jueves, 13 de agosto de 2009

LA GUERRA NACIONAL CENTROAMERICANA CONTRA LA INVASIÓN DEL FILIBUSTERO WILLIAM WALKER. 1856-1857.

Es para mi un gran honor hablarles en esta oportunidad, con los acentos más vivos del patriotismo, sobre; La Guerra Nacional Centroamericana contra la Invasión del Filibustero de William Walker.1856-1857”. Es motivo de orgullo y satisfacción para quien les habla, así como para todo buen centroamericano, evocar aquellas memorables jornadas, en las cuales los centroamericanos unidos con un solo propósito libertario, defendieron el suelo de la Patria, contra la humillante presencia de los "filibusteros".

Es con este motivo que venimos a evocar con admiración, aquella gesta patriótica, durante la cual los intrépidos y valientes hombres y mujeres que lucharon por la Libertad, defendieron y consolidaron con hidalguía la nacionalidad centroamericana, que históricamente nos eleva y nos enaltece por los gloriosos sucesos de 1856 y 1857.

Lo que Willian Walker y sus adeptos ignoraron, fue que nuestros Estados surgieron a la libertad, bajo el influjo de las corrientes emancipadoras de Francia y Sur América, con Bolívar y San Martín. Ideas que su objetivo final era la libertad del individuo y su mejoramiento social.

El ideal unionista ha seguido vivo entre nuestros pueblos. La integración de la gran Patria Centroamericana es la aspiración de la mayoría de los salvadoreños. Dicho movimiento integracionista se abre brecha en el campo económico, al dar paso al Sistema de Integración Económica Centroamericano (SIECA).

El Salvador, perseverante a su vocación unionista a lo largo de su existencia ha proclamado y evidenciado, su aspiración concreta de todos los ciudadanos, al consignar la esperanza de unificación nacional como precepto constitucional. Es así como en el Artículo 89 de nuestra Carta Magna, se establece que “…alentará y promoverá la integración humana, económica, social y cultural con las repúblicas americanas y especialmente con las del istmo centroamericano…También propiciará la reconstrucción total o parcial de la República de Centro América, en forma unitaria, federal o confederada, con plena garantía de respeto a los principios democráticos y republicanos y de los derechos individuales y sociales de sus habitantes…”.

Centro América desde su Independencia a partir de 1821, fue conformada por pequeñas provincias, sin una infraestructura financiera capaz de sostener sus débiles economías, con alto grado de analfabetismo, y la indiferencia y desidia de los pocos españoles (peninsulares o criollos).

Esta incipiente generación de cinco estados débiles, sumidos en profundas divisiones internas por causas ideológicas y sin un aparato gubernamental capaz de darles estabilidad, produjo todos los males y desgracias que por decenios fue el pan de cada día del pueblo centroamericano.

En esta coyuntura, los pocos estadistas que soñaban con una Centro América grande, respetable y progresista, se dedicaron con todas sus energías -a pesar de sufrir incomprensión y odio- a impulsar el sistema que, desde su propia óptica, representaba la esperanza de dotar a la novel Nación de un gobierno fuerte y equilibrado; entre ellos están los generales Manuel José Arce y Francisco Morazán, así también el sabio José Cecilio del Valle.

Dos grandes patriotas llegaron a ser, en diferentes períodos, presidentes de las Provincias Unidas del Centro de América, queriendo consolidar el sistema federativo; primeramente Manuel José Arce, cuyos ideales le llevaron a vivir una de las más intensas epopeyas en favor de la unidad centroamericana, que fue malograda por la intriga y ambición de sus mismos correligionarios del Partido Liberal, que no supieron comprenderlo ni estar a la altura de las circunstancias históricas de la post independencia; Luego Francisco Morazán, quien realizó una cruzada de corrección de las políticas realizadas por su antecesor, pero lamentablemente se condujo de manera radical con los sectores moderados, lo cual profundizó las grietas de la división, volviendo imposible mantener viva a la escurridiza Federación.

