martes, 23 de agosto de 2011

DIA DEL EJERCITO SALVADOREÑO









La Legión de la Libertad del Estado de El Salvador, nombre con el que fue creado el Ejército, hoy Fuerza Armada, en la primera Constitución de la República; fue fundada el 07 de mayo de 1824, a iniciativa del Prócer General Manuel José Arce. El Congreso Constituyente de la época, reconoce a éste como su ilustre fundador.






El ejército es creado, con toda justicia, con elementos valiosos que participaron en los combates del Espinal, Concepción Ramírez, barrio del Calvario y Santa Lucía, Chinameca, Guazapa, San José del Guayabal y Ayutuxtepeque- Mejicanos, inmortales acciones de armas en que jefes, oficiales, soldados y civiles salvadoreños, supieron acreditar ante la historia que "la milicia no es más que una religión de hombres de honor"[1]. Además, porque desde su fundación está constituida con el arrojo, el heroísmo y el sacrificio de aquellos extraordinarios soldados. Héroes, que en el desarrollo de la guerra borraron para siempre los intereses mezquinos de un Imperio edificado sobre falsos cimientos, asegurando con su sangre, a México y Centro América, su forma de gobierno republicano, democrático y representativo.






Desde la primera Constitución del Estado de El Salvador, los constituyentes visualizan, el 12 de junio de 1824, las cualidades con que deben estar investidos quienes van a defender la patria; en el Art. 9.- reza: “Sí la República y el Estado protegen con leyes sabias y justas la libertad, la propiedad y la igualdad de todos los Salvadoreños, éstos deben;... 4º. Servir y sostener la Patria, aún a costa de sus bienes y de su vida, si fuere necesario”.






De igual forma, en esta constitución se usa por primera vez análogamente el término de Fuerza Armada y milicia; Art. 29.- Son atribuciones propias del Congreso;... 5º. Dar las ordenanzas correspondientes a la milicia cívica y disciplinada. 6º. Determinar la fuerza de línea que el Estado necesite con acuerdo del Congreso Federal. 7º. Levantar la Fuerza Armada en tiempo de guerra correspondiente al cupo que el Congreso Federal designe”.






En el devenir de los años la Institución fue cambiando constantemente, adaptando su estructura a los diversos eventos históricos; la creación de las Provincias Unidas de Centro América y las cruentas luchas intestinas del istmo, tales como las guerras federales y centroamericanas. Durante esta época y ante la ausencia de militares de carrera, se produjo la incorporación de oficiales extranjeros: los franceses Raoul, Saget, Pierzon y Jonuma; de Colombia, llegaron Rafael y Guillermo Merino, militares que contribuyeron a organizar de mejor forma nuestra fuerza de defensa.






Una vez finalizada la Federación Centroamericana, el gobierno de la República de El Salvador, decreta el 6 de febrero de 1841, la reorganización del ejército salvadoreño, de acuerdo con la Recopilación de Leyes del Dr. Isidro Menéndez, Título I, Ley I, Pág. 285:
1.- Brigada de Artillería: Compuesta por un Capitán Comandante, 2 Tenientes Milicianos, 4 Subtenientes, 1 Sargento Primero Veterano, 6 Sargentos Segundos Milicianos, 8 Cabos Primeros Milicianos, 8 Cabos Segundos Milicianos, 37 Soldados Milicianos.






2.- Batallón de Infantería: Compuesto de 400 efectivos, divididos en dos Compañías, con sus correspondientes Jefes, oficiales y Clases.






3.- Escuadrón de Caballería: compuesto por 100 plazas de tropa, divididos en dos Compañías, con sus correspondientes Jefes, Oficiales y Clases, Sargentos y Cabos.






Debe advertirse que en esta época, la organización militar se constituía solo en tiempos de crisis, de forma temporal, para evitar una carga al erario nacional de manera permanente, por lo cual, concluido el conflicto los milicianos regresaban a sus labores agrícolas y domésticas.






La participación del ejército salvadoreño en la Campaña contra el filibustero William Walker (1856-1857), en Nicaragua, es una muestra de la movilización de tropas para enfrentar una guerra. Este acontecimiento amenazó y puso en peligro la soberanía e independencia de Centro América; de manera que los países centroamericanos se unieron para luchar y eliminar tan grande amenaza, destacándose como Comandante en Jefe de los ejércitos el General Don Ramón Belloso.






