz.

La Fuerza Armada ha cumplido también otras misiones complementarias como son la colaboración en programas de alfabetización, de salud, mejoramiento ambiental, construcción de obras de ingeniería, desminado, etc.

De igual manera, en cumplimiento al Art. 212 como misión constitucional se establece que “La Fuerza Armada colaborará en las obras de beneficio público que le encomiende el Órgano Ejecutivo y auxiliará a la población en casos de desastre nacional”.

La Fuerza Armada ha demostrado el cumplimiento de ese mandato. Durante el invierno de 1998, la Tormenta Tropical “Match” ingresó al territorio nacional causando lluvias torrenciales en todo el territorio nacional y desatando una tragedia de grandes proporciones, que sin la colaboración inmediata de todas las unidades de la Fuerza Armada, hubiese tenido un impacto mucho mayor sobre la población salvadoreña.

Apoyado por helicópteros UH-1H, el personal de la Fuerza Armada pudo realizar eficientemente rescates y evacuaciones en todos los puntos críticos del país, además, miembros de la institución, sin importar las inclemencias del tiempo, desarrollaron operaciones de rescate en lugares de difícil acceso. Con el fango hasta el pecho, debajo de un gran aguacero, con vientos de hasta 150 KM/H, y aún con el riesgo de perder su propia vida, los Soldados de las distintas Unidades Militares se adentraron a zonas devastadas por el “Mitch” en busca de sobrevivientes. Los pilotos de los helicópteros, volaron hasta por 14 horas consecutivas evacuando y rescatando personas que habían quedado en medio de las grandes lagunas provocadas por las inundaciones.

Asimismo, personal de la Fuerza Naval, en coordinación con miembros de la PNC, el Comité de Emergencia Nacional, (COEN) y pobladores de los lugares afectados, realizaron rescates y evacuaciones por medio de pequeñas embarcaciones navales.


Después de pasada la caótica crisis que imperó por más de 4 días en la zona oriental, la Fuerza Armada fue el medio por el cual el COEN comenzó a llevar ayuda a las personas damnificadas, a través de camiones tipo REO y Helicópteros, para sufragar la necesidad de alimentación y ropa a todas aquellas personas que habían sido víctimas de la más fatídica y cruel de las Tormentas Tropicales que, en esa oportunidad, afectaron a El Salvador.

Algunos años más tarde, a las 11:35 Hrs. del día sábado 13 de enero de 2001, un terremoto de 7.6 grados en la escala de Richter, estremeció durante 45 segundos al país, causando destrucción generalizada en 172 de los 262 municipios del territorio nacional. Su epicentro fue localizado 100 kilómetros al suroeste en el Océano Pacífico.

Un mes después, a las 08:22 horas del martes 13 de febrero, un segundo terremoto de 6.6 grados, concentró sus daños en la zona paracentral del país; sacudiendo violentamente durante 20 segundos los departamentos de La Paz, San Vicente y Cuscatlán, afectando seriamente poblaciones que no habían sido estremecidas durante el primer movimiento. El alto poder destructivo de ambos terremotos produjo destrucción generalizada que afectó considerablemente la infraestructura del país, específicamente, el sector vivienda.

La participación de la institución castrense fue inmediata, de gran cobertura y en múltiples áreas. Las labores de asistencia y rescate fueron destacadas desde las primeras horas del terremoto inicial. Este recurso constitucional respondió sin demoras ni excusas a los acontecimientos presentados. Las actividades de remoción de escombros de prolongaron por más de dos meses y las de reconstrucción por más de dos años.
Las actividades llevadas a cabo con gran sacrificio, patriotismo y eficiencia por parte de la Fuerza Armada durante las emergencias, se pueden delinear en cuatro grandes etapas, que son:
· Manejo y estabilización de la crisis.
· Remoción de escombros.
· Construcción de viviendas temporales, y
· Construcción de viviendas permanentes.