Finalmente José Cecilio del Valle, eminente filósofo, orador y escritor, que convencido de la futilidad del sistema federativo que se imponía sobre el pueblo centroamericano, intentaba convencer a sus contemporáneos de la necesidad de diseñar un gobierno centralista y unitario, que condujera paulatinamente a la madurez política de este conglomerado, mayoritariamente analfabeta e indisciplinado y con una minoría ilustrada pero indiferente, apática y ambiciosa.

De todas formas, la suerte estaba echada, y durante todo el Siglo XIX se sucedieron conflictos bélicos que sembraron la muerte y la anarquía en todas las secciones divididas de lo que fue el Reino de Guatemala, habiéndose sellado la división política de sus provincias, cuando para 1850, todas ellas habían asumido por decreto, su soberanía e independencia unas de otras.

Así, el anhelo ferviente de unidad política, de los patriotas que con abnegación y valor conquistaron la independencia de Centro América, conjurando el peligro anexionista de México con creativas y audaces gestiones diplomáticas[1] y la resistencia heroica de los pueblos de San Salvador y San Vicente, quedo definitivamente truncado al morir la anhelada federación centroamericana, la cual, a pesar de algunos intentos repetitivos y fracasados de lograrla por las vías políticas y/o militares, en los Siglos XIX y XX, finalmente se había vuelto una utopía[2].

Los orígenes de la Guerra Nacional de Centroamericana, pueden atribuirse a tres causas:

1.- Interna de Nicaragua; al efectuarse las elecciones para Jefe de Estado, las cuales ganó el General Frutos Chamorro del Partido Conservador. Las cuales según el partido Liberal del Lic. Francisco Castellón, en su descontento por no haber ganado las tildó de fraudulentas. Asimismo la Asamblea declaró ganador al General Chamorro para el período de 6 años, contrario a la constitución de 1838, que era de 4 años.

2.- La causa centroamericana; radicaba en el odio que existía entre los generales Rafael Carrera, Presidente de Guatemala y Gral. Trinidad Cabañas de Honduras. Carrera apoyaba al Gral. Chamorro, con el objeto de atacar a Honduras en dos frentes y así derrocar a Trinidad Cabañas. Por su parte Cabañas apoyaba a los liberales y derrocar a Gral. Chamorro y así asegurar el Frente oriental.

3.- En el aspecto Internacional; Las ambiciones de los EE.UU e Inglaterra, por el dominio de Nicaragua, por que se consideraba el paso interoceánico por el río San Juan, el gran Lago de Nicaragua, paso terrestre por La Virgen y San Juan del Sur, le resolvía el grave problema de las comunicaciones marítimas, no sólo para ambos países sino para el mundo entero.

Estados Unidos, por el año de 1854, estaba dividido en dos grandes partes: el Norte y el Sur. El norte abogaba por la supresión de la esclavitud, y el Sur la defendía. El norte no aspiraba a otra conquista que a la unión de los Estados americanos, mientras que el Sur, dirigía la mirada hacia México, Cuba y la América Central. Tales fueron los motivos que empujaron a William Walker a la conquista de México, iniciando su incursión por la Baja California y Sonora, y más tarde; a la conquista de Nicaragua.

Ciertamente el fenómeno del filibusterismo[3] del siglo XIX, llegó a Centro América el 16 de junio de 1855, con William Walker, hombre ambicioso conocido como "El Esclavista de Tennesse", acompañado de mercenarios norteamericanos reclutados de las ciudades de San Francisco y New York, EE.UU.

Walker, invadió Nicaragua desembarcando en el puerto de El Realejo y dirigiéndose luego a la ciudad de Granada. Quizás la invasión de William Walker no sea muy conocida por algunos países de Centroamérica, pero nuestros hermanos de Nicaragua y Costa Rica, la conocen al detalle y saben por lo mismo, aspectos interesantes como que este Filibustero “sí habló de anexar Centroamérica a Estados Unidos, como cinco estados esclavistas. Pero tenía el problema de México, así que iban a ser Estados no contiguos”[4].