Años después, durante la administración presidencial del General Miguel Santín del Castillo, el Congreso de la República emitió el decreto sin número, del 18 de febrero de 1858, por medio del cual se creó el Ministerio de Hacienda y Guerra, que asumió, dentro del Ejecutivo, la responsabilidad de administrar la institución armada.






Otro cambio importante lo constituye el realizado durante el gobierno del Capitán General Gerardo Barrios, quien transforma la institución, de un ejército empírico a un ejército profesional. Varios gobernantes también tuvieron el propósito de mejorar la preparación del ejército, pero fue el presidente Capitán General Gerardo Barrios, quien hizo venir a nuestro país una Misión Militar de instructores procedentes de Francia para modernizar el Ejército. La misión también incluyó instructores para la educación superior de la juventud civil salvadoreña.






En 1872, de nuevo se hacen reformas a la Constitución, y se introducen modificaciones como: conferir al Presidente de la República, la condición de Comandante General del Ejército, de acuerdo al Art. 89, sección 5ª. Además, se utilizan en forma análoga los títulos de Ejército Nacional y Fuerza Armada, para referirse a la Institución Militar. Por otra parte, se estableció que el Ejército de la República de El Salvador se componía de la milicia y la marina. El número de sus efectivos sería de 6 mil hombres, y el pie de fuerza permanente en tiempo de paz, se fijaría anualmente por la legislatura (Art. 122).






Un cambio trascendental se va a dar durante la Administración Presidencial del General Tomás Regalado, quien hace venir a nuestro país a finales del Siglo XIX e inicios del Siglo XX, diversas misiones militares de Francia, España, Colombia y Chile, “quienes vienen como instructores militares, asesores de los oficiales salvadoreños en la reorganización del ejército, y por supuesto para editar manuales de armas y tácticas militares. Dentro de estas misiones militares destaca la Chile, que esta constituida por cinco excelentes oficiales, quienes se pueden considerar, con toda legitimidad, como los organizadores y forjadores de la Fuerza Armada del siglo XX, ellos fueron”:






Capitán Juan Pablo Bennett Argandoña (Artillería)
Teniente Francisco Lagreze Frick (Artillería)
Teniente Julio Salinas Alarcón (Infantería)
Teniente Armando Llanos Calderón (Caballería)
Teniente Carlos Ibáñez del Campo (Caballería)






La institución militar, para el año 1904 se componía de cuatro Armas: Infantería, Caballería, Artillería, Ingenieros y Tropas Auxiliares, dividido a su vez en tres categorías: Ejército Activo, Ejército Disponible y Ejército de Reserva. Su organización se basada en Compañías, Batallones, Regimientos, Brigadas, Divisiones y Ejército. El mando supremo del Ejército conforme a la Constitución de ese tiempo, residía en el Presidente de la República.






En el año de 1906, sucede la primera guerra de El Salvador en el siglo XX, entre El Salvador y Guatemala, en donde fallece heroicamente al frente de sus tropas el osado General Tomás Regalado, jefe del ejército, el día 11 de julio de ese año.
Un año después en 1907 se produce la Guerra entre El Salvador y Honduras contra Nicaragua.






El interés de los gobernantes de profesionalizar a sus ejércitos no tiene pausas; durante el gobierno del Doctor Manuel Enrique Araujo, y a iniciativa del General José María Peralta Lagos, se contrata de nuevo una misión española; la cual va crear la Guardia Nacional, con organización y funciones similares a la Guardia Civil Española; otra tarea será organizar el Estado Mayor Central del Ejército.






Los cambios en la institución no se detienen y el 23 de diciembre de 1919 por Orden General del Ministerio de Guerra y Marina, No. 20, se organizó el Departamento General de Guerra, en sustitución del Estado Mayor Central del Ejército; de la misma forma, en años sucesivos, a continuación, este Organismo cambió de nombre de acuerdo a las exigencias orgánicas de la Institución Armada en cada época específica.