Finalmente, en un esfuerzo afín para iniciar la reconstrucción del país, el señor Presidente de la República ordenó a la Fuerza Armada poner en ejecución el PLAN TENESÍ, que significa “amanecer” en náhuat, el cual tuvo como objetivo primordial construir 75,000 viviendas temporales en 81 municipios de 12 departamentos a escala nacional en tiempo récord –antes del inicio de las lluvias-. La misión de la Institución consistió en levantar las 75,000 viviendas provisionales que permitieron a igual número de damnificados –sin techo- resguardarse del invierno que se inició en mayo. Todo el proceso, incluyendo el diseño, adquisición y compra de materiales, producción, montaje e instalación, son desarrollados en forma completa por la Institución. Miles de soldados de diferentes guarniciones y zonas del país participaron en esa misión, que se prolongó hasta la construcción de las viviendas definitivas

No siendo factible atender aisladamente los desastres naturales, tan comunes en la región centroamericana, las Fuerza Armadas de los países del istmo se unieron, el 17 de diciembre de 1997, en la Conferencia de las Fuerzas Armada Centroamericanas (CFAC), la cual consideró conveniente la creación, organización y funcionamiento de la Unidad Humanitaria de Rescate UHR-CFAC.

Esta unidad, de acuerdo con el modelo centroamericano de seguridad democrática, contribuye en el área de defensa, a fortalecer los mecanismos de coordinación operativa de la ayuda humanitaria frente a desastres naturales.

En esa dimensión y en el escenario causado por los sismos ocurridos en El Salvador en enero y febrero de 2001, el Ministro de la Defensa Nacional de El Salvador, Gral. Juan Antonio Varela reconoció la valiosa misión humanitaria realizada por los componentes de esa unidad, pertenecientes a las hermanas Repúblicas de Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Y dijo: ”Estamos convencidos, que los logros alcanzados abonan el trabajo y proyección de la Conferencia, pero, consideramos que no debemos conformarnos con ellos; porque los retos del nuevo milenio y la evolución del concepto de seguridad, imponen desafíos cada día más complejos a los que deben responder las Fuerzas Armadas”[6].

Transcurridos más de doce años de la firma de los Acuerdos de Paz, período que ha dado espacio a cinco Asambleas Legislativas y tres Presidentes de la República, elegidos libre y democráticamente, la Fuerza Armada se ha mantenido alejada del poder político, y sus bases constitucionales e institucionales, tienden a cimentarse y solidificarse, profundizando la institucionalidad de la misma, haciéndole partícipe de nuevos roles en el ámbito nacional e internacional, entre ellas las Operaciones de Paz.

Con el final del conflicto entre el Este y el Oeste a finales de los 80 e inicios de los 90, los movimientos liberacionistas de inspiración marxista leninista pierden apoyo internacional, y es así como la Fuerza Armada, concluida la contienda interna vuelven a su rol constitucional de ser garantes de la soberanía e integridad territorial, así como a coadyuvar en el desarrollo nacional y actuar en apoyo a instituciones del gobierno en caso de emergencia.

Sin embargo, un nuevo fenómeno surgió en el escenario internacional, con motivo de los atroces atentados contra las torres gemelas en Nueva York, el fatídico 11 de septiembre de 2001, el cual pone en evidencia la debilidad institucional para combatir el terrorismo, demostrado, paradójicamente, en la nación más poderosa del Planeta.

Como integrante del sistema de las Naciones Unidas, El Salvador tuvo que responder al contenido de la Resolución 1373[7] de dicho organismo, en donde se exhortó a todos los Estados a reprimir el terrorismo en todas sus manifestaciones; siendo así un nuevo cambio se vislumbraba, la posibilidad de participar en operaciones fuera de las fronteras nacionales, en apoyo a otros países que buscan salir adelante después de enfrentar gobiernos totalitarios que apoyan el terrorismo internacional.