Entre los objetivos inmediatos que tenían los mercenarios, estaban:

a.- Confiscar los bienes del Estado,

b.- Realizar un préstamo de 2 millones de pesos,

c.- Imponer la lengua inglesa como idioma oficial, y

d.- Restablecimiento de la esclavitud de los negros, para lo cual derogarían las leyes federales que la habían anulado.

Para lograr sus nefastos propósitos, Walker reunió un Congreso en Granada, para proclamarlo Presidente de Nicaragua, despojando del cargo al legítimo gobernante DON JOSÉ MARÍA ESTRADA, bajo la imposición de las armas filibusteras.

Este acontecimiento amenazó y puso en peligro la soberanía e independencia de Centro América; de manera que los países centroamericanos se unieron para luchar y eliminar esta gran amenaza.

Otra de las primeras cosas que realizó Walker fue expropiar al Comodoro Cornelius Vanderbilt y apoderarse del negocio de “la ruta del tránsito”; ya que de igual manera, éste tenía partidarios en Nueva Orleáns para tal fin.

Esta acción indujo a Vanderbilt a ayudar financieramente a Costa Rica (ante gestiones del Ministro de Costa Rica en Washington, don Luis Molina, guatemalteco, que le planteó que Costa Rica quería combatir a Walker). Esta fue una de las cosas, además de un empréstito peruano, que le permitió a Costa Rica armarse para luchar contra los Filibusteros.

Quiero hacer un paréntesis para explicarles lo que era La ruta del tránsito”: se le dio en llamar así, por que durante la fiebre del oro en California, se produjo un éxodo masivo hacia dicho lugar, y en el camino eran atacados por los indios y los mataban. Vanderbilt busco la manera de llevar gente a California por otra ruta, para lo cual consiguió al comprar barcos y crear con el gobierno nicaragüense la ruta de transito; los barcos salían de Nueva York, Nueva Orleáns, llegaban a San Juan del Norte, entraban por el río San Juan, atravesaban el Lago de Nicaragua y luego, por una faja de tierra de unos 17 Kilómetros, pasaban en diligencia al puerto llamado Realejo, desde donde otro barco los llevaban a San Francisco.

El 1 de marzo de 1856, el gobierno de Costa Rica, a través de su Presidente general Rafael Mora, declaró la guerra a los filibusteros, siguiéndole en su actitud enérgica, el Gobierno de El Salvador. Por su parte Honduras y Guatemala hicieron lo propio, reuniendo sus fuerzas para dar paso al Ejército Aliado, quien fue el encargado de derrotar completamente a los invasores.

El General don Trinidad Cabañas, de acuerdo con el General don Máximo Jerez, se dirigió a El Salvador, para hablar con el Presidente Dr. Don Rafael Campo, de quien logró que éste pidiera explicaciones a don Patricio Rivas sobre el aumento de fuerzas norteamericanas en Nicaragua, que se componía de 2,200 hombres. El Gobernante salvadoreño ofreció al Gral. Cabañas influir en el ánimo de los Presidentes de Guatemala y Honduras, Generales don Rafael Carrera y don José Santos Guardiola, para llevar un ejército aliado contra los filibusteros.

En efecto el día 18 de Julio de 1856, los Gobiernos de El Salvador, Guatemala y Honduras, se comprometieron a unir sus fuerzas proporcionalmente, para arrojar de Nicaragua a los aventureros.

El Salvador no podía quedarse a la zaga y organiza la primera división salvadoreña que debía marchar a Nicaragua. Dicha División, compuesta por 800 plazas, con todos sus pertrechos para la Campaña. Nada se dejo al azar: se sacaron del almacén general del Ejército armas, municiones y vestuarios para la fuerza. El vicepresidente Dueñas de El Salvador, nombra al Gral. Ramón Belloso como General en Jefe de las fuerzas salvadoreñas que marcharían a defender la soberanía e integridad centroamericana, de quien ya conocía las cualidades militares y quien ya había recorrido los campos de León, Posoltega y Monte San Juan.