Del caudillismo del General Tomás Regalado, pasamos al gobierno del General Maximiliano Hernández Martínez, quien realiza una reorganización muy profunda en la institución armada, entre los años 1932-1944
Al promulgarse la nueva Constitución del 20 de enero de 1939, se designó oficialmente el título de EJÉRCITO NACIONAL para la Institución Armada. Este calificativo se mantuvo hasta que el 29 de noviembre de 1945, cuando fue emitida otra Carta Magna, y se denominó al Ejército Nacional como FUERZA ARMADA, lo cual se mantuvo vigente hasta Febrero de 1951.






Al arribar a los años cincuenta, la Institución Armada continuó desarrollándose, poniendo en práctica la nueva doctrina en el entrenamiento de las tropas; las misiones militares norteamericanas eran las que ejercían preponderancia en la asesoría militar requerida.






Los gobernantes de la época, unos más y otros menos, siempre apoyaron a la Fuerza Armada en su proceso de desarrollo. Uno de los gobernantes militares que dio mayor impulso a la tecnificación de la Fuerza Armada fue el Teniente Coronel Oscar Osorio, quien en 1950 contrató una nueva misión militar de Chile con la misión de fundar la Escuela de Guerra, actual Escuela de Comando y Estado Mayor “Doctor Manuel Enrique Araujo”, que ha cumplido con la prioritaria labor de formar los Oficiales de Estado Mayor y los Profesores Militares que todo ejrcito moderno requiere para su cometido constitucional.






Esta misión militar se retiro del país, a fin del año 1957. Asimismo impulsó el desarrollo del arma de artillería, adquiriendo en 1953 el primer material norteamericano de obuses de 105 mm.






El 14 de julio de 1969, fecha memorable en las páginas gloriosas del ejército salvadoreño, da inicio la Guerra de Legítima Defensa contra Honduras. El presidente de la república General Fidel Sánchez Hernández, se vio impelido a esta reinvicación nacional, ante los innumerables atropellos que sufrían nuestros compatriotas en el vecino país, por el simple motivo de ser salvadoreños.






Al segundo día de hostilidades, El Salvador había conquistado 1.600 kilómetros cuadrados de territorio hondureño, incluyendo 12 poblaciones fronterizas.
En menos de cien horas las tropas del ejército salvadoreño habían penetrado más de 20 kilómetros en el Teatro de Operaciones Norte, con dirección a Nueva Ocotepeque, y 20 kilómetros al Este, hacia Choluteca, asegurando el control del territorio fronterizo hondureño, infligiendo un ejemplar castigo a quienes habían promovido y tolerado el genocidio.






Un sentimiento de solidaridad cundió entre los salvadoreños, considerandola justa causa que se defendía. En julio de 1969, centenares de jóvenes, de todas las clases sociales, se presentaron voluntariamente a los cuarteles para ser enlistados y enviados a los frentes de batalla.






La Fuerza Armada enfrentó la crisis militar con más o menos 12,000 efectivos. Debe consignarse que los Batallones de Reservistas, fueron desmovilizados después del 30 de julio de 1969, una vez cumplida su misión en defensa de nuestros compatriotas.






Otro acontecimiento que marco el final del siglo XX, fue la guerra de contra-subversión, en el marco de la Guerra Fría, fenómeno geopolítico al que nuestro país no pudo estar al margen.
Los conflictos sean internos o externos, como hemos podido observar, no son un hecho casual; son producto combinado de factores económicos, políticos y sociales, propicios para la explotación demagógica y propagandística de grupos enemigos del sistema democrático.






Estos elementos utilizaron diferentes banderas y diversas concepciones ideológicas con el fin último de alcanzar el poder político por medios violentos.
Durante la campaña militar conducida entre los años 1980-1992, la Fuerza Armada, para darle cumplimiento al mandato constitucional de mantener la seguridad interna y apoyar el proceso democrático, efectuó cambios dentro de su estructura organizacional; en el ejército, de tres (3) Brigadas de Infantería que existían para el año 1979, al final de 1985 se habían incrementado a seis (6). De igual forma los Destacamentos de Frontera, se convirtieron en Destacamentos Militares, los cuales se establecieron en las cabeceras departamentales. Asimismo se crearon los Batallones de Infantería de Reacción Inmediata (BIRI), que fueron desplegados en todo el territorio nacional, logrando una mayor capacidad de maniobra y poder de fuego.