Fue así como la Asamblea Legislativa desarrolló y amplió lo establecido en el Art. 2 de la Constitución de la República, promulgando a partir de Agosto de 2002, con respecto a la Ley de la Defensa Nacional, en la cual se estipula que la Seguridad Nacional es “El conjunto de acciones permanentes que el Estado propicia para crear las condiciones que superan los conflictos internacionales, perturbaciones a la tranquilidad pública, catástrofes naturales y aquellas vulnerabilidades que limitan el desarrollo nacional y pongan en peligro el logro de los Objetivos Nacionales”. En el artículo 2 de la referida Ley de Defensa, enuncian los objetivos, entre los cuales, el Nº 3 dice que la Fuerza Armada deberá: “Contribuir al mantenimiento de la paz y seguridad internacional”.

En ese orden se crea Batallón CUSCATLÁN. Congruente con los propósitos antes mencionados, El Salvador decide apoyar a los Estados Unidos de América y el 12 de agosto de 2003 envió el primer contingente de tropas a Iraq, en apoyo a la reconstrucción de dicho país. Dicha unidad, denominada Batallón CUSCATLÁN I, estuvo conformada por 10 oficiales superiores, 14 oficiales subalternos, 26 suboficiales y 311 elementos de tropa, totalizando 361 elementos, quienes ejecutaron misiones especiales de paz para la reconstrucción y asistencia humanitaria en el sector centro-sur de Iraq, con el propósito de crear un ambiente estable y seguro para facilitar la transición a las autoridades iraquíes.

El primer contingente, que fue relevado el 12 de febrero de 2004, regresó al país sin haber sufrido ninguna novedad. Posteriormente se envió el segundo contingente, el cual tuvo que sufrir varias bajas en combate, entre los que sobresalen el Cabo Samuel González Toloza, herido en una acción heroica y el soldado Natividad Méndez Ramos, quien sacrificó su vida en el cumplimiento del deber.

Finalmente la participación de la Fuerza Armada de El Salvador, hasta el año 2008, con 10 contingentes y mas de 3,000 soldados que han participado en la Operación de ayuda humanitaria y de reconstrucción en Iraq, sigue cumpliendo el mandato constitucional por la Soberanía del Estado y la integridad del territorio, apoyar a la población civil en casos de desastres naturales y excepcionalmente apoyar a la seguridad publica.

Quiero finalizar mi intervención retomando, el editorial de un rotativo capitalino dijo: al referirse a la Fuerza Armada como: “…ha quedado una vez más en evidencia que la institución más capacitada, ordenada y efectiva para atender momentos de crisis es la Fuerza Armada, porque la naturaleza de su formación le da la disciplina y responsabilidad para cumplir tareas que exigen respuesta instantánea”.[8]

Hasta aquí llega mi modesta participación, esperando haber llenado las expectativas generadas en torno a la evolución histórica de la Fuerza Armada, con más de 180 años de existencia en cumplimiento de las misiones que el Órgano Ejecutivo encomienda a nuestra Institución.


[1] Publicado en “La Gaceta de El Salvador”, No. 87, Tomo VI, del 27 de febrero de 1858.
[2] Leistenschneider, María y Freddy. GOBERNANTES DE EL SALVADOR. Pág. 109. HISTORIA DE El Salvador. T. II Francisco J. Monterrey Pág. 241.
[3] Diario Oficial del 3 de agosto de 1904.
[4] Bustamante Maceo, Gregorio. HISTORIA MILITAR DE EL SALVADOR. 2ª. Edición. Imprenta Nacional. El Salvador. 1951. Pág. 99.
[5] Ibíd.
[6] BOLETÍN INFORMATIVO “CFAC”. Edición No. 2 Enero-Junio/2001. San Salvador. Pág. 2-3.
[7] Revista: “Diálogo”. Vol. 13. No. 3. 2003. Págs. 4-5.
[8] “La Prensa Gráfica”, 20 de marzo de 2001.