La División Vanguardia, constaba de dos batallones de 350 soldados cada uno, y de una Guardia de Honor de 100, e iban como segundo jefe el General Indalecio Cordero, como auditor de guerra el Tcnel. Felipe Barrientos, como médico el Doctor Gregorio López y como secretario general don Miguel Castellanos. Asimismo le acompañaba entre la oficialidad su ayudante el Capitán Daniel Castellanos y el Capitán Juan José Cañas.

El 25 de Junio, el Vicepresidente Dueñas lanzó un vibrante manifiesto al pueblo salvadoreño; “Santa es la lucha, a que estamos llamados: la causa que va a sostenerse espada en mano, es la del honor nacional, es la de la religión de nuestros padres, es la de nuestra raza amenazada en su existencia política y natural, y es por último la de Centro América” y finalmente arenga a la tropa con la siguientes palabras; “La victoria coronará vuestros esfuerzos, y una aureola de gloria inmarcesible brillará siempre sobre la espada de los bravos que cumplen su deber en esta guerra sagrada”.

Los aliados llegan a Nicaragua; por parte de Guatemala una División de Infantería, bajo el mando del general Mariano Paredes, quien salió de su país en mayo de 1856. El 4 de julio siguiente, tropas salvadoreñas al mando del general Ramón Belloso llegan a Somotillo y a Playa Grande el 8 del mismo mes. Posteriormente el día 12 de Junio, una vez que había restablecido al gobernante don Patricio Rivas, las tropas salvadoreñas ingresan a León, donde fueron recibidas nuestras fuerzas con sinceras manifestaciones de aprecio y simpatía.

El General Belloso en atención de su patriotismo, es nombrado General de División de Nicaragua.

Este reciente nombramiento del Gral. Belloso, no fue bien visto por parte de los guatemaltecos Mariano Paredes y Víctor Zavala, ya que se consideraban mejores soldados que Belloso. Lo cual dio origen a frecuentes disensiones entre salvadoreños y guatemaltecos.

Así la situación, llegó el día 18 de Septiembre de 1856, las tropas guatemaltecas, salvadoreñas y leoneses al mando del Gral. Belloso, abandonan León para dirigirse a Managua, con 1,500 soldados. Las tropas ingresan a Managua, sin resistencia alguna el día 24 de Septiembre, ya que los filibusteros habían abandonado sus posiciones al ver el avance aliado, no sin antes haber incendiado el Palacio Ejecutivo, donde funcionaba el Gobierno. Habiendo sido recibidos por los pobladores con mucho júbilo.

Los ejércitos de Centro América que operaban en la zona del pacífico occidental de Nicaragua, acantonadas en león, eran aliados con el único fin de erradicar del suelo patrio al filibustero de Walker. Pero a pesar de tan respetables fuerzas, carecían de unidad de mando, por una parte el Gral. Belloso como Gral. En Jefe de las Divisiones salvadoreña y leonés; El Coronel Víctor Zavala, comandante de la división guatemalteca.

Una vez conquistada Managua, el Gral. Belloso fijó su próximo objetivo “MASAYA”. Por su parte Walker ordenó que se fortificara la ciudad, principalmente las entradas, habiéndose ocupado como Cuartel General los alrededores de la iglesia parroquial. Todo parecía suponer que los 400 filibusteros, acantonados en Masaya, ofrecerían una fuerte defensa a las tropas centroamericanas. ¡Pero no fue así!

El 1º de Octubre, las fuerzas aliadas se dirigieron hacia Masatepe y Nindiri, a poca distancia de Masaya. La estrategia de Belloso era “Con los salvadoreños atacar las fortificaciones, mientras las fuerzas guatemaltecas y leoneses distraían a los filibusteros”. El día 2 que ingresan a Masaya los aliados, se dan cuenta que ya los filibusteros habían abandonado las posiciones defensivas desde la noche del 1º. Por lo que Belloso en su informe manifestaba; “al momento de ocupar la plaza de esta ciudad, la cual estaba bien fortificada… para conseguir este triunfo no ha sido necesario empeñar nuestras fuerzas en un combate formal”.