Para el año 1985, la Fuerza Armada, incremento aun más sus efectivos. Este crecimiento permitió contrarrestar el movimiento insurgente, que había fortalecido sus filas y, de manera ininterrumpida, recibía apoyo internacional político, económico y de carácter bélico.
Con la firma de los Acuerdos de Paz, efectuada en el Castillo de Chapultepec, México D.F., el 16 de enero de 1992, la Institución Armada debió adecuar su estructura orgánica para tiempos de paz. Su reducción incluyó: organización, unidades, personal, material, equipo, instalaciones, estructuras administrativas y de servicio.






En este proceso, se suprimieron los Batallones de Infantería de Reacción Inmediata, de la siguiente manera: BIRI “Atlacatl” el 8 de diciembre de 1992; BIRI “Gral. Manuel José Arce” el 6 de febrero de 1993; BIRI “Gral. Ramón Belloso” el 16 de septiembre de 1992; BIRI “Atonal” el 6 de enero de 1993; y BIRI “Gral. Eusebio Bracamonte” el 15 de agosto de 1992; posteriormente se desmoviliza los Batallones de Infantería Antiterrorista, BIAT.






El Destacamento Militar de Ingenieros, (DMIFA), se convirtió en Comando de Ingenieros de la Fuerza Armada (CIFA), con el objetivo de efectuar trabajos generales de ingeniería de construcción y de combate en todas las especialidades para apoyar a la institución castrense y colaborar en obras de beneficio público.
El Centro de Instrucción de Transmisiones de la Fuerza Armada (CITFA), se reestructuró a partir del 31 de mayo de 1993, para convertirse en el Comando de Apoyo de Transmisiones de la Fuerza Armada (CATFA), a fin de proporcionar el apoyo de telecomunicaciones requerido por todas las unidades operativas y tácticas.






Una vez finalizado con este proceso, el ejército continuo con su rol constitucional de ser garante de la soberanía e integridad territorial, así como coadyuvar en el desarrollo nacional y apoyar a población en caso de emergencia nacional.
Sin embargo, un nuevo fenómeno surgió en el escenario internacional, con motivo de los atentados contra las torres gemelas en Nueva York, EE.UU. el 11 de septiembre de 2001, el cual pone en evidencia la debilidad de los Estados para combatir el terrorismo.






El Salvador, como integrante del sistema de las Naciones Unidas, tuvo que responder al contenido de la Resolución 1373[2] de dicho organismo, en donde se exhorta a todos los Estados a reprimir el terrorismo en todas sus manifestaciones; siendo así, un nuevo cambio se vislumbraba, es decir, la posibilidad de participar en operaciones fuera de las fronteras patrias, en apoyo a otros países que buscan salir adelante después de enfrentar el flagelo del terrorismo internacional.






Fue así como la Asamblea Legislativa desarrolló y amplió lo establecido en el Art. 2 de la Constitución de la República, promulgando a partir de Agosto de 2002, y en el artículo 2 de la Ley de Defensa, donde se enuncian los objetivos, entre los cuales, el Nº 3 dice que la Fuerza Armada deberá: “Contribuir al mantenimiento de la paz y seguridad internacional”.






Congruente con los propósitos antes mencionados, El Salvador decide participar como parte de una Fuerza Multinacional, y el 12 de agosto de 2003, enviando el primer contingente de tropas a Iraq, en apoyo a la reconstrucción de dicho país.
Durante 5 años y medio, tiempo en el cual 3,755 elementos de la Fuerza Armada formaron parte del Batallón Cuscatlán, realizando 353 proyectos de reconstrucción en áreas como salud, educación, potabilización de agua, electricidad, vías de comunicación, higiene sanitaria y agricultura; desarrollaron 191 acciones cívicas, consistentes en donación de víveres, ropa, sillas de ruedas y útiles escolares, beneficiando un aproximado de 7 millones de iraquíes. Este Batallón, estuvo conformado en su mayoría por tropas del ejército, quienes cumplieron su misión con éxito, donde quedó plasmado el profesionalismo del soldado salvadoreño, capacitado e instruido para cumplir cualquier tipo de misión que le sea encomendada.