Por su parte en León se había organizado un gobierno demócrata legitimista, presidido por el liberal Patricio Rivas y se organizaba un Ejército bajo el mando del general Tomás Martínez; a estas fuerzas se llegaron a unir, a mediados del año, las fuerzas que desde Honduras, enviaba el presidente de aquel país, general José Santos Guardiola, al mando del general Florencio Xatruch.

Una segunda victoria del Gral. Belloso lo constituyó la defensa de las posiciones defensivas de la ciudad de Masaya. La cual contenía más de 3,000.00 soldados centroamericanos entre salvadoreños y nicaragüenses.

El 14 de noviembre Walker, dispone lanzar un nuevo ataque a los centroamericanos acantonados en Masaya. Es así que el 15 de los corrientes los filibusteros arremeten las fortificaciones, sin tener resultados favorables, habiendo sido herido el segundo jefe de los filibusteros, quien regresa a Granada, por lo que Walker reúne a un nuevo grupo de mercenarios y se dirige hacia Masaya. Los sucesos continuaron el día 18 de Noviembre, día en que los filibusteros se retiran sin lograr el éxito, ya que agotan su material bélico y huyen derrotados.

Ciertamente hay que decirlo Walker fue definitivamente derrotado por el General Ramón Belloso, en los sangrientos combates de Masaya, pues a partir de entonces fue colocado en los términos de esta disyuntiva; “Perecer o evacuar a Nicaragua”.

Desde el 24 de noviembre, los aliados cercaron la ciudad de Granada. En la mayoría de los sangrientos combates que se efectuaron, los patriotas centroamericanos triunfaron. Poco a poco el enemigo fue quedando reducido a la plaza central de la ciudad, haciéndose fuertes en las casas que la circundaban y el Fuerte del Lago.

En una nueva arremetida, el día 27, los patriotas sacaron de su refugio a los filibusteros, quienes habían quedado reducidos a unos 250 hombres, y éstos finalmente desalojaron la plaza, huyendo hacia Rivas por las aguas del Lago.

El mismo día, 27 de noviembre de 1856, las fuerzas legítimas ingresan a la ciudad, la cual está reducida a cenizas. Granada es conocida desde entonces como "La Ciudad Mártir".

En marzo de 1857, Walker y sus piratas aún están en Rivas. En el poblado de San Jorge, inmediato a Rivas, donde los ejércitos aliados tenían su Cuartel General. El 16 de marzo, Walker dirigió un fuerte ataque que duró todo el día. Este ataque produjo graves pérdidas a los filibusteros, quienes al ser perseguidos en su huida, dieron lugar para que el general aliado Máximo Jerez llegara hasta la Hacienda "Las cuatro esquinas", y desde allí amenazara directamente la plaza de Rivas.

El 18 del mismo mes llegó a San Jorge la Tercera División costarricense al mando del General Joaquín Mora, uniéndose a los Aliados; quien posteriormente fue elegido Comandante en Jefe de las tropas centroamericanas.

El 1 de abril de 1857, la plaza de Rivas estaba sitiada. El general Chamorro se posicionó en San Esteban y el general Florencio Xatruch, en La Puebla, a orillas de la Plaza, cortando toda comunicación al enemigo.

El 8 de abril de ese año, el gobierno salvadoreño ordenó salir hacia el Teatro de Guerra a una División conformada por 1,000 hombres bajo el mando del general Gerardo Barrios, quien al llegar, se puso a la orden del general Mora.

El 11 de abril hubo un ataque contra la ciudad; Walker resistió, pero con la pérdida de San Juan del Sur, se debilitó mortalmente.

El 27 de abril, el Comandante en Jefe de los Aliados permitió que las mujeres y niños desalojaran Rivas, a fin de salvarlos del bombardeo; luego, el accionar de la artillería se intensificó.

El 1 de mayo siguiente, un enviado de Walker, el coronel Henningsen, ofreció la capitulación de la plaza y salir para siempre de Centro América, a cambio de que se respetara la vida y hacienda de los nicaragüenses que habían colaborado con ellos; aceptado por los aliados, los filibusteros salieron de Rivas y de territorio centroamericano con rumbo a Panamá, en un vapor que zarpó de San Juan del Sur el mismo día.

El 2 de mayo de 1857, por la mañana, el Ejército Aliado, victorioso, ocupó la ciudad de Rivas, símbolo de la Libertad Centroamericana.

Debemos consignar la valiosa y protagónica participación del heroico Comandante en Jefe de las fuerzas costarricenses que en un primer instante y en el momento más decisivo, enfrentó con valor y arrojo a las fuerzas invasoras de los "filibusteros". Quien siendo salvadoreño murió como costarricense.

Y me estoy refiriendo al señor General JOSÉ MARÍA CAÑAS, militar salvadoreño nacido en Suchitoto, Depto. de Cuscatlán, y que acompañó al perínclito general Francisco Morazán cuando salió al exilio. Cañas se estableció en Costa Rica, convirtiéndola en su segunda patria.

Fue a este acreditado y notable militar salvadoreño, que el presidente costarricense Gral. Juan Rafael Mora confió el mando de los valerosos soldados que se encargaron de lavar el honor de Centro América.

Un dato muy interesante en esta guerra fue, lo que manifiesta el escritor alemán Alfred Neumann, quien en su libro sobre Walker, sostiene que Walker es “el autor de la primera guerra biológica en el mundo” porque la peste del cólera, según este escritor, la desató Walker tirando cadáveres al río que pasaba por Rivas y cuya agua estaban tomando los soldados costarricenses.

Por parte de El Salvador en esta gesta cívica, no es posible pasar sin descubrirse reverente ante la figura del General de Brigada Ramón Belloso, comandante en jefe de los ejércitos de El Salvador y Nicaragua, y héroe de Posoltega, Monte de San Juan y Subtiava, de Quelepa, de Masaya y de Granada.

El Gral. Belloso merece, ciertamente, el recuerdo agradecido de los pueblos del Istmo Centroamericano, y su glorificación se impone por los relevantes servicios que prestó a la causa de la Independencia de Centro América, ante la invasión filibustera de William Walker al usurpar el Gobierno de Nicaragua.

De esta manera se puso fin a la guerra, la cual fue ganada por los centroamericanos y hay que decirlo, que lo que nos permitió dicho triunfo fue, en primer lugar, la expropiación que Walker hiciera al Comodoro Vanderbilt, al quitarle su gran negocio, y este apoyara a una de las fuerzas que combatían a Walker, y segundo, fundamentalmente, el ideal unionista de los Centroamericanos de no permitir que se mancillara la libertad que tanta sangre había costado, a pesar de encontrarse en difícil situación económica para emprender una Campaña Militar.

Años después, faltando a su palabra, el pirata Walker regresó a suelo istmeño el 6 de Agosto de 1860, con 91 hombres.

En esta ocasión fue detenido por marineros del buque de guerra inglés "ICARUS", quienes lo hicieron prisionero y lo entregaron a las autoridades hondureñas en Puerto Trujillo. Luego, fue juzgado sumariamente por un Consejo de Guerra, el cual lo encontró culpable de terribles asesinatos y destrucción, por lo que lo sentenció a muerte. El 12 de agosto de ese año, a las ocho de la mañana, el iluso jefe de los filibusteros, con el crucifijo bajo el brazo fue fusilado. Así terminó aquella página humillante pero gloriosa a la vez, de la historia centroamericana; el filibusterismo había caducado para siempre.