Como resultado de la exitosa misión cumplida en Iraq, las Naciones Unidas tomo a bien considerar a la Fuerza Armada de El Salvador para que formara parte de la Misión de Fuerzas Interinas de las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL), la cual constituye la primera participación de la Institución Castrense como “Cascos Azules”, enviando para tal fin a 52 miembros, provenientes del ejército, los cuales tienen como misión; realizar labores de vigilancia del alto al fuego, apoyo a las fuerzas armadas libanesas (FAL) en su despliegue al Sur de Líbano, coordinación, asistencia humanitaria y apoyo para el regreso de desplazados. Tarea que se cumple con éxito hasta la fecha.






En nuestro país, el ejército ejecuta tres disposiciones emanadas por el Sr. Presidente de la República y Comandante General de la Fuerza Armada, siendo éstas; apoyar a la Policía Nacional Civil en la lucha contra la delincuencia, para mantener la paz social y la seguridad ciudadana, controlar eficazmente el orden en los centros penitenciarios, y la lucha frontal contra el crimen organizado y el tráfico ilícito en los puntos fronterizos. Todo ello según el Decreto Ejecutivo No. 70, de fecha 30 de octubre de 2009.






La institución militar, también está apoyando a la población civil, coadyuvando con las diferentes instituciones de gobierno, en campañas médicas, de mitigación de riesgos, evacuación y rescate de víctimas de desastres y calamidades públicas.
Son más de 187 años de existencia institucional del Ejército Salvadoreño, que ha realizado una destacada labor a lo largo de toda su existencia, cumpliendo con la misión constitucional de salvaguardar la soberanía nacional, defender el territorio y proteger los sagrados intereses del pueblo salvadoreño.






Por lo tanto, es un imperativo de justicia, que en las efemérides patrias se señale una ocasión de especial dimensión, para rendir tributo de admiración, de afecto y respeto a quienes, como miembros del Ejército, de ayer, de hoy y de siempre han dedicado sus vidas al servicio de la Patria y de sus conciudadanos.
Como digno reconocimiento a su ardua labor, el Ejército Nacional, “RAMA PERMANENTE DE LA FUERZA ARMADA”, que constituye un gran escalón de encuadramiento, preparación y empleo,…según el Titulo IV, Capitulo I, Art.42. de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada de fecha 9 DE JULIO DE 1998, se declara solemnemente esta fecha como el “DIA DEL EJERCITO”.

“LOOR A LOS HEROES QUE NOS LEGARON UNA INSTITUCION PROFESIONAL, APOLITICA Y NO DELIBERANTE, AL SERVICIO DE LA NACIÓN”


Bibliografía:
1- Publicado en “La Gaceta de El Salvador”, No. 87, Tomo VI, 27 de febrero de 1858.
2- Leistenschneider, María y Freddy. GOBERNANTES DE EL SALVADOR.
3- Pág. 109. HISTORIA DE El Salvador. T. II Francisco J. Monterrey Pág. 241.
4- Diario Oficial del 3 de agosto de 1904.
5- Bustamante Maceo, Gregorio. HISTORIA MILITAR DE EL SALVADOR. 2ª. Edición. Imprenta Nacional. El Salvador. 1951. Pág. 99.
6- Entrevista con Sr. Gral. Div. Humberto Corado Figueroa.
7- El Arma de Infantería, y su impacto en las Operaciones. Cnel. Inf.DEM Winston Samayoa Leiva.
[1] Orígenes de La Fuerza Armada, por Jorge Lardé y Larín.
[2] Revista: “DIÁLOGO”. Vol. 13. No. 3. 2003. Pág. 4-5.

1 comentario:

Jose Flores dijo...

Meciento orguloso de aver pertenecido y averdado mi sangre por la democracia de mi pueblo El Salvador y espero que no sea embano toda la de mis hermanos heroes de toda la historia.
Por el derecho al hombre todo sacrifice viva el Salvador viva el primer Batallon Infantes De Marina.