Ahora, cuando más de ciento cincuenta años nos separan de aquella paradoja del tiempo, en que las pasiones y los intereses egoístas de los actores extranjeros faltos de visión, no alcanzaron ni alcanzan a corromper los análisis sosegados de quienes escrutamos la historia, y así nos damos cuenta, tal vez ya tarde, de que las heroicas jornadas de personajes como los generales salvadoreños RAMÓN BELLOSO y JOSÉ MARÍA CAÑAS, los guatemaltecos MARIANO y JOSÉ VÍCTOR PAREDES, los costarricenses JUAN RAFAEL y JOSÉ JOAQUÍN MORA, los hondureños SANTOS GUARDIOLA, FLORENCIO Y PEDRO XATRUCH, los nicaragüenses MAXIMO JEREZ, PATRICIO RIVAS, JOSE MARÍA Y JOSÉ DOLORES ESTRADA, PONCIANO CORRAL, MATEO MAYORGA y MARIANO SALAZAR, deben recibir, serenamente, el reconocimiento de las presentes generaciones, considerando sus batallas como las últimas ansias de esplendidez de una llama que ardió en el alma misma de quienes nos legaron la Libertad y la Gloria, y que arderá por siempre en la memoria de los pueblos de la Patria Grande¡ !!

La Guerra Nacional Centroamericana, debe llenar el espíritu de los recuerdos y provocar más pasión entre los centroamericanos y no solo en nuestros hermanos nicaragüenses y costarricenses, no debemos dejar pasar este episodio histórico como algo común y hoy, el Colegio de Altos Estudios, con esta ponencia, está diciéndole a quienes participaron en aquella lucha: “Descansen en Paz y en la parte más elevada de nuestras conciencias; sois Héroes Nacionales, su legado nos guía a mantener vivo el ideal Morazánico y a afirmar la soberanía y defensa del territorio, que tropas filibusteras quisieron usurpar a los pueblos centroamericanos”.

Las Fuerzas Armadas de los países centroamericanos, hacen esfuerzos para atender las necesidades de los ciudadanos, al emplear sus fuerzas militares para auxiliarlos cuando hay desastres naturales, tan comunes en la región, mediante el establecimiento de la Conferencia de las Fuerzas Armadas Centroamericanas (CFAC). Pero esto no es suficiente, debemos construir la Patria Grande que soñaron nuestros predecesores.

Quiero finalizar mi participación con una reflexión de todo gran centroamericano;

“No se puede desconocer que la situación mundial es grave e inquietante y que los días que se avecinan parece que serán más tenebrosos. Frente a tan sombrío panorama, los centroamericanos tenemos que recapacitar muy seriamente sobre la necesidad vital de unirnos antes que sea tarde. Si hace más de 150 años, frente al peligro que enfrentaba uno de los Estados hermanos, comprendimos la conveniencia de aunar nuestros esfuerzos para conjurarlo, con mayor razón tenemos que unirnos ahora, cuando los riesgos que nos amenazan son mucho mayores”.

¡VIVA CENTRO AMÉRICA HOY Y SIEMPRE!!



[1] El 8 de junio de 1823, llegaron a Boston, Massachusetts, EE.UU., los delegados salvadoreños Tte. Cnel. Rafael Castillo, Cnel. Manuel José Arce, Juan Manuel Rodríguez y Tte. Cayetano Bedoya, a solicitar a las autoridades de aquella nación, la incorporación de El Salvador a la Unión Norte Americana. Pág. 341. Diccionario Histórico-Enciclopédico de la República de El Salvador. Tomo I. García, Miguel Ángel.

[2] Quimera: utopía, ilusión, fantasía.

[3] Filibustero; sinónimo Pirata, Nombre que se dio a los Corsarios de las mares americanas en los siglos XVII y XVIII. Corsario: dícese de la embarcación armada en CORSO (De Corsega) y del que la manda.

[4] General José María Cañas: Vida y Legado, pág.18, autor: Lic. Alberto Cañas Escalante. San José, Costa Rica.